Ser y sabernos nosotros mismos

Nada extraño ni ajeno nos puede acontecer fuera de lo que nos pertenece desde largo tiempo… aunque no lo supiéramos.

Tenemos que despertar al hecho de que todo está conectado a todo lo demás.
Nuestra seguridad y bienestar ya no pueden ser asuntos individuales.
Si “ellos” no están seguros, no hay forma de que “nosotros” podamos estar seguros.
Cuidar la seguridad de otras personas es cuidar nuestra propia seguridad.
Cuidar de su bienestar es cuidar nuestro propio bienestar.
La mente de la discriminación y la separación 
es la base de toda violencia y odio.

Estas palabras del Maestro Thich Nhat Hanh, pueden ayudarnos a comprender nuestro aquí y nuestro yo, nuestra tarea diaria, vital y compartida. Nada extraño ni ajeno nos puede acontecer fuera de lo que nos pertenece desde largo tiempo… aunque no lo supiéramos. El fallecimiento por accidente de mi querida e inolvidable esposa, Valle, después de 53 años juntos… ni estaba previsto ni se le esperaba. Pasado el llanto y desarrollando el duelo como experiencia inefable, de la que no se puede ni fablar… es algo real aunque nadie lo esperaba. Pero esa es la realidad aquí y ahora. Mañana no existe, es una hipótesis. Ayer… ya pasó, aunque deje sus cicatrices que procuro “duchar” cada día, en el silencio y en la ducha, con el fisio que me atiende, con familiares y amigos, escribiendo, caminando, ayudando en todo cuanto puedo, respirando y dejándome querer por los hijos  y amigos de largo recorrido que me atienden, visitan y procuran lo mejor en mi situación actual: viviendo solo en una casa nueva pero en la que tengo libros, recuerdos, música, invito a amigos, compartimos muchas cosas ….y tengo mi tertulia semanal con amigos y conocidos de mi edad o parecida y procuro compartir saberes, escuchar, acoger. comprender mientras nos tomamos un café, en una terraza cercana.
La vida sigue pero “necesita”, en cierto modo, la participación cada vez más consciente de nosotros… Por eso, abramos caminos y espacios a la esperanza, a lo que nos suceda aquí, ahora y… si llegamos a mañana pues que nos pille ligeros de equipaje, como querían Machado y tantos otros amigos y maestros.
Nadie sabe de lo que es capaz hasta que se pone a hacerlo… porque “toca”….
¿Quién nos pidió permiso para nacer y en tales o cuales circunstancias? Pues aceptémoslo, demos gracias a la vida, abrámonos al encuentro o al “reencuentro”, celebremos cada momento de nuestro vivir… siempre, siempre “compartido”, aunque parezca que vivo sólo día y noche. Nooo. Eso es una apariencia… la realidad es más honda: despertar para ver salir el sol desde esta terraza, o la luna cuando se tercia, regar las plantas, “HACER SILENCIO”, sonreír, y si resbalas y puedes te levantas, si no pides ayuda yo, personalmente, llevo siempre la pulsera de Teleasistencia. Nunca pasa “nada” y, si pasa, ¿qué importa y si importa… ¿qué pasa?
Un fuerte abrazo y ya sabéis en donde poder reencontrarme, pues somos “robadores de momentos”, no ladrones.
Profesor Fajardo, rdm
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Dimensión antropológica de la solidaridad

Somos seres sociables que podemos mejorar el bienestar de la comunidad y el propio. La mutua solidaridad incrementa lo mejor de cada uno para el servicio de los demás. Al profundizar en la dimensión antropológica de la solidaridad, esta se expresa como una necesidad de restaurar la unidad de derechos originaria. No es de extrañar que el voluntariado se plantee como plataforma de la reivindicación de justicia para que la solidaridad sea algo real. La compasión no basta, aunque sea esencial para el compromiso. Es bueno reflexionar sobre sus características que nos revelan sus señas de identidad:

– La gratuidad, pues es la donación de sí mismo y la conciencia de ser para los demás lo que sostiene su concepción de la vida

– La continuidad, ya que no se pueden crear necesidades en aquellas personas que no estemos dispuestos a seguir ayudando.

– La preferencia vocacional del voluntario, ya que uno hace mejor aquello que le gusta y para lo que está más preparado.

– La responsabilidad personal sostenida por su equipo que desarrolla el proyecto de la Organización con la que trabaja.

– El conocimiento, respeto y valoración de las diferentes personas o pueblos que pueda encontrarse en la realización de su tarea.

 José Carlos Gª Fajardo. Prof. Emérito U.C.M.

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Mientras eres voluntario social

Cuando uno se entrega a los demás recibe mucho más de lo que ofrece. Porque es cierto que “hay más alegría en dar que en recibir”.
 
El voluntario viene a disfrutar ayudando a los demás. Pero el cuidado por el detalle, la excelencia en la calidad son exigencias inexcusables del voluntariado, regido por el principio de la obra bien hecha. Por eso ha de asegurarse de que cuentan con él o con ella a la hora de colaborar en la elaboración, diseño, ejecución y evaluación de los proyectos.
La formación sin servicio puede ser tan estéril como la acción sin la formación adecuada. La improvisación, la rutina, la falta de seriedad y de cumplimiento de los compromisos pueden hacer un daño irreparable.
Si el voluntario no está contento con el proyecto al que estás asignado, conviene que hable con los responsables para encontrar la manera de que se sienta más útil en otra actividad. Debe desconfiar de la tentación de cambiar de servicio “para conocer otros campos o para formarse mejor”: los marginados y los beneficiarios de nuestro servicio jamás podrán ser objeto ni instrumento para ningún fin, por excelso que sea, porque ellos son un fin en sí mismos y sujetos de la relación que se establezca.
Ser voluntario tiene que producir beneficios mutuos para todos los que estén involucrados en ello. Si no se puede continuar el compromiso, conviene decírselo al responsable del proyecto, no abandonarlo sin más. El voluntario no tiene derecho a crear falsas expectativas si no las va a poder cumplir.
El voluntario social no tiene que hacer gastos extraordinarios. Si el proyecto al que está asignado exige gastos de desplazamiento, por ejemplo, debe ir a la sede de la Organización para ser reembolsado. Pero conviene recordar que los proyectos necesitan medios económicos, incluidos los que el voluntario o la voluntaria pueda dar, en función de sus posibilidades. Es un sofisma pensar que con la ayuda personal ya “hace bastante”. También hay que preguntarse si no sería posible animar a otras personas a cooperar con la organización.
Aunque suene a tópico, cuando uno se entrega a los demás recibe mucho más de lo que ofrece. Porque es cierto que “hay más alegría en dar que en recibir”. Ser voluntario constituye una valiosa y divertida experiencia.
José Carlos Gª Fajardo
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Los voluntarios sociales son SOLIDARIOS

SOLIDARIOS, no “transformers”, palabro polivalente e inadecuado para el voluntariado social.
La solidaridad que queremos construir supone cambios sociales, no sólo superficiales sino estructurales que, partiendo de lo más profundo de nuestro ser, influyan y cambien nuestra sociedad y nos abran a un futuro sostenible. La solidaridad se forja cuando comprometemos nuestra vida, nuestro tiempo, nuestros conocimientos y nuestra voluntad de cambiar una sociedad que no nos gusta por otra más humana, más digna y más justa. Por eso no todo está perdido y si es cierto que “la noche nace al mediodía” como sostienen los sabios chinos, no lo es menos la proposición contraria que se encuentra en la afirmación anterior: dado el abismo en que ha desembocado nuestra sociedad de consumo, de crecimiento ilimitado y de progreso incontrolado, es posible que nos encontremos en la aurora de un nuevo amanecer que desarrolle la nueva cultura de la solidaridad.
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No intentar cambiar a las personas en lo que no son

– Maestro, si tú no crees en el cielo ni en el infierno ni veneras a los dioses, ¿por qué te ocupas en servir a los pobres y ayudar a que los demás lo hagan? – le preguntó un día Sergei, mientras regresaban de bañar a una anciana impedida.
– ¿Y por qué sale el sol cada mañana?- respondió el Maestro sin dejar de caminar.
– Porque eso está en la naturaleza de las cosas – respondió rotundo el discípulo.
– Pues eso, Sergei, pues eso. El Maestro Fun Chang nos enseña que no hay que transformar a las personas en lo que no son, sino en aceptar lo que son, en comprender su experiencia de la vida. ¿Acaso arrancamos del jardín las plantas que no son robles? Las rosas no quieren ser robles, Sergei, quieren ser rosas.

José Carlos Gª Fajardo. Profesor Emérito U.C.M.
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Aspirante a novicio

El aspirante

Un día en que Sergei preparaba unos alcorques cercanos a la puerta que los separaba del monasterio vio a un joven monje que le hacía señas. Sergei se acercó y cuando iba a preguntarle qué deseaba ambos oyeron la voz templada del anciano que también estaba inclinado sobre un alcorque con la azada en la mano. “Dile que pase y que se siente en la terraza, y que vaya calentando agua para el té” A Sergei no le gustaba nada que alguien entrase en “su” cocina, pero no dijo nada porque sabía que allí no se daba puntada sin hilo.
El aspirante a novicio, ni siquiera lo habían admitido entre ellos, había sido destinado a la cocina. Pero no hacía más que preguntarse si estaría en el camino correcto, cual sería el grado de su progreso, si no se abría equivocado de sendero.
Por eso, acudió y se postró a los pies del anciano y, después de besar sus sandalias, le preguntó conmovido:
– Dime, Venerable Maestro, ¿cómo podré estar seguro de haber escogido el auténtico camino hacia la libertad suprema?
El Maestro se inclinó lleno de dignidad hacia el aspirante y le musitó al oído:
– Mira, chaval, cuando realmente estés en la senda ya no te harás ese tipo de preguntas. Ahora, siéntate para compartir un poco de té y luego vete a ocuparte de tus tareas, y deja ya de atormentarte… y de atormentarnos.
Con el paso del tiempo, la comunidad no dejaba de preguntarse por el arcano secreto que el Maestro le había comunicado a aquel aspirante. La verdad es que todo iba mucho mejor en la cocina.

José Carlos Gª Fajardo. Profesor Emérito U.C.M.
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Compromiso social responsable y sostenible

La responsabilidad del ser humano consiste en ser feliz. Como no se puede ser feliz a solas, la compasión, la justicia y la solidaridad se erigen como la verdadera religión
 
El voluntariado social encarna una firme esperanza. Se puede vivir sin fe y aún sin la experiencia de amor, pero no se puede sobrevivir sin esperanza.
Otras actividades de voluntariado no suelen estar dominados por la pasión de la justicia – que debe fundamentar la actividad del voluntario social- y corren el riesgo de institucionalizar los efectos al enmascarar las causas. No es otra cosa la solidaridad sino la respuesta ante desigualdades injustas al hacer propias las desgracias ajenas.
Por eso, en nuestros días se plantea con crudeza el tema fundamental de quién debe financiar el voluntariado social. Algunos critican a las asociaciones humanitarias porque aceptan fondos de los ayuntamientos, de comunidades autónomas o de los servicios sociales del Estado para poder desarrollar programas sociales bien planificados y de los que darán cuentas.
Otros censuran que empresas y fundaciones ayuden a sufragar parte de los gastos de esos programas sociales, salvo que se lleven a cabo en países extranjeros como programas de ayuda al desarrollo.
El problema surge cuando las ONG independientes desean desarrollar inaplazables programas de acción social. Algunos puristas sostienen que los voluntarios bastante hacen con su ayuda. ¿Cómo que hacen bastante? Esa no es una actitud solidaria porque no es justa. Es la presunción característica del rico hacia el pobre, del fuerte hacia el débil, del etnocentrista hacia el colonizado.
Los voluntarios llegan a las sedes de las ONG y piden información, folletos y garantías en el servicio. Eligen el que más les gusta y esperan que se les forme para ser eficaces y no meter la pata. Si se trata de desplazamientos, hay que abonarles el transporte y, por Ley, tenemos que suscribir una póliza de seguros que cubra a todos los voluntarios en sus tareas. Nada más justo.
Aparte de unos locales acondicionados, personas que recogen el material, que lo almacenan y que limpian. Los candidatos a voluntarios de hoy pretenden encontrarlo todo hecho.
Pues bien, por culpa de una insoportable educación en la gratuidad y en que todo nos tiene que venir dado, en esta sociedad hedonista y del mínimo esfuerzo, algunos voluntarios pretenden que no tienen que contribuir al costo de esos servicios porque ya ayudan con su trabajo. ¿Cómo vamos a mantener la independencia y autonomía que nos exigen si ellos no cooperan?
Estoy convencido de que los voluntarios sociales que acuden a nuestras sedes en busca de un servicio adecuado a sus preferencias han de contribuir al mantenimiento de la entidad. Para poder participar, para estar bien informados y para contribuir con sus sugerencias.
Es preciso formarlos adecuadamente en que la solidaridad empieza en la misma asociación y con los compañeros del servicio. De lo contrario, es preferible que se vuelvan a la comodidad de sus casas, o a centros que tienen otras financiaciones porque persiguen otros fines, y nosotros volveremos a comenzar desde cero, si es preciso.
José Carlos Gª Fajardo. Profesor Emérito U.C.M
Fundador de Solidarios para el Desarrollo
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