Compromiso social responsable y sostenible

La responsabilidad del ser humano consiste en ser feliz. Como no se puede ser feliz a solas, la compasión, la justicia y la solidaridad se erigen como la verdadera religión
 
El voluntariado social encarna una firme esperanza. Se puede vivir sin fe y aún sin la experiencia de amor, pero no se puede sobrevivir sin esperanza.
Otras actividades de voluntariado no suelen estar dominados por la pasión de la justicia – que debe fundamentar la actividad del voluntario social- y corren el riesgo de institucionalizar los efectos al enmascarar las causas. No es otra cosa la solidaridad sino la respuesta ante desigualdades injustas al hacer propias las desgracias ajenas.
Por eso, en nuestros días se plantea con crudeza el tema fundamental de quién debe financiar el voluntariado social. Algunos critican a las asociaciones humanitarias porque aceptan fondos de los ayuntamientos, de comunidades autónomas o de los servicios sociales del Estado para poder desarrollar programas sociales bien planificados y de los que darán cuentas.
Otros censuran que empresas y fundaciones ayuden a sufragar parte de los gastos de esos programas sociales, salvo que se lleven a cabo en países extranjeros como programas de ayuda al desarrollo.
El problema surge cuando las ONG independientes desean desarrollar inaplazables programas de acción social. Algunos puristas sostienen que los voluntarios bastante hacen con su ayuda. ¿Cómo que hacen bastante? Esa no es una actitud solidaria porque no es justa. Es la presunción característica del rico hacia el pobre, del fuerte hacia el débil, del etnocentrista hacia el colonizado.
Los voluntarios llegan a las sedes de las ONG y piden información, folletos y garantías en el servicio. Eligen el que más les gusta y esperan que se les forme para ser eficaces y no meter la pata. Si se trata de desplazamientos, hay que abonarles el transporte y, por Ley, tenemos que suscribir una póliza de seguros que cubra a todos los voluntarios en sus tareas. Nada más justo.
Aparte de unos locales acondicionados, personas que recogen el material, que lo almacenan y que limpian. Los candidatos a voluntarios de hoy pretenden encontrarlo todo hecho.
Pues bien, por culpa de una insoportable educación en la gratuidad y en que todo nos tiene que venir dado, en esta sociedad hedonista y del mínimo esfuerzo, algunos voluntarios pretenden que no tienen que contribuir al costo de esos servicios porque ya ayudan con su trabajo. ¿Cómo vamos a mantener la independencia y autonomía que nos exigen si ellos no cooperan?
Estoy convencido de que los voluntarios sociales que acuden a nuestras sedes en busca de un servicio adecuado a sus preferencias han de contribuir al mantenimiento de la entidad. Para poder participar, para estar bien informados y para contribuir con sus sugerencias.
Es preciso formarlos adecuadamente en que la solidaridad empieza en la misma asociación y con los compañeros del servicio. De lo contrario, es preferible que se vuelvan a la comodidad de sus casas, o a centros que tienen otras financiaciones porque persiguen otros fines, y nosotros volveremos a comenzar desde cero, si es preciso.
José Carlos Gª Fajardo. Profesor Emérito U.C.M
Fundador de Solidarios para el Desarrollo
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El futuro de la humanidad y de la Tierra está ligado a la Amazonía

Brasil, así como otros 9 países están en la Amazonía… pero esto es sólo desde hace unos siglos… La Amazonía pertenece a la Tierra y sin ella no se comprendería. Como tampoco sin los océanos, los polos, las cordilleras, las inmensas llanuras, lo.s ríos y los valles, las nubes y las lluvias, los vientos y las abejas, los animales y las plantas. La Tierra no pertenece al ser humano, éstos pertenecen a la Tierra. Nosotros somos “Tierra” que camina.

Bitácora de José Carlos García Fajardo

El futuro de la humanidad y de la Tierra está ligado a la Amazonía
 
– Leonardo Boff, la Amazonía está viviendo meses dramáticos. De enero a hoy, comparando con 2018, los incendios en la región aumentaron en un 145%. Un número devastador. La comunidad internacional se está movilizando. ¿Cómo clasificaría usted el comportamiento de la comunidad internacional?
 
– La reacción fue muy fuerte y decisiva. El problema es que nuestro presidente no tiene modales civiles, no observa el protocolo oficial que subyace en la relación entre las autoridades. Ha ofendido al presidente francés Macron y a la canciller alemana Merkel. Es una persona mala y estúpida. No entiende nada de nada sobre el Amazonas ni sobre los indios. Quiere ocupar sus reservas naturales para el agronegocio y la minería. Pero cuando el problema toca la billetera, todo cambia. El presidente escuchó que los europeos ya no quieren soja…

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El futuro de la humanidad y de la Tierra está ligado a la Amazonía

El futuro de la humanidad y de la Tierra está ligado a la Amazonía
 
– Leonardo Boff, la Amazonía está viviendo meses dramáticos. De enero a hoy, comparando con 2018, los incendios en la región aumentaron en un 145%. Un número devastador. La comunidad internacional se está movilizando. ¿Cómo clasificaría usted el comportamiento de la comunidad internacional?
 
– La reacción fue muy fuerte y decisiva. El problema es que nuestro presidente no tiene modales civiles, no observa el protocolo oficial que subyace en la relación entre las autoridades. Ha ofendido al presidente francés Macron y a la canciller alemana Merkel. Es una persona mala y estúpida. No entiende nada de nada sobre el Amazonas ni sobre los indios. Quiere ocupar sus reservas naturales para el agronegocio y la minería. Pero cuando el problema toca la billetera, todo cambia. El presidente escuchó que los europeos ya no quieren soja y carne de Brasil, que el tratado comercial entre la Comunidad Europea y el Mercosur no se realizará sin un cambio radical de la política en relación con la Amazonía. Entonces cambió un poco su discurso.
 
– Bolsonaro, desvariando, culpa salvajemente a las ONGs. ¿Cómo están las cosas?
 
– Bolsonaro quiere reinventar Brasil en el marco de un ultraliberalismo radical. El modelo es la edad media religiosa, premoderna y pre iluminada. Prácticamente ha desmantelado todo lo que Lula y Dilma hicieron en beneficio de los pobres. Ahora hay hambre en Brasil. Y el presidente, absolutamente paranoico, sale en televisión para decir que en Brasil no hay hambre. Un millón de familias han pasado de la pobreza a la miseria durante el año pasado y sufren hambre sistemáticamente. Todos los consejos de estado en las diversas esferas de la sociedad han sido abolidos. En resumen: “la era de la estupidez ha entrado en Brasil”. La sociología y la filosofía han sido prohibidas en universidades y otros cursos. Esto es para tener un pueblo que no piensa. Brasil, en esta lógica, puede convertirse en un país de parias, como la India.
 
– Sabemos que en las bases de las políticas locas del gobierno existe la ideología “extractiva”, pero también existe el “soberanismo”, es decir, “el Amazonas es de Brasil”. Esto dice Bolsonaro. ¿Es así, Leonardo?
 
– En este punto, Bolsonaro no tiene cultura ecológica. Creo que incluso los miembros del G7 tienen sólo una cultura ecológica “verde” y no integral.
 
– -He argumentado en varios lugares en estos términos, en el sentido de la nueva visión de la ecología. Desde la perspectiva de los astronautas que ven la Tierra desde fuera de la Tierra, todos dicen: la Tierra y la humanidad forman una sola entidad. No existe el planeta Tierra por un lado y la humanidad por el otro. Ambos forman una sola realidad. El ser humano es la porción inteligente, amorosa y sensible de la Tierra. Somos la Tierra, por eso el “hombre” viene de “humus”, tierra fértil, o “adam” en hebreo, o “tierra” en árabe. Somos más que hijos e hijas de la Madre Tierra… Somos la propia Tierra, que piensa, que ama, que cuida de todas las cosas. Esta es una idea de la mayoría de cosmólogos y astrofísicos.
 
– Otro punto. Vivimos en la nueva fase de la Tierra, el proceso de planetización. Todos estamos en la misma Casa Común. Regresamos del exilio después de millones de años y ahora estamos todos juntos en un solo lugar, en el planeta Tierra.
 
– La Tierra no es de nadie. Es un bien común de toda la humanidad y de toda la comunidad de vida (animales, árboles, microorganismos, etc.). La Amazonía es parte de la Tierra; Brasil no es el señor de la Amazonía. La Amazonía es de toda la Tierra, de toda la humanidad. Brasil posee sólo la gestión de esta parte, y la administra mal y de forma poco responsable. Hoy sabemos que la Amazonía, que abarca 9 países, es fundamental para el equilibrio del planeta, del sistema climático, de la absorción de dióxido de carbono, y además, regula el ciclo de lluvias en el mundo. Esto significa que toda la humanidad tiene una responsabilidad sobre la Amazonía, no es sólo de Brasil. El futuro de la vida en la Tierra se juega en la conservación o destrucción de la Amazonía. No estoy seguro de si los miembros del G7 tienen esta visión “integral” del problema.
 
– Otro punto importante: en estas discusiones nunca se ha hablado de los pueblos indígenas, los habitantes originarios de estas tierras. Conocen el ritmo de la selva, saben cómo preservarla. Son nuestros maestros y doctores, no los científicos que tienen una visión desde afuera. La belleza del documento del Papa Francisco sobre el Sínodo Panamazónico es hacer que los nativos sean los protagonistas principales a fin encontrar soluciones verdaderas y sostenibles para este inmenso bioma (ecosistema).
 
– Más allá de estas ideologías (extractivas y soberanistas), ¿cuáles son las “estructuras injustas” que están devastando la Amazonía?
 
– Esas estructuras son la motosierra, la devastación sistemática de la selva por las maderas valiosas, por la biodiversidad, por elementos importantes para la medicina y especialmente por las “tierras ricas”, elementos fundamentales para la nueva tecnología 5G. Pero el mayor crimen es el exterminio de etnias enteras, la ocupación de sus reservas, la contaminación de los ríos debido a la extracción del oro. Muchos indígenas mueren de enfermedades porque la gente del agronegocio no quiere tratarlos y curarlos.
 
– ¿Qué está haciendo la Iglesia Católica para defender la Amazonía?
 
– La Iglesia Católica es, ciertamente, junto con otras iglesias históricas como los luteranos, una presencia constante y exigente en defensa de los pueblos originarios. Existe el Consejo Misionero Indígena (CIMI), que ha estado trabajando sistemáticamente en la protección de los pueblos indígenas desde hace 30-40 años. El documento del Sínodo Panamazónico hace otro discurso. No se trata de convertir a las culturas sino de evangelizar en las culturas para que pueda surgir una iglesia con rostro indígena. En este sentido, se piensa en la ordenación de sacerdotes indígenas para crear esta nueva forma de iglesia que no sea simplemente una adaptación de las iglesias europeas.
 
– El Papa Francisco ha convocado para el próximo octubre un importante Sínodo sobre la Amazonía. En el muy denso y profundo documento hay una propuesta para promover una “ecología integral” en la Amazonía. ´-
 
– ¿Qué significa esto?
 
– El sínodo es una derivación y aplicación de la encíclica Laudato Si’. Esto significa que debemos respetar este enorme bioma (ecosistema) en los 9 países, en su singularidad, en sus culturas, en sus idiomas. Así como los primeros cristianos hicieron su síntesis de la fe cristiana con la cultura greco-latina, así también la Amazonía deben hacer su camino. Crear realmente una eclesio génesis. No será una iglesia occidental, sino indígena, afrolatinoamericana, con elementos de la tradición europea de la época colonial.
 
– Precisamente en este documento se proponen nuevos caminos pastorales para la Iglesia en la Amazonía. Por ejemplo, hay una parte que puede llevar a una nueva visión de los ministerios. En especial el ministerio ordenado. Los conservadores están atacando este punto. ¿Piensa usted que el Sínodo será capaz de resistir?
 
– El Papa Francisco tiene una enorme libertad interior y valor para abrir nuevos caminos. Yo creo que serán consagrados verdaderos presbíteros indígenas. Apoyo al obispo Erwin Kräutler, amigo del Papa, que defiende también ordenar mujeres. Dice que, en su diócesis –una de las mayores del mundo, a orillas del río Xingú–, las mujeres hacen todo lo que hace un sacerdote. ¿Por qué no permitir también la ordenación presbiteral de las mujeres?
 
– Grandes teólogos como Karl Rahner y Luigi Sartori escribieron que no hay ningún dogma o doctrina que impida dar este paso. Todas las otras iglesias, incluidos los judíos, lo han hecho ya. La iglesia católica romana no puede seguir siendo una isla de patriarcalismo y antifeminismo. El Espíritu insta a la Iglesia a tomar esta decisión, por amor a los pueblos más alejados del mundo.
 
– Última pregunta: el Papa Francisco está dando un giro a la Iglesia en el sentido de la “Iglesia en salida” y de la sinodalidad. Sabemos que los enemigos de Francisco, que no son sólo eclesiásticos, están haciendo todo lo posible para limitar la fuerza de sus reformas. ¿Crees que el camino tomado por Francisco es irreversible?
 
– Creo que el Papa Francisco ha inaugurado una nueva genealogía de papas de fuera del antiguo cristianismo europeo, donde vive sólo el 25% de los católicos. Nosotros en las Américas somos el 64%. Los otros están en África y Asia. Ha llegado el momento, en mi opinión, de que el camino del cristianismo en el mundo globalizado se haga a partir de estas nuevas iglesias, que tienen ya su madurez, su teología y su liturgia. Los que están en contra del Papa y el Sínodo son todos “herejes”, en el sentido original de la teología. La herejía no fue inicialmente una cuestión de doctrina sino de unidad de la Iglesia. Los que están en contra del Sínodo y del Papa Francisco rompen esta unidad. Son realmente herejes en el sentido verdadero y original de la palabra.
 
José Carlos Gª Fajardo, Emérito U.C.M. por la transcripción
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La responsabilidad del ser humano es ser feliz

La responsabilidad del ser humano consiste en ser feliz. Como no se puede ser feliz a solas, la compasión, la justicia y la solidaridad se erigen como la verdadera religión

El voluntariado social encarna una firme esperanza. Se puede vivir sin fe y aún sin la experiencia de amor, pero no se puede sobrevivir sin esperanza.
Otras actividades de voluntariado no suelen estar dominados por la pasión de la justicia – que debe fundamentar la actividad del voluntario social- y corren el riesgo de institucionalizar los efectos al enmascarar las causas. No es otra cosa la solidaridad sino la respuesta ante desigualdades injustas al hacer propias las desgracias ajenas.
Por eso, en nuestros días se plantea con crudeza el tema fundamental de quién debe financiar el voluntariado social. Algunos critican a las asociaciones humanitarias porque aceptan fondos de los ayuntamientos, de comunidades autónomas o de los servicios sociales del Estado para poder desarrollar programas sociales bien planificados y de los que darán cuentas.
Otros censuran que empresas y fundaciones ayuden a sufragar parte de los gastos de esos programas sociales, salvo que se lleven a cabo en países extranjeros como programas de ayuda al desarrollo.
El problema surge cuando las ONG independientes desean desarrollar inaplazables programas de acción social. Algunos puristas sostienen que los voluntarios bastante hacen con su ayuda. ¿Cómo que hacen bastante? Esa no es una actitud solidaria porque no es justa. Es la presunción característica del rico hacia el pobre, del fuerte hacia el débil, del etnocentrista hacia el colonizado.
Los voluntarios llegan a las sedes de las ONG y piden información, folletos y garantías en el servicio. Eligen el que más les gusta y esperan que se les forme para ser eficaces y no meter la pata. Si se trata de desplazamientos, hay que abonarles el transporte y, por Ley, tenemos que suscribir una póliza de seguros que cubra a todos los voluntarios en sus tareas. Nada más justo.
Aparte de unos locales acondicionados, personas que recogen el material, que lo almacenan y que limpian. Los candidatos a voluntarios de hoy pretenden encontrarlo todo hecho.
Pues bien, por culpa de una insoportable educación en la gratuidad y en que todo nos tiene que venir dado, en esta sociedad hedonista y del mínimo esfuerzo, algunos voluntarios pretenden que no tienen que contribuir al costo de esos servicios porque ya ayudan con su trabajo. ¿Cómo vamos a mantener la independencia y autonomía que nos exigen si ellos no cooperan?
Estoy convencido de que los voluntarios sociales que acuden a nuestras sedes en busca de un servicio adecuado a sus preferencias han de contribuir al mantenimiento de la entidad. Para poder participar, para estar bien informados y para contribuir con sus sugerencias.
Es preciso formarlos adecuadamente en que la solidaridad empieza en la misma asociación y con los compañeros del servicio. De lo contrario, es preferible que se vuelvan a la comodidad de sus casas, o a centros que tienen otras financiaciones porque persiguen otros fines, y nosotros volveremos a comenzar desde cero, si es preciso.
José Carlos Gª Fajardo, Emérito U.C.M.
Fundador de la ONG Solidarios

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Compromiso responsable

¿Por qué los voluntarios no han de contribuir con una mínima cuota de SEIS E al mes, un euro y medio a la semana… a los gastos dela Organización Solidaria: alquileres, sueldos, teléfonos, luz, agua, material etc? Luego se quejan y denuncian que tantos proyecto s tengan que ser subvencionados por el Estado, Empresas etc etc.

La nefasta educación en la ‘gratuidad’ y del mínimo esfuerzo ha de arrancarse del voluntariado social.

 

El voluntariado social encarna una firme esperanza. Se puede vivir sin fe y aún sin la experiencia de amor, pero no se puede sobrevivir sin esperanza.

Otras actividades de voluntariado no suelen estar dominados por la pasión de la justicia – que debe fundamentar la actividad del voluntario social- y corren el riesgo de institucionalizar los efectos al enmascarar las causas. No es otra cosa la solidaridad sino la respuesta ante desigualdades injustas al hacer propias las desgracias ajenas.

Por eso, en nuestros días se plantea con crudeza el tema fundamental de quién debe financiar el voluntariado social. Algunos critican a las asociaciones humanitarias porque aceptan fondos de los ayuntamientos, de comunidades autónomas o de los servicios sociales del Estado para poder desarrollar programas sociales bien planificados y de los que darán cuentas.

Otros censuran que empresas y fundaciones ayuden a sufragar parte de los gastos de esos programas sociales, salvo que se lleven a cabo en países extranjeros como programas de ayuda al desarrollo.

El problema surge cuando las ONG independientes desean desarrollar inaplazables programas de acción social. Algunos puristas sostienen que los voluntarios bastante hacen con su ayuda. ¿Cómo que hacen bastante? Esa no es una actitud solidaria porque no es justa. Es la presunción característica del rico hacia el pobre, del fuerte hacia el débil, del etnocentrista hacia el colonizado.

Los voluntarios llegan a las sedes de las ONG y piden información, folletos y garantías en el servicio. Eligen el que más les gusta y esperan que se les forme para ser eficaces y no meter la pata. Si se trata de desplazamientos, hay que abonarles el transporte y, por Ley, tenemos que suscribir una póliza de seguros que cubra a todos los voluntarios en sus tareas. Nada más justo.

Aparte de unos locales acondicionados, personas que recogen el material, que lo almacenan y que limpian. Los candidatos a voluntarios de hoy pretenden encontrarlo todo hecho.

Pues bien, por culpa de una insoportable educación en la gratuidad y en que todo nos tiene que venir dado, en esta sociedad hedonista y del mínimo esfuerzo, algunos voluntarios pretenden que no tienen que contribuir al costo de esos servicios porque ya ayudan con su trabajo. ¿Cómo vamos a mantener la independencia y autonomía que nos exigen si ellos no cooperan?

Estoy convencido de que los voluntarios sociales que acuden a nuestras sedes en busca de un servicio adecuado a sus preferencias han de contribuir al mantenimiento de la entidad. Para poder participar, para estar bien informados y para contribuir con sus sugerencias.

Es preciso formarlos adecuadamente en que la solidaridad empieza en la misma asociación y con los compañeros del servicio. De lo contrario, es preferible que se vuelvan a la comodidad de sus casas, o a centros que tienen otras financiaciones porque persiguen otros fines, y nosotros volveremos a comenzar desde cero, si es preciso.

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Más allá de la compasión

No podemos convertir al voluntario social en cómplice de las estructuras de injusticia o en una “moda” que imponga a pueblos o a personas concepción de vida alguna.
El voluntariado surgió en los sesenta como un fenómeno sociológico, una exigencia contra toda forma de discriminación por causa de raza, sexo, creencias, cultura, situación económica, edad o ideas políticas.

Es preciso denunciar conductas discriminatorias donde se encuentren y tomar conciencia de prejuicios inconscientes entre los miembros de la asociación donde se trabaja como voluntario.

Es posible comprometerse y arañar unas horas para servir a los más necesitados, aquí “a la vuelta de la esquina”, y despertar un movimiento en favor de lo más noble del ser humano: su capacidad de justicia y de solidaridad.

Más que protagonistas de la acción social, las ONG actúan como cooperadores en esta tarea que nos compete a todos. Ni cabe un Estado providencia, con pretensiones de regularlo todo, ni es imaginable una sociedad utópica al margen de las instituciones públicas con grupos de presión que trastornen el orden social.

Existen asociaciones que desarrollan proyectos sostenidos por voluntarios que trabajan con los más necesitados: ancianos, niños, enfermos terminales, inmigrantes, presos, drogodependientes, discapacitados y los marginados por la sociedad. Los mueve una solidaridad que trabaja en busca de la justicia y de la concordia, con plena gratuidad, sin buscar nada a cambio. No se puede imponer ningún modelo de desarrollo o concepción de vida alguna que pueda desarraigar a las personas y a los pueblos de sus tradiciones y de sus señas de identidad.

Las asociaciones humanitarias no pueden ser sucedáneas para paliar las injusticias que es preciso subsanar en sus estructuras. Los voluntarios tienen que reconocer cuanto de bueno y de justo se ha hecho en los campos de la beneficencia, de la solidaridad, de la justicia y de la caridad por movimientos que han sembrado la historia de ejemplos admirables.

El voluntariado tampoco puede ser una “moda” para suplir la falta de convocatoria desde otras instancias, políticas o religiosas, ni para encubrir errores, injusticias y la explotación de los pueblos empobrecidos del Sur por los intereses del Norte.

Aún nos encontramos en los albores del voluntariado, aunque haya miles de organizaciones y de voluntarios sociales. Faltan las mejores.

José Carlos Gª Fajardo. Prof. <emérito U.C.M.

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Jóvenes universitarios contra la injusticia

Esencia del voluntariado
2019 09 09
1. Universitarios contra la injusticia
Los jóvenes saben que no se puede engañar a todos durante demasiado tiempo. Por eso materializan su búsqueda de un mundo más justo y solidario en un compromiso con el voluntariado social.

En las universidades de los países miembros de la Unión Europea, junto a la selección de clases prácticas y de seminarios, de idiomas o de actividades deportivas, muchos jóvenes inician alguna actividad de voluntariado social.
Como ser joven es mantener la capacidad de asombrarse y de comprometerse en una actividad que supere nuestra contingencia, no es de extrañar que el auge del voluntariado social haya encontrado entre los jóvenes un apoyo muy generoso. Se saben en el umbral de la Utopía, no más allá, porque todavía no se conocen las leyes del caos. Se saben espoleados por la pasión por la justicia y son capaces de imaginar escenarios que ellos harán posibles, porque son necesarios. Toda Utopía comenzó siendo una verdad prematura.
Hoy la situación de millones de seres humanos se hace insoportable. Pero los jóvenes viajan como vagabundos en las autopistas de Internet para hacer realidad lo que han soñado.
Hoy se alza la esperanza de una sociedad más justa y solidaria, más consciente de que todos formamos parte del medio ambiente y constituimos una inmensa fraternidad en la que los jóvenes se saben “bandada de hermanos”. Estos jóvenes admiran a las personas capaces de comprometerse con ideales generosos y prescinden de ideologías que hacen del ser humano un objeto de mercado, de fascinación o de intercambio.
Los jóvenes rechazan las injusticias de un modelo de desarrollo que confunde valor con precio y que explota a quienes denomina “recursos”. Es posible asumir la globalización como una conquista de nuestros días, conseguida por la ciencia y hecha posible por las técnicas. Y que acerca a los seres humanos de cualquier rincón del planeta como responsables solidarios unos de otros.
Desean participar en la cosa pública, sabiéndose cada uno igual a los demás y que, todos juntos, pueden más que los mandatarios en quienes han delegado sus votos. En la sociedad de la comunicación ya no se puede engañar a muchos durante demasiado tiempo. Y los jóvenes lo saben, y cada vez entusiasman y convocan a más personas mayores que corrían el riesgo de resignarse. Ni unos ni otros desean que sus descendientes sientan vergüenza de ellos porque, habiendo podido tanto, se hayan atrevido a tan poco. En el futuro nos juzgarán menos por nuestros fallos que por nuestros silencios ante crímenes contra la humanidad, contra el medioambiente y contra la esperanza.
No se alzan contra la autoridad, sino contra la prepotencia de tiranos, de oligarcas y de demagogos. Un sentimiento les invade de que hoy es siempre, todavía. Nadie nos había prometido que fuera fácil y, si nadie tiene que mandarnos, ¿a qué esperamos?

José Carlos Gª Fajardo, Prof.Emérito U.C.M. y Fundador de Solidarios para el Desarrollo

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