Demasiado fuego

Mucha fiebre

Ya se caían de maduros los membrillos sin que todavía hubieran terminado de trasegar los mostos en las bodegas y en el monasterio había una gran actividad para asegurarse el invierno, como las hormigas. También llegaba el tiempo de la recogida de los monjes vagabundos hacia sus lugares de descanso. En muchos monasterios eran admitidos porque, al igual que las cigarras, alegraban los descansos en los días más cortos que se avecinaban. Cierto que a muchos Abades no les gustaban un pelo porque, entre algunos auténticos místicos Chan, taoístas o budistas, se ocultaban no pocos frescos que preferían vivir sin trabajar. Al Maestro le hacían mucha gracia porque eran auténticos portadores de novedades y de experiencias. Ya había alcanzado una edad en la que para la convivencia en una comunidad las reglas necesarias las tomaba con mucha libertad. Como los monjes giróvagos (así los denominaban en Occidente hasta el siglo V) conocían al anciano maestro de cuando había fundado el monasterio, procuraban visitarlo y contarle las más divertidas historias, mientras disfrutaban de su hospitalidad. Reales o inventadas, ¿qué más daba? Una de éstas fue la que les contó una tarde al regresar de arreglar el estanque de las carpas doradas.
– Esto te va a gustar, Sergei. En algunos países del Cuenco de Oro, el mulá Joha practicaba como médico y tenía una gran fama.
– No me pondría yo en sus manos, Luz de dónde el Sol la toma – lanzó una sergiada la liebre hambrienta de la estepa.
– ¿Y en las de Ting Chang? – le preguntó con algo de guasa.
– ¡Hombre, lo suyo es distinto! Aunque no me curara su ciencia siempre podría decir que me habían atendido las manos de un príncipe.
– Resulta que un amigo llamó al mulá en mitad de la noche – prosiguió el Maestro para no reírse -. El mulá le preguntó al mensajero que cuánta fiebre tenía el enfermo. Le respondió que debía estar a unos cincuenta grados. A lo que el mulá resopló: “Entonces, no me necesita a mí sino a los bomberos”. Y se volvió a meter en la cama.

Acerca de nesemu o garciafajardojc@gmail.com

cfr en www. garciafajardo.org o en garciafajardojc@gmail.com o Facebook Profesor Eméritus Universidad Complutense Madrid, Estudió en universidades Complutense de Madrid Doctor en Derecho, Gregoriana de Roma, Pontificia de Salamanca, Escuela Oficial de Periodismo, Profesor Eméritus Facultad Ciencias de la Información, U.C.M. , Henley College
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