Cuentos. Un santo discreto y prolifico

Mientras Ting Chang ayudaba a Sergei a calentar el agua que solían llevar en un termo para preparar el té al otro lado del río, se acercó el Maestro acompañado de Tenno que salía del baño y Sergei les dijo – Venerables y Nobles señores, ¿por qué no aprovechamos, mientras se deshacen el cardamomo, la canela, el clavo, algo de pimienta y un toque de jengibre para que el Maestro nos cuente lo que le aconteció al Maestro indio Narada?

– «Aconteció», qué sentencioso estás, Sergei, pero mientras añades una pizca de miel porque esta noche se anuncia fría te lo contaré. ¡Aquí viene el Barredor de Esmeraldas! Ya estamos todos.
– ¡Animo, Maestro!
– Resulta que el sabio indio Narada se dirigía al templo de Vishnú en la montaña y se le hizo de noche en el camino. Lo acogieron con gran respeto un matrimonio muy humilde, pero sin hijos. Al despedirse por la mañana y recibir las bendiciones del sabio Narada, le dijeron con ilusión «Señor, no tenemos hijos, pídele al gran Vishnú que nos conceda alguno para consuelo de nuestra vejez». «Así lo haré», les respondió Narada. En efecto, fue lo primero que le pidió a Vishnú para premiar a aquel matrimonio tan amable con él.
Vishnú le respondió con ese aire taciturno que solía tener por plenilunio «¡No está en los designios del Cielo que esa pareja tenga descendencia! Está en su karma, es su destino». Y, sin más, se envolvió en su túnica y se subió al pedestal.
– Maestro, no te cae muy bien Vishnú, claro que si fuera Shiva…
– Déjame terminar, melón. Pasados unos años, Narada acertó a pasar de nuevo por aquel camino y vio a unos hermosos niños jugando en un jardín que habían construido delante de la casa. El matrimonio salió a saludarlo y Narada les preguntó «¿De quién son esos niños?» «Son nuestros, Señor. Hace cinco años, después de que pasaras tú, llegó un santo mendigo y lo acogimos lo mejor que pudimos. Antes de partir nos bendijo y sin atrevernos a pedirle nada, al cabo de su tiempo, el Señor nos bendijo con estos hijos».
– Vaya con el mendigo.
– Sergei, no seas bruto, se trataba de un santo de los que en India vagan por los caminos. El caso es que cuando Narada estuvo en la presencia de Vishnú le espetó casi antes de postrarse ante él «¿No me habías dicho que el destino de aquel matrimonio era no tener hijos, de acuerdo con su karma? ¡Ahora resulta que tienen dos!» «Mira, Narada, toma asiento y sosiégate. Esto debe haber sido cosa de un santo que pasó por allí. A diferencia de los sabios, los santos pueden cambiar el destino de las gentes».

José Carlos Gª Fajardo. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios

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Abramos los ojos del corazón

A nuestro alrededor, la vida estalla con milagros: un vaso de agua, un rayo de sol, una hoja, una oruga, una flor, risa, gotas de lluvia. Si vive consciente, es fácil ver milagros en todas partes. Cada ser humano es una multiplicidad de milagros. Ojos que ven miles de colores, y formas; oídos que escuchan una abeja volando o un trueno; un cerebro que reflexiona sobre una mota de polvo y sobre  el cosmos entero; un corazón que late en ritmo con los latidos del corazón de todos los seres. Cuando estamos cansados y nos sentimos desanimados por las luchas diarias de la vida, es posible que no notemos estos milagros, pero siempre están ahí «.

 Thich Nhat Hanh

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Un santo mendigo

Mientras Ting Chang ayudaba a Sergei a calentar el agua que solían llevar en un termo para preparar el té al otro lado del río, se acercó el Maestro acompañado de Tenno que salía del baño y Sergei les dijo – Venerables y Nobles señores, ¿por qué no aprovechamos, mientras se deshacen el cardamomo, la canela, el clavo, algo de pimienta y un toque de jengibre para que el Maestro nos cuente lo que le aconteció al Maestro indio Narada?

– «Aconteció», qué sentencioso estás, Sergei, pero mientras añades una pizca de miel porque esta noche se anuncia fría te lo contaré. ¡Aquí viene el Barredor de Esmeraldas! Ya estamos todos.
– ¡Animo, Maestro!
– Resulta que el sabio indio Narada se dirigía al templo de Vishnú en la montaña y se le hizo de noche en el camino. Lo acogieron con gran respeto un matrimonio muy humilde, pero sin hijos. Al despedirse por la mañana y recibir las bendiciones del sabio Narada, le dijeron con ilusión «Señor, no tenemos hijos, pídele al gran Vishnú que nos conceda alguno para consuelo de nuestra vejez». «Así lo haré», les respondió Narada. En efecto, fue lo primero que le pidió a Vishnú para premiar a aquel matrimonio tan amable con él.
Vishnú le respondió con ese aire taciturno que solía tener por plenilunio «¡No está en los designios del Cielo que esa pareja tenga descendencia! Está en su karma, es su destino». Y, sin más, se envolvió en su túnica y se subió al pedestal.
– Maestro, no te cae muy bien Vishnú, claro que si fuera Shiva…
– Déjame terminar, melón. Pasados unos años, Narada acertó a pasar de nuevo por aquel camino y vio a unos hermosos niños jugando en un jardín que habían construido delante de la casa. El matrimonio salió a saludarlo y Narada les preguntó «¿De quién son esos niños?» «Son nuestros, Señor. Hace cinco años, después de que pasaras tú, llegó un santo mendigo y lo acogimos lo mejor que pudimos. Antes de partir nos bendijo y sin atrevernos a pedirle nada, al cabo de su tiempo, el Señor nos bendijo con estos hijos».
– Vaya con el mendigo.
– Sergei, no seas bruto, se trataba de un santo de los que en India vagan por los caminos. El caso es que cuando Narada estuvo en la presencia de Vishnú le espetó casi antes de postrarse ante él «¿No me habías dicho que el destino de aquel matrimonio era no tener hijos, de acuerdo con su karma? ¡Ahora resulta que tienen dos!» «Mira, Narada, toma asiento y sosiégate. Esto debe haber sido cosa de un santo que pasó por allí. A diferencia de los sabios, los santos pueden cambiar el destino de las gentes».

José Carlos Gª Fajardo. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios

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Un santo mendigo

086 Un santo mendigo

Mientras Ting Chang ayudaba a Sergei a calentar el agua que solían llevar en un termo para preparar el té al otro lado del río, se acercó el Maestro acompañado de Tenno que salía del baño y Sergei les dijo – Venerables y Nobles señores, ¿por qué no aprovechamos, mientras se deshacen el cardamomo, la canela, el clavo, algo de pimienta y un toque de jengibre para que el Maestro nos cuente lo que le aconteció al Maestro indio Narada?
– «Aconteció», qué sentencioso estás, Sergei, pero mientras añades una pizca de miel porque esta noche se anuncia fría te lo contaré. ¡Aquí viene el Barredor de Esmeraldas! Ya estamos todos.
– ¡Animo, Maestro!
– Resulta que el sabio indio Narada se dirigía al templo de Vishnú en la montaña y se le hizo de noche en el camino. Lo acogieron con gran respeto un matrimonio muy humilde, pero sin hijos. Al despedirse por la mañana y recibir las bendiciones del sabio Narada, le dijeron con ilusión «Señor, no tenemos hijos, pídele al gran Vishnú que nos conceda alguno para consuelo de nuestra vejez». «Así lo haré», les respondió Narada. En efecto, fue lo primero que le pidió a Vishnú para premiar a aquel matrimonio tan amable con él.
Vishnú le respondió con ese aire taciturno que solía tener por plenilunio «¡No está en los designios del Cielo que esa pareja tenga descendencia! Está en su karma, es su destino». Y, sin más, se envolvió en su túnica y se subió al pedestal.
– Maestro, no te cae muy bien Vishnú, claro que si fuera Shiva…
– Déjame terminar, melón. Pasados unos años, Narada acertó a pasar de nuevo por aquel camino y vio a unos hermosos niños jugando en un jardín que habían construido delante de la casa. El matrimonio salió a saludarlo y Narada les preguntó «¿De quién son esos niños?» «Son nuestros, Señor. Hace cinco años, después de que pasaras tú, llegó un santo mendigo y lo acogimos lo mejor que pudimos. Antes de partir nos bendijo y sin atrevernos a pedirle nada, al cabo de su tiempo, el Señor nos bendijo con estos hijos».
– Vaya con el mendigo.
– Sergei, no seas bruto, se trataba de un santo de los que en India vagan por los caminos. El caso es que cuando Narada estuvo en la presencia de Vishnú le espetó casi antes de postrarse ante él «¿No me habías dicho que el destino de aquel matrimonio era no tener hijos, de acuerdo con su karma? ¡Ahora resulta que tienen dos!» «Mira, Narada, toma asiento y sosiégate. Esto debe haber sido cosa de un santo que pasó por allí. A diferencia de los sabios, los santos pueden cambiar el destino de las gentes».

José Carlos Gª Fajardo. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios

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Cuentos 085 Saber soltar

085 Saber soltar

Una de las asignaturas pendientes en este mundo es aprender a dejarnos querer. Parece más difícil que saber querer, sin posesión ni pertenencia. Ni impedir que el otro crezca ni obstaculizar su vuelo. Ser como alas de un mismo vuelo, o, con la conocida expresión, aprender a mirar juntos en la misma dirección.
– Este cuento está en numerosas tradiciones, dijo el Maestro durante el desayuno de las ricas gachas que Sergei había preparado-. Una corneja había encontrado un sabroso trozo de carne y emprendió el vuelo. Al instante, una bandada de colegas la seguían para disputarle su presa. Por más que la corneja apretaba su vuelo, la bandada de congéneres arreciaba en el suyo formando un estrépito descomunal.
La corneja, sabia por desprendida, soltó su trozo de carne y vio cómo todas las demás se lanzaban en su captura peleándose entre ellas hasta que todas cayeron a un precipicio sin fin, en donde encontraron la muerte.
La corneja sabia, continuó su vuelo, libre y feliz, saboreando la libertad que le había proporcionando su desapego.
– Que cierto es – dijo el Maestro Barrendero -, que mucha gente se hace un lío con la pretendida doctrina budista de renunciar a los deseos. Nunca el Buda dijo semejante tontería, pues sabía que sin deseos no hay posibilidad de vida. Otra cosa es aferrarse a ellos y convertirse en su instrumento.
– No dijeron otra cosa los auténticos maestros que saborearon la amistad, la comida y la bebida, el descanso y la vida entre las gentes – apuntó Tenno -. Hemos hecho de esos maestros personajes acartonados por descarnados. Para poder ser mejor dominados y controlados por los guardianes de todos los templos, en los que obviamente no mora encerrada la divinidad que predican.
– La sabiduría – concluyó el anciano anfitrión -, está en no agarrar ni en dejarse agarrar, en el desprendimiento. Que no es el desapego que pregonaron ciertos ascetas, la total indiferencia. Cuando comemos, comemos; cuando bebemos, bebemos; cuando reímos, reímos. Y así sucesivamente. También es posible que la corneja fuera en lo sucesivo más prudente.

José Carlos Gª Fajardo. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios

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Cuentos. 085 Saber soltar

Una de las asignaturas pendientes en este mundo es aprender a dejarnos querer. Parece más difícil que saber querer, sin posesión ni pertenencia. Ni impedir que el otro crezca ni obstaculizar su vuelo. Ser como alas de un mismo vuelo, o, con la conocida expresión, aprender a mirar juntos en la misma dirección.
– Este cuento está en numerosas tradiciones, dijo el Maestro durante el desayuno de las ricas gachas que Sergei había preparado-. Una corneja había encontrado un sabroso trozo de carne y emprendió el vuelo. Al instante, una bandada de colegas la seguían para disputarle su presa. Por más que la corneja apretaba su vuelo, la bandada de congéneres arreciaba en el suyo formando un estrépito descomunal.
La corneja, sabia por desprendida, soltó su trozo de carne y vio cómo todas las demás se lanzaban en su captura peleándose entre ellas hasta que todas cayeron a un precipicio sin fin, en donde encontraron la muerte.
La corneja sabia, continuó su vuelo, libre y feliz, saboreando la libertad que le había proporcionando su desapego.
– Que cierto es – dijo el Maestro Barrendero -, que mucha gente se hace un lío con la pretendida doctrina budista de renunciar a los deseos. Nunca el Buda dijo semejante tontería, pues sabía que sin deseos no hay posibilidad de vida. Otra cosa es aferrarse a ellos y convertirse en su instrumento.
– No dijeron otra cosa los auténticos maestros que saborearon la amistad, la comida y la bebida, el descanso y la vida entre las gentes – apuntó Tenno -. Hemos hecho de esos maestros personajes acartonados por descarnados. Para poder ser mejor dominados y controlados por los guardianes de todos los templos, en los que obviamente no mora encerrada la divinidad que predican.
– La sabiduría – concluyó el anciano anfitrión -, está en no agarrar ni en dejarse agarrar, en el desprendimiento. Que no es el desapego que pregonaron ciertos ascetas, la total indiferencia. Cuando comemos, comemos; cuando bebemos, bebemos; cuando reímos, reímos. Y así sucesivamente. También es posible que la corneja fuera en lo sucesivo más prudente.

José Carlos Gª Fajardo. Prof. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios

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Hacer ejercicio a cualquier edad

Hay que vencer la pereza. Eres capaz, merece la pena.

Está comprobado que el ejercicio físico es fundamental en el Mantenimiento de la salud.
Todos los expertos y organismos internacionales lo recomiendan muy especialmente a las personas mayores.

Funciona como “Medicina preventiva” y es esencial tanto para prevenir como para tratar diferentes enfermedades, sobre todo las circulatorias y las de corazón.

Son muchas las posibilidades del ejercicio físico. Desde un simpe paseo por parques y calles, hasta cualquier actividad deportiva, siempre que se adapten a nuestra , ¿Qué ejercicio es el más indicado? física y capacidades.

Algunos ejemplos y sugerencias: ¿En qué me beneficia hacer ejercicio? ¿Qué ejercicio es el más beneficioso? ¿Qué otras maneras de hacer ejercicio hay? Consejos para el buen deportista. En compañía… ¡mucho más divertido! Con una buena actitud ¡casi todo es posible!

¿En qué me beneficia hacer ejercicio?

La ciencia ha demostrado que practicar ejercicio es  espacialmente eficaz en seis enfermedades específicas: cardiopatía isquémica, hipertensión, obesidad, diabetes, osteoporosis y las relacionadas con nuestro estado de ánimo con nuestro estado de ánimo: depresión, ansiedad…

Los que lo practican aseguran: “Gano en equilibrio, aumento mi movilidad y prevengo caídas y sus consecuentes fracturas”. “Desde que hago ejercicio, me siento mejor, soy más sociable y he hecho amigos”.

“Mis defensas son mejores ahora, me siento más fuerte, y además, dicen que evito la oxidación, que es causa de envejecimiento”. “Aunque parezca que nada tiene que ver, haciendo ejercicio prevengo problemas de memoria”.

¿Qué ejercicio es el más beneficioso?

Los ejercicios más útiles son los que aumentan mi capacidad respiratoria, los de resistencia, flexibilidad y equilibrio.

Hay que tener paciencia, comenzar despacio e ir aumentando la intensidad poco a poco hasta alcanzar nuestra meta. El paseo es un ejercicio fácil, distraído y completo. Practicado de forma moderada pero constante, mejora el sistema cardiovascular mejora el sistema cardiovascular y la agilidad.

Es recomendable: Caminar diariamente de 30 minutos a una hora. A buen ritmo, sin pausas, eligiendo un trayecto adecuado a nuestro nivel de entrenamiento. Usar ropa cómoda y calzado con buena sujeción, con cordones o velcro, para evitar caídas.

Elegir una actividad amena: visitar amigos, conocer nuestros parajes, coger espárragos, setas… ¡Cualquier excusa es buena!

José Carlos Gª Fajardo. Prof. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios

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Cuentos

084 El baño de los patos

Caminaban el Maestro y Sergei cerca del río contemplando los ánades que se bañaban al atardecer. El Maestro estaba arrebatado ante tanta belleza, elegancia y armonía. Los últimos rayos de sol arrancaban destellos irisados en las plumas azulonas, blancas y verdes de las anátidas que se acicalaban para entregarse al sueño.
– Sergei – le dijo -, así nos debemos preparar para emprender el gran viaje que se inicia con un profundo sueño.
– ¿No temes a la muerte, Maestro?
– ¿Acaso temes tú, Sergei amigo, a la vida que tenías antes de nacer?
– Ni siquiera la recuerdo, ¿cómo voy a temerla o a echarla de menos?
– Así es la muerte que tantos temen. Te voy a contar una historia.
– Mucho te gusta contar cuentos, Maestro, y a tus verdaderos discípulos escucharlos.
– ¿Por qué introduces ese matiz de «verdaderos», joven pícaro? – preguntó sonriendo el Maestro.
– Tú lo sabes, Venerable Señor, y sé que, a veces, te hacen sufrir.
– No soy yo el que llora en su corazón, ¡es mi cuerpo! Y tiene sus derechos, Sergei. ¡Aviados estaríamos si fuéramos insensibles!
– Dime, y perdona mi atrevimiento, Roca Impasible, ¿cómo puedes disfrutar tanto en tu jardín, entusiasmarte con un alcorque bien cuidado o extasiarte ante el baño de los patos, mientras tu corazón ha sido golpeado?
El Maestro sonrió, frunció los labios en un gesto característico y, agarrando a Sergei por el brazo, le dijo:
– Un poderoso monarca tenía un ministro al que respetaba por su sabiduría. Pero un día, mientras el soberano cortaba una fruta, se rebanó el dedo de una mano y gritó lamentándose. Su primer ministro le dijo con gran serenidad, mientras lo atendía: «Será para bien, Majestad».
El rey se dejó llevar por la cólera y mandó encarcelar al ministro. Éste se inclinó con respeto y dijo en voz baja: «Será para bien». Pasaron los meses y un ejército enemigo conquistó el reino. El monarca invasor mandó sacrificar al rey vencido, pero los sacerdotes no pudieron hacerlo porque le faltaba un dedo y el ritual sagrado no permitía ofrecer víctimas imperfectas.
– «¡Pues que sacrifiquen al primer ministro!», ordenó.
– Pero como el ministro estaba en prisión -intervino Sergei-, no pudieron encontrarlo.
– Eso es – prosiguió el Maestro-. Pero sucedió que fuerzas leales, capitaneadas por el hijo del rey, reconquistaron el reino. Entonces, éste se dio cuenta de la sabiduría del ministro que había enviado a prisión y le pidió que volviera a ocupar su puesto. A lo que éste, con toda humildad y decisión, respondió:
– «Es todo tan contingente, Majestad, tan contradictorio e inestable, que he decidido dedicarme a cuidar mi pequeño jardín mientras practico la meditación y la serenidad para vivir en paz y prepararme para el gran viaje»
– ¿Lo has comprendido, verdad, Sergei?
– Bueno, Maestro, estoy algo confuso porque yo, en este caso que te aflige, hubiera invertido los papeles, pero no soy yo quien inventa los cuentos. 
– No, Sergei querido, yo no los invento, tan sólo cuento los que ya existen, y los dejo brotar como el agua que busca su cauce.

José Carlos Gª Fajardo. Prof. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios

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«Nuestra Gorongosa» – Película

Nuestra Gorongosa en PBS

A partir de este mes, HHMI Tangled Bank Studios y la película inspiradora de Gorongosa Media «Our Gorongosa» se pueden ver en las estaciones de televisión públicas de todo el país a través de la Televisión Pública Estadounidense. Consulte los listados locales de su estación de televisión pública para conocer las fechas y horas de transmisión exactas.

«Esperamos que los espectadores de todo Estados Unidos estén tan inspirados como nosotros por las mujeres y niñas que aparecen en esta película», dice Sean B. Carroll, director de HHMI Tangled Bank Studios. «Estos científicos, conservacionistas, educadores y trabajadores de la salud nos recuerdan que las comunidades – de personas y vida silvestre – son notablemente resilientes y pueden prosperar, si se les da una oportunidad».

Lea más aquídata:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAAAAACH5BAEKAAEALAAAAAABAAEAAAICTAEAOw==

El Parque Nacional gorongosa en Mozambique se ha convertido en una de las historias de restauración de vida silvestre más celebradas en África.

Después de un cuarto de siglo de guerra civil y agitación política acabó con más del 95% de la población de grandes mamíferos, una década de protección renovada y conservación cuidadosa ha devuelto el parque del borde del abismo.

Pero para que un parque nacional prospere en el mundo de hoy, proteger a los animales es solo la mitad de la batalla. Gorongosa también ha hecho un poderoso compromiso para levantar a las 200.000 personas, y en particular a las niñas y mujeres, que viven cerca del parque. Esta es una nueva visión para la conservación en el siglo 21, donde las personas y los animales deben coexistir, para el beneficio de todos ellos.

En la película, Dominique Gonçalves, un vibrante ecólogo mozambiqueño que dirige el proyecto de ecología de elefantes gorongosa, comparte las innumerables formas en que Gorongosa está redefiniendo la identidad y el propósito de un parque nacional africano. De su propio trabajo mitigando el conflicto humano/elefante; a clubes comunitarios y programas escolares que empoderan a las niñas para evitar el matrimonio y el embarazo adolescentes; a clínicas de salud y capacitación en nutrición para mujeres embarazadas y familias; Dominique lleva a los espectadores en un viaje revelador que transformará su comprensión de lo que puede ser un parque nacional.

El compromiso de las increíbles mujeres que dirigen estos programas, y la resiliencia de las madres y niñas que se están beneficiando de ellos, hacen que sea una historia inspiradora de fuerza y esperanza. Como explica Dominique, solo este círculo virtuoso de conservación cuidadosa y desarrollo comunitario puede garantizar un futuro positivo para los animales, las personas y el planeta.

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Cuentos. Aprender a nadar

Los comensales celebraron el cuento del anciano y el Maestro Tenno dijo:

– Recuerdo aquel cuento del mulá Nasrudín cuanto era joven. Me ayudó mucho en un cierto período de mi formación. Maestro, cuéntanoslo, de nuevo, aunque parezca que nos repetimos.

– No, Tenno, amigo – respondió con dulzura el anciano -, si alguien encontrara que uno solo de los relatos que cuento me lo había inventado yo, lo pondría en cuarentena. Nadie es dueño de estas historias, ni siquiera de las que cree haberse inventado cuando, en este campo, no somos más que meros amanuenses. Es como si Sergei pretendiera inscribirlos en la oficina de patentes. Tal o cual recopilación podría inscribirse en algún registro de una supuesta sociedad general de autores, pero los cuentos en sí son del que los cuenta.

– O como dijo aquella campesina “Las cosas no son de su dueño sino del que las necesita” – apostilló un Sergei que vacilaba de sueño.

– Pues bien, cuando era joven el mulá Nasrudín Hodja, héroe de tantos cuentos populares en Oriente Medio y hasta en la lejana Samarcanda, tenía una barca desvencijada que utilizaba para llevar a la gente al otro lado del río.
Un día, su pasajero de turno, un profesor muy quisquilloso, decidió, mientras cruzaban, hacerle una prueba al mulá para ver cuánto sabía.
– “Dime, Nasrudín, ¿cuánto es ocho veces seis?
– “No tengo idea – respondió el mulá.
– “¿Cómo escribes «magnificencia»?
– “No lo hago – respondió Nasrudín.
– “¿No estudiaste nada en la escuela?
– “No – respondió el Maestro.
– “En ese caso, la mitad de tu vida está perdida.
– “Justo entonces, se desató una tormenta feroz (vaya usted a saber si Nasrudín tuvo algo que ver o si los Cielos quisieron echarle una mano), y el bote comenzó a hundirse.
– “Profesor – dijo Nasrudín -, ¿alguna vez aprendiste a nadar?
– “No – le respondió.
– “En ese caso, tu vida entera está perdida.

–  En los estudios con los que llenemos nuestra cabeza de conceptos en lugar de ayudarnos a tenerla bien estructurada, ocho veces seis todavía suman 48, con independencia de dónde vivamos. Pero el concepto de magnificencia puede cambiar si sabemos que, en 1520, cuando los españoles llegaron a Tenochtitlán, Ciudad de México, ésta era diez veces más grande que cualquier ciudad europea.
Ignorar a la otra mitad de la humanidad (las mujeres, los pueblos indígenas, los hambrientos, los que no tienen acceso a la cultura, menospreciar a quienes ni siquiera saben que son personas) no presta la ayuda necesaria para aprender a nadar en las aguas turbulentas de nuestro siglo.

Al llegar a ese final, el rostro de Sergei reposaba sobre sus brazos apoyados en la mesa. Todos sonrieron enternecidos mientras el noble Ting Chang lo levantaba en sus poderosos brazos y lo depositaba sobre la piel de gacela que cubría su yacija. Le echó un cobertor por encima y, en ese momento, el reflejo de la luna llena iluminó el rostro del rapaz, mientras el médico comprendía el mensaje. Cuando regresó junto a los maestros se dio cuenta de que ellos también lo habían comprendido y sonreían complacidos mientras ordenaban sus túnicas y permitían al silencio que se adueñase de este “lado del río”.

José Carlos Gª Fajardo. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios

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