Un santo mendigo

Mientras Ting Chang ayudaba a Sergei a calentar el agua que solían llevar en un termo para preparar el té al otro lado del río, se acercó el Maestro acompañado de Tenno que salía del baño y Sergei les dijo – Venerables y Nobles señores, ¿por qué no aprovechamos, mientras se deshacen el cardamomo, la canela, el clavo, algo de pimienta y un toque de jengibre para que el Maestro nos cuente lo que le aconteció al Maestro indio Narada?

– “Aconteció”, qué sentencioso estás, Sergei, pero mientras añades una pizca de miel porque esta noche se anuncia fría te lo contaré. ¡Aquí viene el Barredor de Esmeraldas! Ya estamos todos.
– ¡Animo, Maestro!
– Resulta que el sabio indio Narada se dirigía al templo de Vishnú en la montaña y se le hizo de noche en el camino. Lo acogieron con gran respeto un matrimonio muy humilde, pero sin hijos. Al despedirse por la mañana y recibir las bendiciones del sabio Narada, le dijeron con ilusión “Señor, no tenemos hijos, pídele al gran Vishnú que nos conceda alguno para consuelo de nuestra vejez”. “Así lo haré”, les respondió Narada. En efecto, fue lo primero que le pidió a Vishnú para premiar a aquel matrimonio tan amable con él.
Vishnú le respondió con ese aire taciturno que solía tener por plenilunio “¡No está en los designios del Cielo que esa pareja tenga descendencia! Está en su karma, es su destino”. Y, sin más, se envolvió en su túnica y se subió al pedestal.
– Maestro, no te cae muy bien Vishnú, claro que si fuera Shiva…
– Déjame terminar, melón. Pasados unos años, Narada acertó a pasar de nuevo por aquel camino y vio a unos hermosos niños jugando en un jardín que habían construido delante de la casa. El matrimonio salió a saludarlo y Narada les preguntó “¿De quién son esos niños?” “Son nuestros, Señor. Hace cinco años, después de que pasaras tú, llegó un santo mendigo y lo acogimos lo mejor que pudimos. Antes de partir nos bendijo y sin atrevernos a pedirle nada, al cabo de su tiempo, el Señor nos bendijo con estos hijos”.
– Vaya con el mendigo.
– Sergei, no seas bruto, se trataba de un santo de los que en India vagan por los caminos. El caso es que cuando Narada estuvo en la presencia de Vishnú le espetó casi antes de postrarse ante él “¿No me habías dicho que el destino de aquel matrimonio era no tener hijos, de acuerdo con su karma? ¡Ahora resulta que tienen dos!” “Mira, Narada, toma asiento y sosiégate. Esto debe haber sido cosa de un santo que pasó por allí. A diferencia de los sabios, los santos pueden cambiar el destino de las gentes”.

José Carlos Gª Fajardo. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios

Acerca de nesemu o garciafajardojc@gmail.com

cfr en www. garciafajardo.org o en garciafajardojc@gmail.com o Facebook Profesor Eméritus Universidad Complutense Madrid, Estudió en universidades Complutense de Madrid Doctor en Derecho, Gregoriana de Roma, Pontificia de Salamanca, Escuela Oficial de Periodismo, Profesor Eméritus Facultad Ciencias de la Información, U.C.M. , Henley College
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