Falta de lógica en la administración sanitaria

“Me jode cuando veo a gente amontonada o de fiesta y sin mascarilla, pero me jode aún más que se olviden de lo que hicimos o que hay políticos que nos usan como a precarios de usar y tirar”, me cuenta María. “Todos mis amigos en la Sanidad son temporales y todos saben que se cierran plantas y camas hospitalarias en verano, que sigue habiendo mucha lista de espera, que hay poco tiempo para atender a los pacientes en los centros de salud o que faltan sanitarios en las residencias, pero no aprendemos. Funcionamos a impulsos”.
https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/heroes-paro_129_6079254.html

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Barreras de la mente

Las Organizaciones humanitarias que trabajan con discapacitados ayudan en la integración social y laboral de estas personas. No sólo luchan contra las barreras físicas y psicológicas que dificultan su movilidad y aceptación social, sino desarrollando la propia autoestima y haciéndoles comprender que su puesto en la sociedad no puede ser ocupado por nadie.
Recoger a un paralítico cerebral en su domicilio, llevarlo a sus clases y al final de la mañana o de la tarde devolverlo a su casa, no es bastante a pesar de la hermosa tarea y del esfuerzo que supone para el voluntario. Se requiere conocer más datos: discapacitación, grado de autonomía y cooperación, sus necesidades académicas y sociales.
Hay que desarrollar la calidad humana del voluntario social, entrenarlo en la habilidad para manejar a los diversos tipos de discapacitados, fomentar su paciencia y hacerle comprender que la constancia es un elemento indispensable en cualquier servicio de voluntariado pero sobre todo en éste del que dependen personas que no viven en un centro especializado sino que nos aguardan cada mañana en el portal de sus casas y no podemos fallarles. Hay que enseñarles también a saber decir no ante caprichos o depresiones que suelen surgir para tratarlos como a seres normales que son pero discapacitados. Hay que huir de la “piedad peligrosa” para no hacerles concebir esperanzas imposibles que los frustrarían.
Los voluntarios sociales que visitan hospitales psiquiátricos y centros que acogen a disminuidos psíquicos profundos se dan cuenta de que los pacientes son mucho más receptivos y sensibles de lo que pensamos. No pueden adoptar la necesaria distancia terapéutica de los profesionales. Son “instrumentos desafinados”, y es preciso tratarlos con mimo, habilidad y paciencia. Y con mucha ternura siempre.
Un discapacitado psíquico supone una alteración en el orden habitual, pero no por eso deja de tener sus modos de expresión y de comunicación. Aunque no funcionen las reglas de la lógica que configuran el pensar racional, podemos servirnos del inefable camino del corazón. La intuición supera los condicionamientos de la razón. En cierto sentido, es un atajo. Esta es la actitud básica y el estado de ánimo que deben presidir nuestra relación con estos enfermos. Tenemos que adaptarnos a su peculiar dimensión del tiempo. Levantarlos, acompañarlos a la ducha, bañarlos con toda la paciencia y alegría del agua tibia con el champú espumoso. Secarlos con suavidad, ayudarlos a vestirse, según la necesidad de cada uno. No pretender quemar etapas. No hay prisas. Si hay algo que no falta en esos centros es el tiempo, esa hoguera en la que nos consumimos. Cada gesto, cada paso es como si formara parte de un rito y no debemos alterarlo. Dejémonos llevar por una suavidad ordenada no exenta de firmeza cuando sea necesario.
En los Centros de acogida a discapacitados psíquicos profundos el aprendizaje es lento, pero la paciencia y la prudencia son fundamentales. Tal vez sea más fácil ponerle un jersey en un minuto aunque él tarde cinco. Pero, entonces, la buena voluntad del voluntario se transforma en descuido que puede destrozar la tarea de meses de paciente repetición de actos dirigidos por un profesional que trabaja a diario con el enfermo, y no sólo en esas horas que el voluntario puede aportar en una labor complementaria a la del profesional. Este servicio puede ser formidable porque aporta algo distinto de la rutina: una alegría, una ternura y una paciencia que no siempre se pueden mantener cuando se trata de un largo aprendizaje.
En nuestro mundo regido por la mente, a menudo se olvidan los pequeños detalles, mientras que en “su” mundo hay que entrar de puntillas, para descubrir allí una riqueza de valores desbordante. Después de una mañana sin desperdicio, emerge siempre una pregunta: “¿Realmente aporto algo?” Uno cree que va a prestar una pequeña ayuda. Sin embargo, no es un intercambio en igualdad de condiciones, pues se recibe mil veces más de lo que se da. Pero es preciso abordar una cuestión que suele plantearse en algún momento de nuestro voluntariado. Es lo que he denominado “la sensación de manos vacías”.
No se trata de que no haga lo suficiente en mi cometido ni mucho menos que sea estéril mi servicio ante tantas experiencias de soledad, de dolor o de injusticia. Al contrario, es el momento de experimentar la propia debilidad y la indigencia de todos los seres y de todas las cosas que anhelan alcanzar su plenitud aunque parezca que se mueren, como el grano de trigo o como la sal o como la levadura. Es la experiencia de la gota de agua que se sabe océano, de la persona que se sabe humanidad y que todo cuanto sucede tiene un profundo sentido. Lo que ocurre es que antes de encontrarnos con el dolor, con la enfermedad, con la injusticia y con la muerte tan sólo nos ocupábamos en sobrevivir, aunque hiciéramos muchas cosas y diéramos muchas vueltas, como Alicia que “corría y corría para estar siempre en el mismo sitio”.
Esa sensación de manos vacías no debe asustarnos ni desanimarnos. Es en esa experiencia de debilidad donde se enraíza la auténtica fortaleza, que siempre es prestada. Una vez asumida esa debilidad, y ante cualquier desfallecimiento uno recuerda al sabio maestro Chuang Tzú “es el suelo quien te ayuda a levantarte”. No pasa nada. Ante todo, mucha calma. A veces, es mejor descansar. Una buena siesta, un paseo, practicar algún deporte o divertirse con los amigos es una excelente terapia para esa fatiga de la experiencia del sufrimiento ajeno.
Por poco que hagamos, si dejáramos de hacerlo quedaría sin hacer eternamente. Otros, miles, millones de personas podrán hacer muchas otras cosas pero si nosotros no damos ese vaso de agua, ese agua quedará sin ser bebida. Lo grande, lo pequeño, lo caro, lo alto, lo bajo… no son más que categorías y apariencias que uno puede transformar con su entrega cuando no se buscan resultados ni se piensa en el mérito. El Patriarca Zen, Bodhidarma, respondió al Emperador de China “tus acciones no tiene mérito porque las realizas pensando en el mérito”. No se trata de empeñarse en hacer el bien, ni siquiera de querer hacerlo: basta con actuar con naturalidad y transparencia. Basta con ser consecuente para superar las barreras de la mente.
José Carlos Gª Fajardo

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Nos alzamos contra esta devastación de la Tierra y de sus gentes

Regresar a los principios fundamentales: ser uno mismo, no hacer daño a nadie, defender y ejercer el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad, “sabernos parte del medio ambiente, “como árbol que camina”, decía Chamalú “lo que le pase a la madre Tierra le pasará a los seres humanos, y a todo cuanto es y existe. La solidaridad, el “saberse” es una dimensión antropológica del ser humano. Re-gresar, con humildad, paciencia y convicción a los elementos substanciales, elementales, constitutivos de todo cuanto es y existe. Dar a cada uno lo suyo,(no a todos por igual, sería suicida, sino lo que precisan para ser ellos mismos, para re-alizarse, disfrutar del derecho a la felicidad, al goce, al placer y al abrazo mientras dura tu entrega no como “trabajo, de tripalium) sino como “dafare”, faena en el sentido prístino. “Saberse”, de sapere, y aceptarse, ser coherente, tratar de no hacer daño a otro, de vir con coherencia “honeste vivere”… honeste es mucho más,,, es honeste vivere, vivir con dignidad, fortaleza= prudencia ¡qué palabra tan hermosa, fuerte, firme, clave de bóveda!… y volver a labrar la tierra, cuidarla, respetarla… “respetar” todo lo que es y existe (que no son sinónimos). El derecho a la búsqueda de la felicidad, a la equidad, a la koinonía no pueden ser opcionales ni insufribles… ser uno mismo, des-envolverse, des-arrollarse, compartir, saberse y amar y dejarse amado (No se ria nadie, hay gente que no cree firmemente en ese derecho consubstancial: saberse, de sapere, buscar, aceptar, dejarse amar… Tenemos derecho a estar aquí… pero hemos caído en el egoísmo, en la codicia (más que avaricia), … en la locura de ignorar/destrozar/ la sofrosine, el kalos kai agafós… el saber escuchar, atreverse a saber y a saberse (sapere audiam)… Ya los griegos lo advertían y cultivaban: conocerse a uno mismo y tratar de ser coherentes… Para no cansaros… atrevernos a querernos, a aceptarnos, a sabernos tal y como “somos” no como “estamos”. Lo más horrible es la ira, la soberbia, la ignorancia de los saberes fundamentales, de la realidad de sabernos queridos y de querernos a nosotros mismos… Sí, así como estamos y recordar que si caemos, ¡y hemos caído! el mismo suelo nos ayudará a levantarnos. Hay espacio para la esperanza, ya no más despreciarnos y caer en la peor de las desgracias: la hybris… la desesperanza. Dicen que los dioses, cuando entendían que había que destrozar a un gobernante soberbio, comenzaban por volverlo loco. Y esta “locura” es lo que nos atenaza, nos aherroja, nos envuelve como capa viscosa de fiuído de araña- Así, como somos y como estamos, no podemos coger nuestras cítaras y ponernos a cantar en el destierro de nuestra realidad más íntima. Llamadme loco (me acojo a Gibrán).. pero al igual que Jeremías cuando “compró un terreno” la víspera del destierro a Babilonia sino como seres humanos que estamos despertando del “sueño” que padecemos como especie, como seres vivos aunque heridos en el hondón del alma… Si nos lo proponemos… nos quitaremos la legañas, nos ducharemos con aguas lustrales, nos apañaremos una tela a la cintura y cantaremos al salir a la faena que nos aguarda. Sí, sí… SOMOS NECESARIOS, tenemos derecho a estar aquí y a vivir como auténticos seres humanos. No confundamos el ruido de las trompetas. No suenan a destrucción, derribo de muros en Jericó o castigo alguno… ¿Por quién? ¿Por imaginarios “dioses” que se desautorizarían y dejarían de ser (si es que algún día fueron, algo más “fantasmatha”) Sí Luis, sí amigos solidarios, si “robadores de momentos (no ladrones…¡Es hora ya ! de alzarnos y de ponernos en camino. Volvamos a leer el Prólogo de Unamuno a La vida de Don Quijote y Sancho. (Lo buscaré y lo cuelgo). Contemplemos lo que podamos del universo, sepámonos convencidos de que somos seres para la vida, para la amistad, para el amor, para levantarnos cuantas veces sea necesario… y pongámonos en camino… Estos babilonios, persas, fariseos, sepulcros blanqueados por fuera… apartaos y disolvéoss. NO OS NECESITAMOS (politicastros perversos, avaros insaciables, NO SOMOS SÍSIFOS ni el resto de los “CONDENADOS” porque no hay dioses capaces de infligir semejantes castigos… Ya oléis a podredumbre, a miseria rapaz, a cieno…
Pero, amigo Luis, amigos RDM, amigos y hermanos…alcémonos, pasemos la palabra y el abrazo, y pongámonos en marcha para reconstruir esta ciudad enfangada… Pasemos la palabra, aplaudamos y abracémonos, pongámonos en marcha porque es posible la esperanza. SI, que pueden los que creen que pueden, porque nadie sabe de lo que es capaz hasta que se pone a hacerlo. AQUI Y AHORA pero no imitemos a Sansón porque pereceríamos todos y estoy convencido de que podremos si creemos que podemos. PASAD LA PALABRA, comencemos por querernos a nosotros mismos, por ser capaces de abrir las alas y volar hasta el lugar donde nacen los vientos. Recordad a la Gran Gaviota: La perfecta velocidad es estar allí… aquí, ahora y siempre. Como decimos entre los Robadores de momentos: Yo sé quien soy y me quiero como soy y no como estamos. Nosotros… SEGUIMOS: ¡PASAD LA PALABRA! Estos buitres emprenderán el vuelo, y si no… haremos de ellos compost, estiércol, substancia… porque las trompetas de los que anuncian el mal… se las tragaran hasta los eggs.
¡Animo! Mañana está en nosotros. Abandonemos esta falsa cadena de bueyes aguijoneados hasta el matadero.
La cifra nás inconmensurable comienza por un número… pues, eso. Despertemos de este desasosegante sueño: Trump, Putin, China, Brasil, estos pobres payasos que diz que nos gobiernan, La Alvarez de Toledo, el infumable Casado (consigo mismo), ese Rufián que no precisa de calificativo, ese “salva patrias que cuando comenzaba a medrsr llevó a la TV a su pisito de Vallecas y sentenció: Así es como debe vivir un obrero” o alguna falacia cuando es capaz él y su esposa, ¡ambos en el Parlamento, de conseguir “un crédito de millones de Euros para comprase una dacha con piscina, césped, jardí japones, casa para personal de servicio, dos coches oficiales con agente de seguridad a bordo y con vigilancia 24 horas al día y a la noche y a la desvergüenza de la dacha infumable que se mercaron ambos a dos…. Y ese Torras “descerebrado” y esos phantasmatas de la extrema derechoa más ramplona y peligrosa: cuando abren la boca para hablar, vomitan. Et tutti quanti que conocemos y vemos parlotear como cotorras enfebrecidas cada vez que abren la boca.¡NO NOS MERECEMOS ESTO!  ¿Pero no se les cae la cara de lepra cuando farfullan en el Parlamento, en los medios, en las covachas de los grandes capitales, en los patios de Monipodio… aunque estén maleados por los que “prestan apartamentos suntuosos…a cambio de??? Produce una gran tristeza verlos hablar, caminar, proponer, decidir engolfados en su hybris, en sus vanidades y en su miseria purulenta. BASTA YA.
¿Acaso no sentís, vosotros, amigos y compañeros, más que una desesperación, hastío o ira… una gran esperanza? Salgamos del lodazal en que han convertido el planeta y la atmósfera… y pongámonos en marcha porque Babel se ha derrumbado y podemos comenzar de nuevo. ¿Cuántos son los años del hombre sobre la Tierra? ¿Sexaginta et si validus est septuaginta… Pues este viejo profesor y periodista que firma, con sus ochenta y tantos años a cuestas, alza su voz contra la escoria que os barbotea y confía plenamente en que podremos alzarnos del cieno en que nos habéis metido y volveremos a trabajar la tierra, a cuidar ríos y mares, a respetar océanos y la atmósfera envenenada en que habéis convertido esta tierra en la que vivimos, nos movemos y somos. Habéis alcanzado el colmo de la degradación y de la miseria.NOSOTROS, los SERES HUMANOS, nos ALZAREMOS DE NUEVO recién salidos de las manos del alfarero. (Oficio noble y bizarro, entre todos el primero, pues en la industria del barro Dios fue el primer alfarero y el ser humano el primer cacharro!)

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Un gato ortodoxo, no heterodoxo

Amigos rdm, hace días que me resisto a compartir un cuento sobre un gato ortodoxo y no heterodoxo. Pero en estos dos últimos días he pensado que lo debo compartir…xq todos los “cuentos” tienen su mensaje, aunque a veces, algunos nos parezcan una simpleza. Ya sabéis que los cuentos provienen de la sabiduría popular y no pertenecen a nadie sino que cada uno “lo cuenta” a su modo y según la audiencia que tiene. Así sucede desde la noche de los tiempos: los auténticos “cuentos” se suscitan o recuerdan y adaptan según las audiencias. Por eso nunca hubo el archifamoso Las mil y una noches. Sino que esa expresión en árabe es como los dichos: “no cabía ni un alfiler”, “de bote en bote”, “estaba la mani a reventar”, “me quedé helado”, “nos dieron las mil y una charlando” “pienso en ti a todas horas” o “no puedo dejar de pensar en ti” o cien mil expresiones en las diversas lenguas.
Los cuentos de los que me ocupo provienen de la sabiduría oriental y desde sus diferentes convicciones: origen hindú, vedanta, círculo polar ártico, chino, japonés, “del desierto”, de tradiciones africanas, judíos, judíos sefardíes y sobre todo judíos enraizados en Europa durante siglos…Lo mismo pasa cuando nos atrevamos a abordar las tradiciones africanas o las de diversas etnias de indios americanos, de gitanos etc etc. Eso sin ir a ese mundo maravilloso de las fábulas, de las leyendas y sobre todo de las grandes … del mundo griego, romano y transformadas desde Adriano por la influencia de los pueblos “bárbaros” (ojo con esta expresión) pero, para gran parte de la sabiduría humana, indo europea, los mitos fabulosos de los griegos… ahí hay un caudal que fascina y sin el cual no se puede uno comprender a sí mismo, ni a la influencia de religiones greco romanas judías mesopotámicas araboislámicas y una profunda sabiduría que circula por nuestras mentes, lenguajes, gestos, dichos, arte universal, dramas inmortales… ¡Jobar que parece que estamos en clase y me he ido del tema!!, ¿recuerdan..”¿dónde estábamos?”
He aquí el “cuento”…”de marras” ¿a ver si sabeis de donde proviene esto de “marras”. Ah y ya sabéis “doxa” no significa más que “opinión”

Gato ortodoxo
Un gato pasó por casualidad junto a una asamblea de perros cuyo líder oraba entusiasmado:
– ¡Hermanos! Recemos juntos, guardemos los ritos y obtendremos del Gran Dios Perro que nos envíe sabrosos y abundantes huesos!
– ¡De gato, si puede ser! , -exclamó un feligrés despistado.
– ¡Impío!, – le espetó el Gran Sacerdote de la Orden de los Perros-. ¡No pongas límites a su misericordia infinita! ¡Él bien sabe lo que tiene que enviarnos y su gloria se manifiesta en la diversidad!
– ¡Amén!, – ladró la Asamblea con fervor.
El gato se alejó de allí, abochornado y lleno de dignidad, diciéndose:
– ¡Estúpidos idólatras, infieles ignorantes, salvajes! ¿Cómo es posible que le recen a ese dios de paganos incivilizados y no al verdadero Gran Dios Gato? ¡Y, encima, le piden huesos en vez de ratones!
Muchos dedos pueden señalar la luna, pero ésta es sólo una.
Al igual que se puede reflejar en mil charcos, ríos y mares, pero sólo es una.
Un divertido ejercicio consiste en abrir la mente y tratar de comprender la diversidad de formas en que se expresa la vida. Acoger sin excluir, mientras acudimos a compartir sus necesidades. A eso se denomina cooperación, “sinergein”, en griego. Sembrar juntos en la misma arada.

José Carlos Gª Fajardo,rdm

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Campana sin badajo

En el famoso monasterio de Saolín había un novicio que destacaba en todas las artes del Camino. Antes del último certamen de espada, convencido de que, una vez más, iba a alzarse con el sutil cendal blanco que le impondría el Abad, se inclinó ante éste y le pidió una campana. Como llevaba tiempo insistiendo en semejante deseo, el Abad lo puso a prueba.
– Si antes del próximo festival logras que todas las dependencias del monasterio estén limpias como la plata, te regalaré la mejor de las campanas.
El novicio se dedicó a limpiar día y noche el monasterio. Subía, bajaba, se tiraba al suelo, gateaba por las columnas para limpiar las bóvedas, limpió las mil y una cristaleras, hasta que se presentó al Abad reclamando su premio. Éste alabó su trabajo y le regaló una campana de plata labrada que el joven discípulo se llevó a su celda. Encendió velas, quemó incienso y se sentó en su jergón para gozar con el sonido de su maravillosa campana. ¡Pero no sonaba, porque no tenía badajo!
– ¡Maestro, me has engañado! He trabajado día y noche limpiando el monasterio y tú me regalas una campana sin badajo, ¿cómo voy a escuchar su sonido?
– No te he engañado, – respondió sonriente el Maestro -. Se acercaban los Juegos en los que competían todos los monasterios y tú descuidabas tu entrenamiento ilusionado con esa dichosa campana para escucharla tú solo en tu celda. Te hice trabajar día y noche subiendo y bajando, cargando pesos, subiendo por las paredes, manteniéndote en equilibrio para alcanzar las más distantes vidrieras. No pensabas en otra cosa. Estabas en perfecta concentración. Por eso alcanzaste los premios para el monasterio.
– Pero ¿cómo hacer sonar una campana sin badajo?
– La campana y el badajo están dentro de ti. Tu felicidad interior, tu concentración y tu alegría son el badajo que hará sonar la campana de plata para deleite de todas las gentes. Lucidez y compasión te pertenecen.
El discípulo se iluminó al instante recogiendo el auténtico premio a su esfuerzo en el camino de la espada. Se postró ante el Maestro comprendiendo que el sonido más hermoso es el que brota de una mente clara y de un corazón generoso.
– Anda, – le dijo alzándolo el Maestro – , Vete en paz y recuerda las palabras del Buda: “Que cada uno de vosotros sea su propio refugio”, para mejor sintonizar con la armonía de los seres y del universo.
José Carlos Gª Fajardo

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Reflexión de un octogenario… activo

Nadie se va del todo. Los seres queridos, los amigos hemos intercambiado muchas veces experiencias, afectos,… todo eso “circula” por un torrente misterioso que llamamos “corazón”, “recuerdo” que a nuestra vez hemos compartido, enriquecido, con otros. Es maravilloso pensar en el velo de la diosa Indra: era de una sutil red que en lugar de nudos llevaba diamantes… ¿Os imagináis? Cada rayo de luz se multiplicaba por sí mismo, resto es, según su naturaleza (del mito)….así nosotros nunca moriremos del todo… una frase, un abrazo, una sonrisa, una metedura de pata… eso que llaman alma o “¿otra vida? . Perdone que aproveche la oportunidad de recordar a Sócrates en su lecho de muerte después de beber la cuenta (lo cuenta Platón en El Fedón) acerca de creía en otra vida después de la muerte:”No me preocupa nada, amigo, o hay algo o no hay nada. Si hubiera algo bien me habrá valido lo que haya hecho en favor de la justicia, de la amistad, de los habitantes de la polis… Y si “no hubiera nada”, pues respondo lo mismo: He hecho lo que he querido o podido. Me han acusado de corromper a la juventud por enseñarles a pensar y a hacerse preguntas; y tb me “condenan” porque dicen que no creo en los dioses… (Hay que joderse, esto no lo dijo Sócrates, pero me invita a explayarme cada vez que me tocaba explicarlo en mis clases… o lo hacía yo venir a cuenta cuando me parecía oportuno. La vida sólo se merece compartiéndola… todo.. con los demás, con los cielos y los mares y los ríos y los montes y los valles… y con uno mismo sabiendo disfrutar… cuando procede, y arrimando ambos brazos para acoger y seguir adelante porque la “meta” es el camino. No creáis que el tema es baladí, a mis 83 años y en activo… cada vez me “preocupan” menos los dioses, el más allá… o lo que sea. ¡Sírvase usted mismo, capitán. Oh mi capitán! Es aquí y ahora y la cadena de abrazos, de afectos, de vivencias, de errores, de lo que sea que hayamos compartido si todo, al final, pudiera resumirse en un !Nadie me pidió permiso para nacer; no se le ocurrirá ahora hacer tonterías! Y como dicen en mi tierra gallega: “puede que sí, puede que no, lo más probable es, a lo mejor, ¿quién sabe?” Un abrazo a todos… amigos; nosotros… seguimos.
José Carlos Gª Fajardo

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Nadie sabe de lo que es capaz hasta que se pone a hacerlo

Este texto pertenece a la serie Remembranzas

Unas palabras del Fundador de Solidarios

Todos sabéis que nuestro servicio social comenzó ayudando a transportar, desde sus casas a las diversas Facultades de nuestra Universidad Complutense de Madrid, a alumnos con alguna seria discapacidad motora. Otros alumnos, formados por nosotros aprovechando los Seminarios de mi asignatura y después, de todo el campus, al comprobar el gran servicio humano que pusimos en marcha y con la información de este servicio se extendió a todas las Facultades y Centros de la UCM, por orden del Rector Villapalos, para animarlos a que fueran solidarios aportando estos datos: Nombre, domicilio y el horario que tenían, de mañana o tarde, en su Facultad o Ingeniería y si tenían un medio de locomoción para recoger en sus casas a otros alumnos con esa discapacidad motora. Por la parte de atrás de este escrito, la diríamos a quienes necesitasen este servicio que nos dieran los mismos datos para cruzarlos con los de los voluntarios. Recordad, entonces no disponíamos de PC y los hacíamos en grandes encerados. Pero lo conseguimos.

Al mismo tiempo que asumíamos otros servicios en Cottolengos, hospitales, personas mayores que vivían solas, y como oferta de voluntarios sociales bien formados, a otras ONG serias y responsables que eran expertas en otros servicios.

Entonces, un día sonó mi teléfono y un antiguo alumno mío me decía que ingresaba en un Centro Penitenciario para cumplir una larga condena en el viejo CP de Segovia: “No me falle, Profesor”. No sabemos cómo sucedió, pero, al cabo de 15 días, un sábado temprano ya estábamos dentro de la prisión, acompañado por un par de “voluntarios solidarios” dentro del CP, viejo, frío y desalmado a sábados visitando a quien había pedido que no les fallásemos. “Si tú me dices ven, lo dejo todo”, canta el bolero. Para nosotros, si alguien nos pide ayuda está claro que nos necesita, a nosotros nominalmente, porque no lo piden al “lucero del alba”. Todavía hay gente que “espera” y “espera” … que “alguien” le pida ayuda no sé por qué medio de mensaje. Mientras no “escuchan” el formidable grito de que alguien me/nos necesita.

Han pasado unos 40 años y yo vivo jubilado, pero Profesar Eméritus y voluntario en la ONG, trabajando sin cesar, pero al ritmo de los 82 años cumplidos. No me aburro nunca. Ahora llevo meses, con ayuda de veteranos voluntarios que me recogen para acudir cada semana al CP de Sito del Real, porque ya no puedo conducir, pero desarrollando un Proyecto que, desde hace años me obsesiona, y que en parte estábamos haciendo en los CP que la ONG visita cada semana en varios CP de Madrid y en los de otras provincias: Sevilla, Granada, Murcia etc.

Cosas que pasan: comencé en una cárcel y empleo mis días, relaciones, contactos etc. en poner en marcha este proyecto: Que, en todas las cárceles de España, para empezar, y de acuerdo con los diferentes módulos, niveles y necesidades de los CP… Bibliotecas de seis a diez mil libros: novela, poesía, historia, psicología, biografías, libros de viajes, teatro, arte, obras de Premios Nobeles y de los Premios de mayor calidad y categoría. Bien organizados, catalogados y con un servicio por los diversos módulos o celdas semanal. Pero en algunos módulos ya tenemos en marcha seleccionadas bibliotecas con miles de libros. Por eso me siento ocupado, contento y con un desafío esperando la formación del nuevo Gobierno y ya contactando a “enlaces” para que la Dirección Gral. de Prisiones nos siga ayudando en el transporte, pero ahora para toda España.

¿Cómo obtenemos esos miles y miles de libros? Pues de jubilados y viejos profesores que no saben qué mejor destino darles a unas personas que lo que tienen es tiempo y nosotros cuidamos el buen funcionamiento que lo mantenga, cuando yo ya no esté. Ah, y si alguien os dice que es una locura… sonreíd y seguid adelante. Llevamos décadas escuchando cosas semejantes. “Pueden, quienes creen que pueden”. “Lo hicieron porque no sabían que era imposible”. “Nadie sabe de lo que es capaz, hasta que se pone a hacerlo”. Y en la última sábana que colgó durante años en nuestra facultad, “Si nadie nos tiene que mandar, ¿a qué esperamos?”. Esta es la historia auténtica de nuestros anhelos, esfuerzos, dificultades y éxitos.

José Carlos Gª Fajardo,
voluntario y fundador de Solidarios para el Desarrollo. ¡Pasad la palabra! Nadie sabe de lo que es capaz hasta que se pone a hacelo

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Crimen sin huella

“Pregunté a los hombres:
– “¿Qué lleváis envuelto en ese fardo?, hermanos?
Y ellos me comentaron:
– ” Llevamos un cadáver, hermano”
Así que les pregunté:
– “¿Lo mataron o murió de muerte natural?”
– “Eso que preguntas tiene difícil respuesta, hermano, pero más bien parece haber sido un asesinato”
– “¿Y cómo fue el asesinato? ¿A cuchillo o con bala, hermanos?, – les pregunté -.
– “No fue ni un cuchillo ni una bala: ha sido un crimen mucho más perfecto, que no deja huella alguna”.
– “Entonces, ¿cómo lo han matado?”, – pregunté y ellos me respondieron con calma:
– “A este hombre lo ha matado el hambre, hermano”.

(Este “cuento” de Josué de Castro sólo pide silencio para la reflexión, sentarse con otros para buscar juntos propuestas alternativas y tomarnos el tiempo para llorar a los asesinados de cada día. Mientras afilamos nuestros machetes. Cada uno el suyo, porque en el principio no fue la palabra, sino la acción. Primero el grito, la palabra vino después.)
José Carlos Gª Fajardo.

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Aprender a nadar

Cuando era joven el Mulá Nasrudín Hodja, héroe de tantos cuentos populares en Oriente Medio y hasta en la lejana Samarcanda, tenía una barca desvencijada que utilizaba para llevar a la gente al otro lado del río.
Un día, su pasajero de turno, un profesor muy quisquilloso, decidió, mientras cruzaban, hacerle una prueba al Mulá para ver cuánto sabía.
– Dime, Nasrudín, ¿cuánto es ocho veces seis?
– No tengo idea, – respondió el Mulá -.
– ¿Cómo escribes “magnificencia”?
– No lo hago, – respondió Nasrudín -.
– ¿No estudiaste nada en la escuela?
– No, – respondió el Maestro -.
– En ese caso, la mitad de tu vida está perdida.
Justo entonces, se desató una tormenta feroz (vaya usted a saber si Nasrudín tuvo algo que ver o si los Cielos quisieron echarle una mano), y el bote comenzó a hundirse.
– Profesor, – dijo Nasrudín -. ¿Alguna vez aprendiste a nadar?
– No, – le respondió -.
– En ese caso, tu vida entera está perdida.
En los planes de estudio insisten en que llenemos nuestra cabeza de conceptos en lugar de ayudarnos a tenerla bien estructurada. Ocho veces seis todavía suman 48, con independencia de dónde vivamos. Pero el concepto de magnificencia puede cambiar si sabemos que, en 1520, cuando los españoles llegaron a Tenochtitlán, Ciudad de México, ésta era diez veces más grande que cualquier ciudad europea.
Ignorar a la otra mitad de la humanidad (las mujeres, los pueblos indígenas, los hambrientos, los que no tienen acceso a la cultura, menospreciar a quienes ni siquiera saben que son personas) no presta la ayuda necesaria para aprender a nadar en las aguas turbulentas de nuestro siglo.

José Carlos Gª Fajardo. Prof Emérito U.C.M.

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NO PODEMOS INHIBIRNOS. ESTABA PLANIFICADO

Causalidad de la pandemia, cualidad de la catástrofe
El principal peligro que enfrentamos es considerar al nuevo coronavirus como un fenómeno aislado, sin historia, sin contexto social, económico, cultural.
Ángel Luis Lara

“No volveremos a la normalidad. La normalidad era el problema”
“No volveremos a la normalidad. La normalidad era el problema”

1.

En octubre de 2016 los lechones de las granjas de la provincia de Guangdong, en el sur de China, comenzaron a enfermar con el virus de la diarrea epidémica porcina (PEDV), un coronavirus que afecta a las células que recubren el intestino delgado de los cerdos. Cuatro meses después, sin embargo, los lechones dejaron de dar positivo por PEDV, pese a que seguían enfermando y muriendo. Tal y como confirmó la investigación, se trataba de un tipo de enfermedad nunca visto antes y al que se bautizó como Síndrome de Diarrea Aguda Porcina (SADS-CoV), provocada por un nuevo coronavirus que mató a 24.000 lechones hasta mayo de 2017, precisamente en la misma región en la que trece años antes se había desatado el brote de neumonía atípica conocida como “SARS”.

En enero de 2017, en pleno desarrollo de la epidemia porcina que asolaba a la región de Guangdong, varios investigadores en virología de Estados Unidos publicaban un estudio en la revista científica “Virus Evolution” que señalaba a los murciélagos como la mayor reserva animal de coronavirus en el mundo. Las conclusiones de la investigación desarrollada en China acerca de la epidemia de Guangdong coincidieron con el estudio estadounidense: el origen del contagio se localizó, precisamente, en la población de murciélagos de la región. ¿Cómo una epidemia porcina había podido ser desatada por los murciélagos? ¿Qué tienen que ver los cerdos con estos pequeños animales alados? La respuesta llegó un año más tarde, cuando un grupo de investigadores e investigadoras chinas publicó un informe en la revista Nature en el que, además de señalar a su país como un foco destacado de la aparición de nuevos virus y enfatizar la alta posibilidad de su transmisión a los seres humanos, apuntaban que el incremento de las macrogranjas de ganado había alterado los nichos de vida de los murciélagos. Además, el estudio puso de manifiesto que la ganadería industrial intensiva ha incrementado las posibilidades de contacto entre la fauna salvaje y el ganado, disparando el riesgo de transmisión de enfermedades originadas por animales salvajes cuyos hábitats se están viendo dramáticamente afectados por la deforestación. Entre los autores de este estudio figura Zhengli Shi, investigadora principal del Instituto de Virología de Wuhan, la ciudad en la que se ha originado el actual COVID-19, cuya cepa es idéntica en un 96% al tipo de coronavirus encontrado en murciélagos a través del análisis genético.

2.

En 2004, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más conocida como FAO por sus siglas en inglés, señalaron el incremento de la demanda de proteína animal y la intensificación de su producción industrial como principales causas de la aparición y propagación de nuevas enfermedades zoonóticas desconocidas, es decir, de nuevas patologías transmitidas por animales a los seres humanos. Dos años antes, la organización por el bienestar de los animales Compassion in World Farming había publicado un interesante informe al respecto. Para su elaboración, la entidad británica utilizó datos del Banco Mundial y de la ONU sobre industria ganadera que fueron cruzados con informes acerca de las enfermedades transmitidas a través del ciclo mundial de producción de alimentos. El estudio concluyó que la llamada “revolución ganadera”, es decir, la imposición del modelo industrial de la ganadería intensiva ligado a las macrogranjas, estaba generando un incremento global de las infecciones resistentes a los antibióticos, así como arruinando a los pequeños granjeros locales y promoviendo el crecimiento de las enfermedades transmitidas a través de los alimentos de origen animal.

En 2005, expertos de la Organización Mundial de la Salud, la Organización Mundial de Sanidad Animal, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos y el Consejo Nacional del Cerdo de dicho país elaboraron un estudio en el que trazaron la historia de la producción ganadera desde el tradicional modelo de pequeñas granjas familiares hasta la imposición de las macro-granjas de confinamiento industrial. Entre sus conclusiones, el informe señaló como uno de los mayores impactos del nuevo modelo de producción agrícola su incidencia en la amplificación y mutación de patógenos, así como el riesgo creciente de diseminación de enfermedades. Además, el estudio apuntaba que la desaparición de los modos tradicionales de ganadería en favor de los sistemas intensivos se estaba produciendo a razón de un 4% anual, sobre todo en Asia, África y Sudamérica.

A pesar de los datos y las llamadas de atención, nada se ha hecho para frenar el desarrollo de la ganadería industrial intensiva. En la actualidad China y Australia concentran el mayor número de macrogranjas del mundo. En el gigante asiático la población de ganado prácticamente se triplicó entre 1980 y 2010. China es el productor ganadero más importante del mundo, concentrando en su territorio el mayor número de “landless systems” (sistemas sin tierra), macroexplotaciones ganaderas en las que se hacinan miles de animales en espacios cerrados. En 1980 solamente un 2,5% del ganado existente en China se criaba en este tipo de granjas, mientras que en 2010 ya abarcaba al 56%.

Como nos recuerda Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (ETC), una organización internacional enfocada en la defensa de la diversidad cultural y ecológica y de los derechos humanos, China es la maquila del mundo. La crisis desatada por la actual pandemia provocada por el COVID-19 no hace más que desnudar su papel en la economía global, particularmente en la producción industrial de alimentos y en el desarrollo de la ganadería intensiva. Sólo la Mudanjiang City Mega Farm, una macrogranja situada en el noreste de China que alberga a cien mil vacas cuya carne y leche se destinan al mercado ruso, es cincuenta veces más grande que la mayor granja de vacuno de la Unión Europea.

3.

Las epidemias son producto de la urbanización. Cuando hace alrededor de cinco mil años los seres humanos comenzaron a agruparse en ciudades con densidad poblacional, las infecciones lograron afectar simultáneamente a grandes cantidades de personas y sus efectos mortales se multiplicaron. El peligro de pandemias como la que nos afecta en la actualidad surgió cuando el proceso de urbanización de la población se hizo global. Si aplicamos este razonamiento a la evolución de la producción ganadera en el mundo las conclusiones son realmente inquietantes. En el espacio de cincuenta años la ganadería industrial ha “urbanizado” una población animal que previamente se distribuía entre pequeñas y medianas granjas familiares. Las condiciones de hacinamiento de dicha población en macro-granjas convierten a cada animal en una suerte de potencial laboratorio de mutaciones víricas susceptible de provocar nuevas enfermedades y epidemias. Esta situación es todavía más inquietante si consideramos que la población global de ganado es casi tres veces más grande que la de seres humanos. En las últimas décadas, algunos de los brotes víricos con mayor impacto se han producido por infecciones que, cruzando la barrera de las especies, han tenido su origen en las explotaciones intensivas de ganadería.

Michael Greger, investigador estadounidense en salud pública y autor del libro Bird Flu: A virus of our own hachting (Gripe aviar: un virus de nuestra propia incubación), explica que antes de la domesticación de pájaros hace unos 2.500 años, la gripe humana seguramente no existía. Del mismo modo, antes de la domesticación del ganado no se tiene constancia de la existencia del sarampión, la viruela y otras infecciones que han afectado a la humanidad desde que aparecieron en corrales y establos en torno al año 8.000 antes de nuestra era. Una vez que las enfermedades saltan la barrera entre especies pueden difundirse entre la población humana provocando trágicas consecuencias, como la pandemia desatada por un virus de gripe aviar en 1918 y que tan sólo en un año acabó con la vida de entre 20 y 40 millones de personas.

Como explica el doctor Greger, las condiciones de insalubridad en las atestadas trincheras durante la Primera Guerra Mundial no sólo figuran entre las variables que causaron una rápida propagación de la enfermedad en 1918, sino que están siendo replicadas hoy en día en muchas de las explotaciones ganaderas que se han multiplicado en los últimos veinte años con el desarrollo de la ganadería industrial intensiva. Billones de pollos, por ejemplo, son criados en estas macrogranjas que funcionan como espacios de hacinamiento susceptibles de generar una tormenta perfecta de carácter vírico. Desde que la ganadería industrial se ha impuesto en el mundo, los anuales de medicina están recogiendo enfermedades antes desconocidas a un ritmo insólito: en los últimos treinta años se han identificado más de treinta nuevos patógenos humanos, la mayoría de ellos virus zoonóticos inéditos como el actual COVID-19.

4.

El biólogo Robert G. Wallace publicó en 2016 un libro importante para trazar la conexión entre las pautas de la producción agropecuaria capitalista y la etiología de las epidemias que se han desatado en las últimas décadas: Big Farms Make Big Flu (Las macrogranjas producen macrogripe). Hace unos días, Wallace concedió una entrevista a la revista alemana Marx21 en la que enfatiza una idea clave: focalizar la acción contra el COVID-19 en el despliegue de medidas de emergencia que no combatan las causas estructurales de la pandemia constituye un error de consecuencias dramáticas. El principal peligro que enfrentamos es considerar al nuevo coronavirus como un fenómeno aislado.

Tal y como explica el biólogo estadounidense, el incremento de los incidentes víricos en nuestro siglo, así como el aumento de su peligrosidad, se ligan directamente con las estrategias de negocio de las corporaciones agropecuarias, responsables de la producción industrial intensiva de proteína animal. Estas corporaciones están tan preocupas por el beneficio económico que asumen como un riesgo rentable la generación y propagación de nuevos virus, externalizando los costes epidemiológicos de sus operaciones a los animales, las personas, los ecosistemas locales, los gobiernos y, tal y como está poniendo de manifiesto la actual pandemia, al propio sistema económico mundial.

Pese a que el origen exacto del COVID-19 no está del todo claro, señalándose como posible causa del brote vírico tanto a los cerdos de las macrogranjas como al consumo de animales salvajes, esta segunda hipótesis no nos aleja de los efectos directos de la producción agropecuaria intensiva. La razón es sencilla: la industria ganadera es responsable de la epidemia de Gripe Porcina Africana (ASF) que asoló las granjas chinas de cerdos el pasado año. Según Christine McCracken, una analista en proteína animal de la multinacional financiera holandesa Rabobank, la producción china de carne de cerdo podría haber caído un 50% al final del año pasado. Considerando que, al menos antes de la epidemia de ASF en 2019, la mitad de los cerdos que existían en el mundo se criaban en China, las consecuencias para la oferta de carne porcina están resultando dramáticas, particularmente en el mercado asiático. Es precisamente esta drástica disminución de la oferta de carne de cerdo la que habría motivado un aumento de la demanda de proteína animal proveniente de la fauna salvaje, una de las especialidades del mercado de la ciudad de Wuhan que algunos investigadores han señalado como el epicentro del brote de COVID-19.

5.

Frédéric Neyrat publicó en 2008 el libro Biopolitique des catastrophes (Biopolítica de las catástrofes), un término con el que define un modo de gestión del riesgo que no pone nunca en cuestión sus causas económicas y antropológicas, precisamente la modalidad de comportamiento de los gobiernos, las élites y una parte significativa de las poblaciones mundiales en relación con la actual pandemia. En la propuesta analítica del filósofo francés, las catástrofes implican una interrupción desastrosa que desborda el supuesto curso normal de la existencia. Pese a su aparente carácter de evento, constituyen procesos en marcha que manifiestan, aquí y ahora, los efectos de algo ya en curso. Como señala el propio Neyrat, una catástrofe siempre sale de alguna parte, ha sido preparada, tiene una historia.

La pandemia que nos asola dibuja con eficacia su condición de catástrofe, entre otras cosas, en el cruce entre epidemiología y economía política. Su punto de partida se ancla directamente en los trágicos efectos de la industrialización capitalista del ciclo alimenticio, particularmente de la producción agropecuaria. Amén de las cualidades biológicas intrínsecas al propio coronavirus, las condiciones de su propagación incluyen el efecto de cuatro décadas de políticas neoliberales que han erosionado dramáticamente las infraestructuras sociales que ayudan a sostener la vida. En esa deriva, los sistemas públicos de salud se han visto particularmente golpeados.

Desde hace días circulan por las redes sociales y los teléfonos móviles testimonios del personal sanitario que está lidiando con la pandemia en los hospitales. Muchos de ellos coinciden en el relato de una condición general catastrófica caracterizada por una dramática falta de recursos y de profesionales sanitarios. Como apunta Neyrat, la catástrofe siempre posee una historicidad y se sujeta a un principio de causalidad. Desde comienzos del presente siglo, diferentes colectivos y redes ciudadanas han estado denunciando un profundo deterioro del sistema público de salud que, a través de una política continuada de descapitalización, ha llevado prácticamente al colapso de la sanidad en España. En la Comunidad de Madrid, territorio particularmente golpeado por el COVID-19, el presupuesto per cápita destinado al sistema sanitario se ha ido reduciendo críticamente en los últimos años, al tiempo que se ha desatado un proceso creciente de privatización. Tanto la atención primaria como los servicios de urgencia de la región se encontraban ya saturados y con graves carencias de recursos antes de la llegada del coronavirus. El neoliberalismo y sus hacedores políticos nos han sembrado tormentas que un microorganismo ha convertido en tempestad.

6.

En medio de la pandemia habrá seguramente quien se afane en la búsqueda de un culpable, ya sea en la piel del chivo expiatorio o en el papel de villano. Se trata, seguramente, de un gesto inconsciente para ponerse a salvo: encontrar a quien atribuir la culpa tranquiliza porque desplaza la responsabilidad. Sin embargo, más que empeñarnos en desenmascarar a un sujeto, resulta más oportuno identificar una forma de subjetivación, es decir, interrogarnos acerca del modo de vida capaz de desatar estragos tan dramáticos como los que hoy nos atraviesan la existencia. Se trata, sin duda, de una pregunta que ni nos salva ni nos reconforta y, mucho menos, nos ofrece un afuera. Básicamente porque ese modo de vida es el nuestro.

Un periodista se aventuraba hace unos días a ofrecer una respuesta acerca del origen del COVID-19: “el coronavirus es una venganza de la naturaleza”. En el fondo no le falta razón. En 1981 Margaret Thatcher dejaba una frase para la posteridad que desvelaba el sentido del proyecto del que participaba: “la economía es el método, el objetivo es cambiar el alma”. La mandataria no engañaba a nadie. Hace tiempo que la razón neoliberal nos ha convertido el capitalismo en estado de naturaleza. La acción de un ser microscópico, sin embargo, no sólo está consiguiendo llegarnos también al alma, además ha abierto una ventana por la que respiramos la evidencia de aquello que no queríamos ver. Con cada cuerpo que toca y enferma, el virus clama porque tracemos la línea de continuidad entre su origen y la cualidad de un modo de vida cada vez más incompatible con la vida misma. En este sentido, por paradójico que resulte, enfrentamos un patógeno dolorosamente virtuoso. Su movilidad etérea va poniendo al descubierto todas las violencias estructurales y las catástrofes cotidianas allí donde se producen, es decir, por todas partes. En el imaginario colectivo comienza a calar una racionalidad de orden bélico: estamos en guerra contra un coronavirus. Tal vez sea más acertado pensar que es una formación social catastrófica la que está en guerra contra nosotros desde hace ya demasiado tiempo.

En el curso de la pandemia, las autoridades políticas y científicas nos señalan a las personas como el agente más decisivo para detener el contagio. Nuestro confinamiento es entendido en estos días como el más vital ejercicio de ciudadanía. Sin embargo, necesitamos ser capaces de llevarlo más lejos. Si el encierro ha congelado la normalidad de nuestras inercias y nuestros automatismos, aprovechemos el tiempo detenido para preguntarnos acerca de ellos. No hay normalidad a la que regresar cuando aquello que habíamos normalizado ayer nos ha llevado a esto que hoy tenemos. El problema que enfrentamos no es sólo el capitalismo en sí, es también el capitalismo en mí. Ojalá el deseo de vivir nos haga capaces de la creatividad y la determinación para construir colectivamente el exorcismo que necesitamos. Eso, inevitablemente, nos toca a la gente común. Por la historia sabemos que los gobernantes y poderosos se afanarán en intentar lo contrario. No dejemos que nos enfrenten, nos enemisten o nos dividan. No permitamos que, amparados una vez más en el lenguaje de la crisis, nos impongan la restauración intacta de la estructura de la propia catástrofe. Pese a que aparentemente el confinamiento nos ha aislado a los unos de los otros, lo estamos viviendo juntos. También en eso el virus se muestra paradójico: nos sitúa en un plano de relativa igualdad. De algún modo, rescata de nuestra desmemoria el concepto de género humano y la noción de bien común. Tal vez los hilos éticos más valiosos con los que comenzar a tejer un modo de vida otro y otra sensibilidad.

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