Ante el demoledor desastre del medio ambiente

Somos como sonámbulos sin saber hacia dónde nos dirigimos. Si podemos despertarnos o no depende de si podemos caminar con responsabilidad en nuestra Madre Tierra. El futuro de toda la vida, incluida la nuestra, depende de nuestros pasos conscientes. Aprendamos a vivir de una manera tal que sea posible un futuro para nuestros hijos y nuestros nietos.

Si pretendemos vivir como hemos estado viviendo sin pensar en el futuro, destruyendo nuestros bosques y emitiendo gases de efecto invernadero, el devastador cambio climático es inevitable. Gran parte de nuestro ecosistema será destruido. Los niveles del mar subirán y las ciudades costeras se inundarán, obligando a cientos de millones de refugiados a abandonar sus hogares, creando guerras y brotes de enfermedades infecciosas.

Necesitamos una especie de despertar colectivo. Entre nosotros hay hombres y mujeres que están despiertos, pero no es suficiente. La mayoría de los seres humanos parecen dormir. No pueden escuchar el sonido de las campanas. El cambio climático es la fiebre de un modelo de desarrollo enfermo, el síntoma de que consumimos y emitimos a la Tierra más de su capacidad natural de regeneración. 

Constatamos los efectos con fenómenos climáticos extremos cada vez más frecuentes e intensos (olas de calor, sequías prolongadas, lluvias torrenciales, subidas del nivel del mar, deshielo de glaciares…). Desde hace más de 50 años científicos y ecologistas nos advierten de que la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a la atmósfera, como consecuencia de la quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas natural para producir energía, unido a cambios de usos del suelo por deforestación y agricultura insostenible, alteraban la dinámica del clima. Sin embargo, y a pesar de acuerdos internacionales como el Protocolo de Kioto (1997) y el Acuerdo de París (2015), todavía siguen creciendo las emisiones de GEI, y los impactos ya casi nos desbordan, de forma más intensa en los países en desarrollo, al estar situados en regiones más vulnerables y disponer de menor capacidad de adaptación. Esto exacerba aún más la injusticia, ya que son los que menos emiten.

La buena noticia es que hay signos de esperanza, las personas hemos salido masivamente a las calles con los jóvenes a la cabeza para exigir a los gobiernos, empresas y sector financiero (y a los políticos al servicio de banksters) que actúen y lleven a cabo la imprescindible transición ecológica con la ambición y el ritmo suficiente para evitar los peores impactos del cambio climático. Tenemos un gran desafío por delante, pero también la oportunidad de actuar juntos para contribuir a reconectarnos con el planeta.

¿Cómo podemos contribuir a mejorar la situación?

No tenemos que desesperarnos por el calentamiento global; podemos actuar. Si solo firmamos una petición y nos olvidamos de ella, nada va a cambiar. Hay que tomar medidas urgentes a nivel individual y colectivo. Todos necesitamos poder vivir en paz y sostenibilidad ambiental.  Lo que la mayoría de nosotros aún no tenemos son formas concretas de hacer realidad nuestro compromiso con la vida sostenible en nuestra vida cotidiana.

Me han llegado unas preguntas para la reflexión:

–       ¿Eres consciente de que tu forma de vida repercute en el cambio climático?

–       ¿Cómo sería desarrollar tu compasión hacia todos los seres sensibles?

–       ¿Te imaginas perder tu hogar y convertirte en refugiado climático? 

–       ¿Puedes sentir el sufrimiento que generan los incendios, las inundaciones y las sequías?

–       ¿Podrías comprometerte con un consumo responsable para proteger la Naturaleza?

 Cada vez somos más conscientes de la necesidad de contribuir a un buen clima y no es necesario hacer grandes inversiones, tenemos al alcance de nuestra mano la llamada Economía Circular, que nos permite considerar el impacto ambiental de nuestro consumo, para ello podemos realizar pequeños-grandes gestos.

Cuando nos sentimos parte de la naturaleza podemos disfrutar de pequeñas acciones que nos reconectan con ella. “Hace 30 años, escribió un admirado amigo, decidí instalar un panel solar para calentar el agua en el tejado de casa. Me desalentaron diciéndome que era más caro, que iba a tardar mucho en recuperar el coste. Yo los oí, pero decidí escuchar a mi corazón y seguí adelante con el proyecto. Nueve meses al año no gasto energía fósil en calentar el agua, y además siento gran satisfacción sabiendo que el agua que resbala por mi piel es un regalo del sol”.

Caminar, ir en bici, usar el transporte público, compartir coche, son alternativas al uso del coche privado. Usar pequeñas bolsas de tela, para comprar fruta y verdura, recuperar la costumbre del carrito de la compra y comprar cerca de nuestro domicilio para evitar el kilometraje y envoltorios innecesarios.
El punto limpio es el punto amigo. En algunos barrios, el Punto Limpio que pone el Ayuntamiento nos permite tirar todo lo que no debe tirarse en otros contenedores. Asociarse o realizar algún donativo, con alguna ONG comprometida con la causa del medio ambiente.

Con un par de grados que se reduzca el aire acondicionado y/o calefacción, ya se está en el camino del cambio y el compromiso. Productos de lino, cáñamo, fibra de madera, acero, vidrio; son alternativas a las bolsas y botellas de plástico.

Sólo es abrir los ojos, reflexionar y consultar para comprometernos en esta responsabilidad insoslayable.

José Carlos Gª Fajardo. Prof. Emérito U.C.M.

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Mal ejemplo de la gestión de la pandemia en Gran Bretaña

  • Una magnífica crónica de la gran periodista, María Ramírez, en El Diario.es sobre la pandemia en Gran Bretaña.
  • En circunstancias tan difíciles hay que fijarse en los países que lo hacen mejor para encontrar guías, pero también en los que lo hacen peor para no caer en los mismos errores.

En esta pandemia cuesta encontrar ejemplos modélicos sin grietas ni riesgos.  En muchos sentidos, es una lucha hiperlocal donde los recursos y la población de cada barrio pueden determinar el resultado. Es una carrera en penumbra, con mucha incertidumbre y donde, de momento, no hay ganadores. Pero un poco de perspectiva ayuda a entender que las políticas públicas, la información y la actitud de los ciudadanos en España van ahora por delante de otros vecinos asimilables. 

Llegar a Reino Unido desde España es sorprendente. El país que tiene ahora la mayor incidencia de la epidemia en Europa aparte de Suecia sigue adormilado sin apenas hacer caso del virus, que sigue circulando y matando. En los últimos 14 días, la incidencia de muertos en Reino Unido es de 2,2 por 100.000 habitantes. El único país que supera esta cifra entre los miembros de la UE y el espacio económico europeo es Suecia: 2,7. Ese índice en España es el 0,1. 

En Reino Unido se han registrado más de 44.000 muertes por coronavirus y el “exceso de muertes” respecto a la media habitual es de más de 65.000, un dato que refleja parte de las personas que han fallecido por culpa de la epidemia y que no han sido contadas porque no ha dado tiempo de hacerles el test o porque murieron por no ser atendidas por la saturación del sistema sanitario. En España, las muertes registradas por coronavirus son más de 28.000 y las “no esperadas”, más de 44.000

Al aterrizar en Londres, el pasajero se encuentra con una realidad ahora chocante en el mundo: los agentes de fronteras que le esperan para interrogarlo sobre su estatus legal y su relación con Reino Unido (ni una sola pregunta sobre salud, precauciones o el virus) no llevan mascarilla. Es un lugar cerrado, oscuro y de techo bajo. La agente ante la que el pasajero tiene que quitarse la mascarilla a poca distancia no para de hablar: está al otro lado de una mampara que sin embargo deja al descubierto un agujero generoso justo delante del visitante. Mientras esto sucede, otros agentes se pasean sin mascarilla junto a los pasajeros. El aeropuerto no parece haber hecho cambios significativos más allá de cerrar algunas puertas y poner algún bote de gel. 

La mascarilla sólo es obligatoria en Inglaterra en el transporte público. Es muy raro ver a alguien con ella puesta por la calle. En un recorrido de 15 minutos a pie en Oxford cuento cuatro: dos las llevan mujeres, otra, un hombre y la cuarta está tirada en el suelo. Ni el repartidor de paquetes ni el que trae la compra ni el tipo que entra en casa para arreglar la caldera llevan mascarilla. No son anécdotas: esta encuesta de YouGov muestra que Reino Unido es uno de los países donde menos habitual es el uso de mascarilla, incluso menos que en Estados Unidos, donde ha habido una campaña activa contra este instrumento de protección.

En España, la mascarilla sólo es obligatoria desde mayo, pero desde marzo los viandantes, repartidores, vendedores y casi cualquiera llevábamos mascarilla, incluso cuando era difícil comprarlas en la farmacia y había que hacer chapuzas a mano. Desde marzo, ha habido políticas públicas activas y sentido común de los ciudadanos.

Ahora hay mucha más información científica que en marzo sobre la importancia del uso de las mascarillas por lo que sabemos del virus, que puede permanecer y contagiar a través del aire. Pero el mensaje parece no haber llegado ni a las autoridades ni a los ciudadanos de Reino Unido. Simplemente, no existe la disciplina y el sentido de responsabilidad y solidaridad colectiva que, salvo excepciones, estamos viendo en España. 

No parece una guerra partidista ni una supuesta defensa de la libertad de contagiar como en Estados Unidos; simplemente dejadez o desconocimiento. Después de todo, ni los políticos ni los medios están tan concentrados en una epidemia que parece aceptada como parte de la vida normal, como se quejaba este jueves el director de The Lancet. Los medios no tienen mapas y datos tan visibles, actualizados y destacados como los de los medios en España y no hay un seguimiento pormenorizado, continuo, de qué está pasando.

Reino Unido también es una muestra de que en esta pandemia es fácil aplicar nuevas reglas cuando nadie está mirando. La entrada en la nueva “frontera” del Reino Unido con la Unión Europea es un ejemplo. Al menos hasta el 31 de diciembre, mientras se negocia el nuevo acuerdo de la relación futura, la norma en vigor en el periodo de transición sigue siendo la misma, con la entrada libre para el resto de ciudadanos de la UE, sin necesidad de pasaporte y sin límites a la estancia. Sin embargo, Reino Unido ha aprovechado el momento para empezar a tratar a quienes llegan de otros lugares, aunque vivan en Reino Unido, como extranjeros. 

El interrogatorio en la frontera consiste en preguntar por la duración de la estancia, los motivos de la visita o la extrañeza de un teléfono no local (ni una pregunta sobre síntomas, contacto con enfermos o posibles riesgos). De repente, llegar al Reino Unido se parece más a entrar en Estados Unidos que en un país que sigue estando dentro de las reglas europeas comunes. 

Con la emergencia sanitaria, esto puede parecer lo de menos, pero también es un recordatorio de que los gobiernos tienen ahora un amplio margen para acaparar nuevos poderes y aplicar reglas a su antojo ahora que nadie mira, ahora que tenemos la losa del riesgo permanente para la vida. 

En circunstancias tan difíciles, hay que fijarse en los países que lo hacen mejor para encontrar guías, pero también en los que lo hacen peor para no caer en los mismos errores.

Amanuense: Prof. Fajardo, Emérito U.C.M.

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Falta de lógica en la administración sanitaria

“Me jode cuando veo a gente amontonada o de fiesta y sin mascarilla, pero me jode aún más que se olviden de lo que hicimos o que hay políticos que nos usan como a precarios de usar y tirar”, me cuenta María. “Todos mis amigos en la Sanidad son temporales y todos saben que se cierran plantas y camas hospitalarias en verano, que sigue habiendo mucha lista de espera, que hay poco tiempo para atender a los pacientes en los centros de salud o que faltan sanitarios en las residencias, pero no aprendemos. Funcionamos a impulsos”.
https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/heroes-paro_129_6079254.html

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Barreras de la mente

Las Organizaciones humanitarias que trabajan con discapacitados ayudan en la integración social y laboral de estas personas. No sólo luchan contra las barreras físicas y psicológicas que dificultan su movilidad y aceptación social, sino desarrollando la propia autoestima y haciéndoles comprender que su puesto en la sociedad no puede ser ocupado por nadie.
Recoger a un paralítico cerebral en su domicilio, llevarlo a sus clases y al final de la mañana o de la tarde devolverlo a su casa, no es bastante a pesar de la hermosa tarea y del esfuerzo que supone para el voluntario. Se requiere conocer más datos: discapacitación, grado de autonomía y cooperación, sus necesidades académicas y sociales.
Hay que desarrollar la calidad humana del voluntario social, entrenarlo en la habilidad para manejar a los diversos tipos de discapacitados, fomentar su paciencia y hacerle comprender que la constancia es un elemento indispensable en cualquier servicio de voluntariado pero sobre todo en éste del que dependen personas que no viven en un centro especializado sino que nos aguardan cada mañana en el portal de sus casas y no podemos fallarles. Hay que enseñarles también a saber decir no ante caprichos o depresiones que suelen surgir para tratarlos como a seres normales que son pero discapacitados. Hay que huir de la “piedad peligrosa” para no hacerles concebir esperanzas imposibles que los frustrarían.
Los voluntarios sociales que visitan hospitales psiquiátricos y centros que acogen a disminuidos psíquicos profundos se dan cuenta de que los pacientes son mucho más receptivos y sensibles de lo que pensamos. No pueden adoptar la necesaria distancia terapéutica de los profesionales. Son “instrumentos desafinados”, y es preciso tratarlos con mimo, habilidad y paciencia. Y con mucha ternura siempre.
Un discapacitado psíquico supone una alteración en el orden habitual, pero no por eso deja de tener sus modos de expresión y de comunicación. Aunque no funcionen las reglas de la lógica que configuran el pensar racional, podemos servirnos del inefable camino del corazón. La intuición supera los condicionamientos de la razón. En cierto sentido, es un atajo. Esta es la actitud básica y el estado de ánimo que deben presidir nuestra relación con estos enfermos. Tenemos que adaptarnos a su peculiar dimensión del tiempo. Levantarlos, acompañarlos a la ducha, bañarlos con toda la paciencia y alegría del agua tibia con el champú espumoso. Secarlos con suavidad, ayudarlos a vestirse, según la necesidad de cada uno. No pretender quemar etapas. No hay prisas. Si hay algo que no falta en esos centros es el tiempo, esa hoguera en la que nos consumimos. Cada gesto, cada paso es como si formara parte de un rito y no debemos alterarlo. Dejémonos llevar por una suavidad ordenada no exenta de firmeza cuando sea necesario.
En los Centros de acogida a discapacitados psíquicos profundos el aprendizaje es lento, pero la paciencia y la prudencia son fundamentales. Tal vez sea más fácil ponerle un jersey en un minuto aunque él tarde cinco. Pero, entonces, la buena voluntad del voluntario se transforma en descuido que puede destrozar la tarea de meses de paciente repetición de actos dirigidos por un profesional que trabaja a diario con el enfermo, y no sólo en esas horas que el voluntario puede aportar en una labor complementaria a la del profesional. Este servicio puede ser formidable porque aporta algo distinto de la rutina: una alegría, una ternura y una paciencia que no siempre se pueden mantener cuando se trata de un largo aprendizaje.
En nuestro mundo regido por la mente, a menudo se olvidan los pequeños detalles, mientras que en “su” mundo hay que entrar de puntillas, para descubrir allí una riqueza de valores desbordante. Después de una mañana sin desperdicio, emerge siempre una pregunta: “¿Realmente aporto algo?” Uno cree que va a prestar una pequeña ayuda. Sin embargo, no es un intercambio en igualdad de condiciones, pues se recibe mil veces más de lo que se da. Pero es preciso abordar una cuestión que suele plantearse en algún momento de nuestro voluntariado. Es lo que he denominado “la sensación de manos vacías”.
No se trata de que no haga lo suficiente en mi cometido ni mucho menos que sea estéril mi servicio ante tantas experiencias de soledad, de dolor o de injusticia. Al contrario, es el momento de experimentar la propia debilidad y la indigencia de todos los seres y de todas las cosas que anhelan alcanzar su plenitud aunque parezca que se mueren, como el grano de trigo o como la sal o como la levadura. Es la experiencia de la gota de agua que se sabe océano, de la persona que se sabe humanidad y que todo cuanto sucede tiene un profundo sentido. Lo que ocurre es que antes de encontrarnos con el dolor, con la enfermedad, con la injusticia y con la muerte tan sólo nos ocupábamos en sobrevivir, aunque hiciéramos muchas cosas y diéramos muchas vueltas, como Alicia que “corría y corría para estar siempre en el mismo sitio”.
Esa sensación de manos vacías no debe asustarnos ni desanimarnos. Es en esa experiencia de debilidad donde se enraíza la auténtica fortaleza, que siempre es prestada. Una vez asumida esa debilidad, y ante cualquier desfallecimiento uno recuerda al sabio maestro Chuang Tzú “es el suelo quien te ayuda a levantarte”. No pasa nada. Ante todo, mucha calma. A veces, es mejor descansar. Una buena siesta, un paseo, practicar algún deporte o divertirse con los amigos es una excelente terapia para esa fatiga de la experiencia del sufrimiento ajeno.
Por poco que hagamos, si dejáramos de hacerlo quedaría sin hacer eternamente. Otros, miles, millones de personas podrán hacer muchas otras cosas pero si nosotros no damos ese vaso de agua, ese agua quedará sin ser bebida. Lo grande, lo pequeño, lo caro, lo alto, lo bajo… no son más que categorías y apariencias que uno puede transformar con su entrega cuando no se buscan resultados ni se piensa en el mérito. El Patriarca Zen, Bodhidarma, respondió al Emperador de China “tus acciones no tiene mérito porque las realizas pensando en el mérito”. No se trata de empeñarse en hacer el bien, ni siquiera de querer hacerlo: basta con actuar con naturalidad y transparencia. Basta con ser consecuente para superar las barreras de la mente.
José Carlos Gª Fajardo

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Nos alzamos contra esta devastación de la Tierra y de sus gentes

Regresar a los principios fundamentales: ser uno mismo, no hacer daño a nadie, defender y ejercer el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad, “sabernos parte del medio ambiente, “como árbol que camina”, decía Chamalú “lo que le pase a la madre Tierra le pasará a los seres humanos, y a todo cuanto es y existe. La solidaridad, el “saberse” es una dimensión antropológica del ser humano. Re-gresar, con humildad, paciencia y convicción a los elementos substanciales, elementales, constitutivos de todo cuanto es y existe. Dar a cada uno lo suyo,(no a todos por igual, sería suicida, sino lo que precisan para ser ellos mismos, para re-alizarse, disfrutar del derecho a la felicidad, al goce, al placer y al abrazo mientras dura tu entrega no como “trabajo, de tripalium) sino como “dafare”, faena en el sentido prístino. “Saberse”, de sapere, y aceptarse, ser coherente, tratar de no hacer daño a otro, de vir con coherencia “honeste vivere”… honeste es mucho más,,, es honeste vivere, vivir con dignidad, fortaleza= prudencia ¡qué palabra tan hermosa, fuerte, firme, clave de bóveda!… y volver a labrar la tierra, cuidarla, respetarla… “respetar” todo lo que es y existe (que no son sinónimos). El derecho a la búsqueda de la felicidad, a la equidad, a la koinonía no pueden ser opcionales ni insufribles… ser uno mismo, des-envolverse, des-arrollarse, compartir, saberse y amar y dejarse amado (No se ria nadie, hay gente que no cree firmemente en ese derecho consubstancial: saberse, de sapere, buscar, aceptar, dejarse amar… Tenemos derecho a estar aquí… pero hemos caído en el egoísmo, en la codicia (más que avaricia), … en la locura de ignorar/destrozar/ la sofrosine, el kalos kai agafós… el saber escuchar, atreverse a saber y a saberse (sapere audiam)… Ya los griegos lo advertían y cultivaban: conocerse a uno mismo y tratar de ser coherentes… Para no cansaros… atrevernos a querernos, a aceptarnos, a sabernos tal y como “somos” no como “estamos”. Lo más horrible es la ira, la soberbia, la ignorancia de los saberes fundamentales, de la realidad de sabernos queridos y de querernos a nosotros mismos… Sí, así como estamos y recordar que si caemos, ¡y hemos caído! el mismo suelo nos ayudará a levantarnos. Hay espacio para la esperanza, ya no más despreciarnos y caer en la peor de las desgracias: la hybris… la desesperanza. Dicen que los dioses, cuando entendían que había que destrozar a un gobernante soberbio, comenzaban por volverlo loco. Y esta “locura” es lo que nos atenaza, nos aherroja, nos envuelve como capa viscosa de fiuído de araña- Así, como somos y como estamos, no podemos coger nuestras cítaras y ponernos a cantar en el destierro de nuestra realidad más íntima. Llamadme loco (me acojo a Gibrán).. pero al igual que Jeremías cuando “compró un terreno” la víspera del destierro a Babilonia sino como seres humanos que estamos despertando del “sueño” que padecemos como especie, como seres vivos aunque heridos en el hondón del alma… Si nos lo proponemos… nos quitaremos la legañas, nos ducharemos con aguas lustrales, nos apañaremos una tela a la cintura y cantaremos al salir a la faena que nos aguarda. Sí, sí… SOMOS NECESARIOS, tenemos derecho a estar aquí y a vivir como auténticos seres humanos. No confundamos el ruido de las trompetas. No suenan a destrucción, derribo de muros en Jericó o castigo alguno… ¿Por quién? ¿Por imaginarios “dioses” que se desautorizarían y dejarían de ser (si es que algún día fueron, algo más “fantasmatha”) Sí Luis, sí amigos solidarios, si “robadores de momentos (no ladrones…¡Es hora ya ! de alzarnos y de ponernos en camino. Volvamos a leer el Prólogo de Unamuno a La vida de Don Quijote y Sancho. (Lo buscaré y lo cuelgo). Contemplemos lo que podamos del universo, sepámonos convencidos de que somos seres para la vida, para la amistad, para el amor, para levantarnos cuantas veces sea necesario… y pongámonos en camino… Estos babilonios, persas, fariseos, sepulcros blanqueados por fuera… apartaos y disolvéoss. NO OS NECESITAMOS (politicastros perversos, avaros insaciables, NO SOMOS SÍSIFOS ni el resto de los “CONDENADOS” porque no hay dioses capaces de infligir semejantes castigos… Ya oléis a podredumbre, a miseria rapaz, a cieno…
Pero, amigo Luis, amigos RDM, amigos y hermanos…alcémonos, pasemos la palabra y el abrazo, y pongámonos en marcha para reconstruir esta ciudad enfangada… Pasemos la palabra, aplaudamos y abracémonos, pongámonos en marcha porque es posible la esperanza. SI, que pueden los que creen que pueden, porque nadie sabe de lo que es capaz hasta que se pone a hacerlo. AQUI Y AHORA pero no imitemos a Sansón porque pereceríamos todos y estoy convencido de que podremos si creemos que podemos. PASAD LA PALABRA, comencemos por querernos a nosotros mismos, por ser capaces de abrir las alas y volar hasta el lugar donde nacen los vientos. Recordad a la Gran Gaviota: La perfecta velocidad es estar allí… aquí, ahora y siempre. Como decimos entre los Robadores de momentos: Yo sé quien soy y me quiero como soy y no como estamos. Nosotros… SEGUIMOS: ¡PASAD LA PALABRA! Estos buitres emprenderán el vuelo, y si no… haremos de ellos compost, estiércol, substancia… porque las trompetas de los que anuncian el mal… se las tragaran hasta los eggs.
¡Animo! Mañana está en nosotros. Abandonemos esta falsa cadena de bueyes aguijoneados hasta el matadero.
La cifra nás inconmensurable comienza por un número… pues, eso. Despertemos de este desasosegante sueño: Trump, Putin, China, Brasil, estos pobres payasos que diz que nos gobiernan, La Alvarez de Toledo, el infumable Casado (consigo mismo), ese Rufián que no precisa de calificativo, ese “salva patrias que cuando comenzaba a medrsr llevó a la TV a su pisito de Vallecas y sentenció: Así es como debe vivir un obrero” o alguna falacia cuando es capaz él y su esposa, ¡ambos en el Parlamento, de conseguir “un crédito de millones de Euros para comprase una dacha con piscina, césped, jardí japones, casa para personal de servicio, dos coches oficiales con agente de seguridad a bordo y con vigilancia 24 horas al día y a la noche y a la desvergüenza de la dacha infumable que se mercaron ambos a dos…. Y ese Torras “descerebrado” y esos phantasmatas de la extrema derechoa más ramplona y peligrosa: cuando abren la boca para hablar, vomitan. Et tutti quanti que conocemos y vemos parlotear como cotorras enfebrecidas cada vez que abren la boca.¡NO NOS MERECEMOS ESTO!  ¿Pero no se les cae la cara de lepra cuando farfullan en el Parlamento, en los medios, en las covachas de los grandes capitales, en los patios de Monipodio… aunque estén maleados por los que “prestan apartamentos suntuosos…a cambio de??? Produce una gran tristeza verlos hablar, caminar, proponer, decidir engolfados en su hybris, en sus vanidades y en su miseria purulenta. BASTA YA.
¿Acaso no sentís, vosotros, amigos y compañeros, más que una desesperación, hastío o ira… una gran esperanza? Salgamos del lodazal en que han convertido el planeta y la atmósfera… y pongámonos en marcha porque Babel se ha derrumbado y podemos comenzar de nuevo. ¿Cuántos son los años del hombre sobre la Tierra? ¿Sexaginta et si validus est septuaginta… Pues este viejo profesor y periodista que firma, con sus ochenta y tantos años a cuestas, alza su voz contra la escoria que os barbotea y confía plenamente en que podremos alzarnos del cieno en que nos habéis metido y volveremos a trabajar la tierra, a cuidar ríos y mares, a respetar océanos y la atmósfera envenenada en que habéis convertido esta tierra en la que vivimos, nos movemos y somos. Habéis alcanzado el colmo de la degradación y de la miseria.NOSOTROS, los SERES HUMANOS, nos ALZAREMOS DE NUEVO recién salidos de las manos del alfarero. (Oficio noble y bizarro, entre todos el primero, pues en la industria del barro Dios fue el primer alfarero y el ser humano el primer cacharro!)

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Un gato ortodoxo, no heterodoxo

Amigos rdm, hace días que me resisto a compartir un cuento sobre un gato ortodoxo y no heterodoxo. Pero en estos dos últimos días he pensado que lo debo compartir…xq todos los “cuentos” tienen su mensaje, aunque a veces, algunos nos parezcan una simpleza. Ya sabéis que los cuentos provienen de la sabiduría popular y no pertenecen a nadie sino que cada uno “lo cuenta” a su modo y según la audiencia que tiene. Así sucede desde la noche de los tiempos: los auténticos “cuentos” se suscitan o recuerdan y adaptan según las audiencias. Por eso nunca hubo el archifamoso Las mil y una noches. Sino que esa expresión en árabe es como los dichos: “no cabía ni un alfiler”, “de bote en bote”, “estaba la mani a reventar”, “me quedé helado”, “nos dieron las mil y una charlando” “pienso en ti a todas horas” o “no puedo dejar de pensar en ti” o cien mil expresiones en las diversas lenguas.
Los cuentos de los que me ocupo provienen de la sabiduría oriental y desde sus diferentes convicciones: origen hindú, vedanta, círculo polar ártico, chino, japonés, “del desierto”, de tradiciones africanas, judíos, judíos sefardíes y sobre todo judíos enraizados en Europa durante siglos…Lo mismo pasa cuando nos atrevamos a abordar las tradiciones africanas o las de diversas etnias de indios americanos, de gitanos etc etc. Eso sin ir a ese mundo maravilloso de las fábulas, de las leyendas y sobre todo de las grandes … del mundo griego, romano y transformadas desde Adriano por la influencia de los pueblos “bárbaros” (ojo con esta expresión) pero, para gran parte de la sabiduría humana, indo europea, los mitos fabulosos de los griegos… ahí hay un caudal que fascina y sin el cual no se puede uno comprender a sí mismo, ni a la influencia de religiones greco romanas judías mesopotámicas araboislámicas y una profunda sabiduría que circula por nuestras mentes, lenguajes, gestos, dichos, arte universal, dramas inmortales… ¡Jobar que parece que estamos en clase y me he ido del tema!!, ¿recuerdan..”¿dónde estábamos?”
He aquí el “cuento”…”de marras” ¿a ver si sabeis de donde proviene esto de “marras”. Ah y ya sabéis “doxa” no significa más que “opinión”

Gato ortodoxo
Un gato pasó por casualidad junto a una asamblea de perros cuyo líder oraba entusiasmado:
– ¡Hermanos! Recemos juntos, guardemos los ritos y obtendremos del Gran Dios Perro que nos envíe sabrosos y abundantes huesos!
– ¡De gato, si puede ser! , -exclamó un feligrés despistado.
– ¡Impío!, – le espetó el Gran Sacerdote de la Orden de los Perros-. ¡No pongas límites a su misericordia infinita! ¡Él bien sabe lo que tiene que enviarnos y su gloria se manifiesta en la diversidad!
– ¡Amén!, – ladró la Asamblea con fervor.
El gato se alejó de allí, abochornado y lleno de dignidad, diciéndose:
– ¡Estúpidos idólatras, infieles ignorantes, salvajes! ¿Cómo es posible que le recen a ese dios de paganos incivilizados y no al verdadero Gran Dios Gato? ¡Y, encima, le piden huesos en vez de ratones!
Muchos dedos pueden señalar la luna, pero ésta es sólo una.
Al igual que se puede reflejar en mil charcos, ríos y mares, pero sólo es una.
Un divertido ejercicio consiste en abrir la mente y tratar de comprender la diversidad de formas en que se expresa la vida. Acoger sin excluir, mientras acudimos a compartir sus necesidades. A eso se denomina cooperación, “sinergein”, en griego. Sembrar juntos en la misma arada.

José Carlos Gª Fajardo,rdm

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Campana sin badajo

En el famoso monasterio de Saolín había un novicio que destacaba en todas las artes del Camino. Antes del último certamen de espada, convencido de que, una vez más, iba a alzarse con el sutil cendal blanco que le impondría el Abad, se inclinó ante éste y le pidió una campana. Como llevaba tiempo insistiendo en semejante deseo, el Abad lo puso a prueba.
– Si antes del próximo festival logras que todas las dependencias del monasterio estén limpias como la plata, te regalaré la mejor de las campanas.
El novicio se dedicó a limpiar día y noche el monasterio. Subía, bajaba, se tiraba al suelo, gateaba por las columnas para limpiar las bóvedas, limpió las mil y una cristaleras, hasta que se presentó al Abad reclamando su premio. Éste alabó su trabajo y le regaló una campana de plata labrada que el joven discípulo se llevó a su celda. Encendió velas, quemó incienso y se sentó en su jergón para gozar con el sonido de su maravillosa campana. ¡Pero no sonaba, porque no tenía badajo!
– ¡Maestro, me has engañado! He trabajado día y noche limpiando el monasterio y tú me regalas una campana sin badajo, ¿cómo voy a escuchar su sonido?
– No te he engañado, – respondió sonriente el Maestro -. Se acercaban los Juegos en los que competían todos los monasterios y tú descuidabas tu entrenamiento ilusionado con esa dichosa campana para escucharla tú solo en tu celda. Te hice trabajar día y noche subiendo y bajando, cargando pesos, subiendo por las paredes, manteniéndote en equilibrio para alcanzar las más distantes vidrieras. No pensabas en otra cosa. Estabas en perfecta concentración. Por eso alcanzaste los premios para el monasterio.
– Pero ¿cómo hacer sonar una campana sin badajo?
– La campana y el badajo están dentro de ti. Tu felicidad interior, tu concentración y tu alegría son el badajo que hará sonar la campana de plata para deleite de todas las gentes. Lucidez y compasión te pertenecen.
El discípulo se iluminó al instante recogiendo el auténtico premio a su esfuerzo en el camino de la espada. Se postró ante el Maestro comprendiendo que el sonido más hermoso es el que brota de una mente clara y de un corazón generoso.
– Anda, – le dijo alzándolo el Maestro – , Vete en paz y recuerda las palabras del Buda: “Que cada uno de vosotros sea su propio refugio”, para mejor sintonizar con la armonía de los seres y del universo.
José Carlos Gª Fajardo

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Reflexión de un octogenario… activo

Nadie se va del todo. Los seres queridos, los amigos hemos intercambiado muchas veces experiencias, afectos,… todo eso “circula” por un torrente misterioso que llamamos “corazón”, “recuerdo” que a nuestra vez hemos compartido, enriquecido, con otros. Es maravilloso pensar en el velo de la diosa Indra: era de una sutil red que en lugar de nudos llevaba diamantes… ¿Os imagináis? Cada rayo de luz se multiplicaba por sí mismo, resto es, según su naturaleza (del mito)….así nosotros nunca moriremos del todo… una frase, un abrazo, una sonrisa, una metedura de pata… eso que llaman alma o “¿otra vida? . Perdone que aproveche la oportunidad de recordar a Sócrates en su lecho de muerte después de beber la cuenta (lo cuenta Platón en El Fedón) acerca de creía en otra vida después de la muerte:”No me preocupa nada, amigo, o hay algo o no hay nada. Si hubiera algo bien me habrá valido lo que haya hecho en favor de la justicia, de la amistad, de los habitantes de la polis… Y si “no hubiera nada”, pues respondo lo mismo: He hecho lo que he querido o podido. Me han acusado de corromper a la juventud por enseñarles a pensar y a hacerse preguntas; y tb me “condenan” porque dicen que no creo en los dioses… (Hay que joderse, esto no lo dijo Sócrates, pero me invita a explayarme cada vez que me tocaba explicarlo en mis clases… o lo hacía yo venir a cuenta cuando me parecía oportuno. La vida sólo se merece compartiéndola… todo.. con los demás, con los cielos y los mares y los ríos y los montes y los valles… y con uno mismo sabiendo disfrutar… cuando procede, y arrimando ambos brazos para acoger y seguir adelante porque la “meta” es el camino. No creáis que el tema es baladí, a mis 83 años y en activo… cada vez me “preocupan” menos los dioses, el más allá… o lo que sea. ¡Sírvase usted mismo, capitán. Oh mi capitán! Es aquí y ahora y la cadena de abrazos, de afectos, de vivencias, de errores, de lo que sea que hayamos compartido si todo, al final, pudiera resumirse en un !Nadie me pidió permiso para nacer; no se le ocurrirá ahora hacer tonterías! Y como dicen en mi tierra gallega: “puede que sí, puede que no, lo más probable es, a lo mejor, ¿quién sabe?” Un abrazo a todos… amigos; nosotros… seguimos.
José Carlos Gª Fajardo

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Nadie sabe de lo que es capaz hasta que se pone a hacerlo

Este texto pertenece a la serie Remembranzas

Unas palabras del Fundador de Solidarios

Todos sabéis que nuestro servicio social comenzó ayudando a transportar, desde sus casas a las diversas Facultades de nuestra Universidad Complutense de Madrid, a alumnos con alguna seria discapacidad motora. Otros alumnos, formados por nosotros aprovechando los Seminarios de mi asignatura y después, de todo el campus, al comprobar el gran servicio humano que pusimos en marcha y con la información de este servicio se extendió a todas las Facultades y Centros de la UCM, por orden del Rector Villapalos, para animarlos a que fueran solidarios aportando estos datos: Nombre, domicilio y el horario que tenían, de mañana o tarde, en su Facultad o Ingeniería y si tenían un medio de locomoción para recoger en sus casas a otros alumnos con esa discapacidad motora. Por la parte de atrás de este escrito, la diríamos a quienes necesitasen este servicio que nos dieran los mismos datos para cruzarlos con los de los voluntarios. Recordad, entonces no disponíamos de PC y los hacíamos en grandes encerados. Pero lo conseguimos.

Al mismo tiempo que asumíamos otros servicios en Cottolengos, hospitales, personas mayores que vivían solas, y como oferta de voluntarios sociales bien formados, a otras ONG serias y responsables que eran expertas en otros servicios.

Entonces, un día sonó mi teléfono y un antiguo alumno mío me decía que ingresaba en un Centro Penitenciario para cumplir una larga condena en el viejo CP de Segovia: “No me falle, Profesor”. No sabemos cómo sucedió, pero, al cabo de 15 días, un sábado temprano ya estábamos dentro de la prisión, acompañado por un par de “voluntarios solidarios” dentro del CP, viejo, frío y desalmado a sábados visitando a quien había pedido que no les fallásemos. “Si tú me dices ven, lo dejo todo”, canta el bolero. Para nosotros, si alguien nos pide ayuda está claro que nos necesita, a nosotros nominalmente, porque no lo piden al “lucero del alba”. Todavía hay gente que “espera” y “espera” … que “alguien” le pida ayuda no sé por qué medio de mensaje. Mientras no “escuchan” el formidable grito de que alguien me/nos necesita.

Han pasado unos 40 años y yo vivo jubilado, pero Profesar Eméritus y voluntario en la ONG, trabajando sin cesar, pero al ritmo de los 82 años cumplidos. No me aburro nunca. Ahora llevo meses, con ayuda de veteranos voluntarios que me recogen para acudir cada semana al CP de Sito del Real, porque ya no puedo conducir, pero desarrollando un Proyecto que, desde hace años me obsesiona, y que en parte estábamos haciendo en los CP que la ONG visita cada semana en varios CP de Madrid y en los de otras provincias: Sevilla, Granada, Murcia etc.

Cosas que pasan: comencé en una cárcel y empleo mis días, relaciones, contactos etc. en poner en marcha este proyecto: Que, en todas las cárceles de España, para empezar, y de acuerdo con los diferentes módulos, niveles y necesidades de los CP… Bibliotecas de seis a diez mil libros: novela, poesía, historia, psicología, biografías, libros de viajes, teatro, arte, obras de Premios Nobeles y de los Premios de mayor calidad y categoría. Bien organizados, catalogados y con un servicio por los diversos módulos o celdas semanal. Pero en algunos módulos ya tenemos en marcha seleccionadas bibliotecas con miles de libros. Por eso me siento ocupado, contento y con un desafío esperando la formación del nuevo Gobierno y ya contactando a “enlaces” para que la Dirección Gral. de Prisiones nos siga ayudando en el transporte, pero ahora para toda España.

¿Cómo obtenemos esos miles y miles de libros? Pues de jubilados y viejos profesores que no saben qué mejor destino darles a unas personas que lo que tienen es tiempo y nosotros cuidamos el buen funcionamiento que lo mantenga, cuando yo ya no esté. Ah, y si alguien os dice que es una locura… sonreíd y seguid adelante. Llevamos décadas escuchando cosas semejantes. “Pueden, quienes creen que pueden”. “Lo hicieron porque no sabían que era imposible”. “Nadie sabe de lo que es capaz, hasta que se pone a hacerlo”. Y en la última sábana que colgó durante años en nuestra facultad, “Si nadie nos tiene que mandar, ¿a qué esperamos?”. Esta es la historia auténtica de nuestros anhelos, esfuerzos, dificultades y éxitos.

José Carlos Gª Fajardo,
voluntario y fundador de Solidarios para el Desarrollo. ¡Pasad la palabra! Nadie sabe de lo que es capaz hasta que se pone a hacelo

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Crimen sin huella

“Pregunté a los hombres:
– “¿Qué lleváis envuelto en ese fardo?, hermanos?
Y ellos me comentaron:
– ” Llevamos un cadáver, hermano”
Así que les pregunté:
– “¿Lo mataron o murió de muerte natural?”
– “Eso que preguntas tiene difícil respuesta, hermano, pero más bien parece haber sido un asesinato”
– “¿Y cómo fue el asesinato? ¿A cuchillo o con bala, hermanos?, – les pregunté -.
– “No fue ni un cuchillo ni una bala: ha sido un crimen mucho más perfecto, que no deja huella alguna”.
– “Entonces, ¿cómo lo han matado?”, – pregunté y ellos me respondieron con calma:
– “A este hombre lo ha matado el hambre, hermano”.

(Este “cuento” de Josué de Castro sólo pide silencio para la reflexión, sentarse con otros para buscar juntos propuestas alternativas y tomarnos el tiempo para llorar a los asesinados de cada día. Mientras afilamos nuestros machetes. Cada uno el suyo, porque en el principio no fue la palabra, sino la acción. Primero el grito, la palabra vino después.)
José Carlos Gª Fajardo.

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