Excelente entrevista: Vamos a entendernos

«MI TITULAR PARA EL FUTURO DE ESPAÑA SERÍA: VAMOS A ENTENDERNOS»
«Viví con desolación la proclamación de la independencia de Cataluña»

Àngels Barceló (Barcelona, 1963) es directora y conductora del programa Hora 25 de la Cadena SER. Una de las voces más destacadas, conocidas y seguidas del periodismo en España. En tiempos de inflación de egos y de estrellas impostadas, no hay en ella ni un solo atisbo de presunción. Tan solo los rasgos de una periodista que no quiere ocultar una mirada crítica ante algunos aspectos de su profesión y ante la realidad política de nuestro país. Realidad que ha buceado en los últimos 30 años de información en la primera línea, que conoce a fondo y ante la que desliza un sutil tono de escepticismo. Tan solo cuando pronuncia palabras como «Cataluña», «diálogo», «entendimiento», «soluciones», su voz adquiere un leve destello de emoción. Seguramente, una emoción íntima. La entrevista se celebra en un céntrico bar de Madrid. Àngels Barceló llega andando.
Se me hace un poco raro. Es la primera vez que nos sentamos el uno delante del otro y las preguntas las hago yo.
A mí también. Además, me impone un poco, porque te he entrevistado muchas veces. Espero que no me hagas pagar alguna cosa que tengas guardada.
No tengo ninguna, no te preocupes. Vamos con la entrevista. Empezaste tu carrera en 1983, en Cataluña Radio. Desde entonces, han sido muchos años de trayectoria hasta dirigir y conducir tu actual programa, ‘Hora 25’, en la Cadena SER. ¿Cómo definirías la evolución del periodismo a lo largo de este tiempo?
La evolución habla de supervivencia del periodismo, de cómo se ha precarizado la profesión, de que nos hemos quedado sin la mitad de nuestros colegas, de cómo ha sido uno de los sectores más afectados por la crisis y de cómo la precarización nos ha traído serias dificultades para hacer buen periodismo. Por otro lado, en relación con el poder, el periodismo se ha atrincherado. Demasiados colegas se han puesto camisetas de partidos, de ideologías, y eso nos ha llevado a estar en un lado u otro. Percibo excesivo colegueo entre periodistas y políticos con la misma camiseta.
¿Dónde queda la frontera entre el poder político y el mediático? ¿Dirías que es una frontera clara?
La frontera está en que nosotros tenemos que fiscalizar lo que hacen los políticos. Ni siquiera hay que comprenderlos, ni mucho menos ayudarlos a hacer su trabajo. Tenemos que ser incómodos para ellos. Nuestro trabajo como periodistas es ser pesados, preguntones y fiscalizar.
De alguna manera, la actitud con la que se hacen las preguntas define el periodismo. ¿Ha cambiado la forma de cuestionar qué sucede?
Ha ido cambiando. Digamos que ha ido modulándose. Ahora nos encontramos con políticos que solo van a unos medios determinados, en los que saben que pueden contar su historia y que no van a ser incomodados. Casi saben de antemano qué les van a preguntar… En mi opinión, esa es una manera errónea de enfocar el periodismo. En los últimos años, hay mucha gente que no quiere venir a La SER. Antes todos querían venir. Iñaki Gabilondo era incómodo e impertinente, pero todos respondían a sus preguntas. Pablo Casado, por ejemplo. Desde que asumió la presidencia del Partido Popular y siguiendo la estela de Aznar, no viene a La SER. Igual que los líderes independentistas. Recuerdo la época de Jordi Pujol, cuando estaba en activo; él era muy consciente de que, cuando quería que un mensaje saliera de Cataluña, tenía que venir a La SER a contarlo. Esto es lo que muchos políticos todavía no entienden.
¿Qué ha ocurrido para que el periodismo no tenga niveles más elevados de confianza en los estudios sociológicos?
Que otra barrera, la que separa la opinión de la información, se ha borrado. A algunas tertulias televisivas se las llama periodismo, y eso nos mete en el mismo saco cuando no es cierto. Al periodismo le ha hecho un enorme daño la frivolización de nuestro trabajo. Y nosotros, los profesionales, no hemos sabido luchar contra eso, quizá por un determinado gremialismo que a mí personalmente no me gusta nada. ¿Por qué tengo que defender el trabajo de cierta gente que no creo que sea profesional? Por fortuna, el medio que tiene más credibilidad es la radio. Por fortuna para mí, que trabajo en ella.
Algo parecido a eso que dices ocurre en política. Se están trasladando los espacios de deliberación de las instituciones a los platós de televisión. Pero también incide, en el caso del descrédito del periodismo, la aparición de nuevos medios digitales que ni hacen periodismo ni siguen códigos deontológicos de ningún tipo.
Se consideran medios periodísticos y no lo son, es cierto. Así que nos meten, de nuevo, en el mismo saco. En el caso del programa que dirijo, hasta que sale a antena hay mucho debate profesional previo sobre aquello de lo que tenemos que informar y cómo. Y esto, que es necesario, en algunos de esos medios de los que hablamos no existe. Solo trabajan para favorecer a quien paga ese digital o a la corriente política a la que son afines. Por otro lado, no olvidemos que hay gente que solo quiere escuchar a quien piensa igual que ella. Muchos independentistas me dicen: «Yo no escucho La SER», y yo les respondo que no saben lo que se pierden. La SER te da la posibilidad de escuchar todas las voces, y si hay alguna que no escuchas es porque no ha querido venir a expresarse. Hay que escuchar todo el arco, todos los colores, de una punta a otra de la argumentación. Me apena mucho cada vez que veo, en algunas protestas en las calles, carteles sobre la manipulación de la prensa, de toda ella, así en general. No es cierto, al menos no en todos los casos.
Estas imágenes de carteles sobre la prensa manipuladora han llevado a que algunos reporteros que están cubriendo ‘momentos calientes’ sean atacados…
Sin duda. O que Albert Rivera, por ejemplo, hable mal de TV3 ‒al margen de que es un medio al que se puede criticar‒ en un plató de esa cadena y se permita el lujo de pegarle una bronca a una periodista de este medio. Ese tipo de actitudes favorecen que, en cualquier momento, un periodista que cubra un evento de Ciudadanos y trabaje en TV3 pueda ser insultado e incluso agredido, porque el líder ha dicho que esa gente manipula y va «contra nosotros».

Eres una de las voces más reconocidas de este país en la reivindicación del papel de la mujer dentro de la prensa desde hace años. No me resisto a preguntarte si esta pérdida de monopolio del poder masculino es apariencia o es realidad.
Estamos en el inicio de algo que está cambiando desde el 8 de marzo. La verdad es que pensaba que nunca seríamos capaces de trabajar juntas todas las mujeres periodistas y abogar por una misma causa, pero me quedé impresionada con la capacidad de movilización que tuvimos. Ahora las empresas van con algo más de cuidado. Es impensable, por ejemplo, un panel en el que solo haya hombres. Esto es gracias, también, a hombres como tú que os habéis comprometido. Antes, si tú eras la única mujer de diez, te parecía lo normal; ahora, si sucede eso, te extrañas. Pero aún nos queda mucho para llegar en condiciones de igualdad a los consejos de administración. Aun así, algo ha hecho clic. Que una mujer como Soledad Gallego, a sus 70 años, esté al frente de El País es una de las mejores noticias que podemos recibir las mujeres españolas, o que Rosa María Mateo, con su trayectoria, con sus años, esté al frente de TVE. Porque la mujer tiene que romper dos techos, el de su sexo y el de su edad.
¿Cuánto queda para que veamos a una directora general de la Cadena SER?
No queda mucho. Si miras la redacción, verás que somos muchísimas. Por ejemplo, al principio de mi carrera, cuando tenía que organizar tertulias, siempre me costaba dar con una mujer, y ahora, en una misma tertulia, puedo tener hasta tres.
Estamos inmersos en la mayor revolución tecnológica de la historia de la humanidad, a las puertas de una robotización que, aunque va a crear muchos empleos nuevos, también va a eliminar otros. Parece seguro que vamos a un proceso de sustitución de mano de obra. ¿Imaginas un mundo donde el periodismo esté hecho por robots?
No. Es cierto que nuestra profesión no está exenta del riesgo, desde que una persona, cualquiera, con un móvil y una cuenta de Twitter pasa por periodista… Me preocupa que la sociedad no sea consciente de nuestro trabajo, de la importancia que, en el periodismo, tiene quién te cuenta las cosas y cómo te las cuenta. La visión es un valor añadido; la noticia sale por sí misma, eso sí lo puede hacer un robot, pero quien te lo cuenta lo pasa por un filtro humano. Eso un robot no lo puede suplir. El periodismo tiene el compromiso de la curiosidad, del querer saber y de la empatía. Y esos son valores humanos.
Al margen de si los robots pudieran sustituir, en el futuro, a los políticos, me gustaría saber cómo ves la situación política actual en España.
La veo en una de sus peores etapas. Me encanta la política, llevo muchísimos años hablando de ella, creo en ella, creo que en ella está la solución a todos los problemas, en la política de los políticos y en la que cada uno de nosotros hace en su día a día. En mi trabajo he visto cosas que jamás creerías, como dice el protagonista de Blade Runner, y he escuchado cosas que nunca pensé que escucharía. Tengo enormes decepciones a raíz de esto y comprendo bien la apatía ciudadana. No sé qué tiene que pasar para que la gente proteste. El Supremo decide que tienen que pagar los gastos de las hipotecas los ciudadanos y la gente se lo traga; escuchamos a la secretaria general de un partido pagar a un policía corrupto para que investigara a un compañero de partido. Y no pasa nada. El descrédito de las instituciones nunca había sido tan elevado. No hay un lugar donde resguardarse. Llevo años informando de política; los políticos me han podido gustar más o menos, pero antes tenían cierta altura. Lo de ahora es como de otra galaxia. A veces no sé cómo verbalizar lo que escucho. Algunos me dan vergüenza. Hay días que me levanto y pienso adónde iremos a parar.

¿Cómo vives la situación catalana y cómo crees que puede solucionarse?
Deben bajarse todos de donde se han subido, de su dogma. Han de dejar de hablar a los suyos, que ya están convencidos, e intentar hacerse entender entre los otros. No me sirve que los independentistas sigan con su matraca, PP y Ciudadanos con la suya, el PSOE desconcertado… Cito a dos personas que no son de mi círculo, con las que me reuní para hablar de la reforma de la Constitución, Ana Pastor y José Bono. Me gustó lo que dijeron: esto solo se puede arreglar con altas dosis de generosidad. Pero aquí nadie quiere ceder, nadie quiere perder sus votos. Sin embargo, esto solo se puede solucionar hablando y escuchando al que piensa diferente. Dado el nivel de enconamiento, creo que la salida pasa por una consulta o pregunta que especifique lo que queremos y cómo, no sé si en toda España o solo en Cataluña, pero lo veo por ahí. Fíjate el grado de locura en el que hemos entrado: unos piden el indulto y otros lo rechazan. ¡Si todavía no ha habido condena!
Has dado algunas de las noticias más trascendentes para este país en los últimos años… ¿Cuál es la que todavía no has dado y te gustaría dar?
Tal y como están las cosas, me gustaría informar de que el tema catalán se ha arreglado. La fractura social en Cataluña la vivo en primera persona, así que me encantaría que pudiésemos volver a convivir en paz y que fuéramos capaces de conversar fuera de las trincheras. Viví con desolación la proclamación de la independencia de Cataluña. Vengo de una familia mestiza, de madre murciana y padre del Priorato catalán. En mi casa se hablaba castellano o catalán en función de quién se tenía delante. Como tanta gente, íbamos a conciertos de Lluis Llach, celebramos el Estatuto de Autonomía y manteníamos un compromiso por el autogobierno… Pues bien, el día en que se declaró, la independencia tiró por tierra mi biografía.
Esa es la noticia que te gustaría dar. ¿Y la entrevista que te falta por hacer?
Muchísimas… Y no solo a políticos. A gente anónima que tiene cosas que contar. Me encanta hablar con la gente y que me cuente. En mi opinión, no hace falta ser desagradable con quien entrevistas. Salvo si miente, claro. Creo que todo el mundo tiene derecho a explicarse. En ese sentido, he pensado muchas veces en que me encantaría despedir una entrevista después de la primera pregunta. Cuando entrevisto a una de esas personas que ya sé que no me van a contar nada, decirle adiós tras la primera pregunta. Te prometo que sueño con eso.
Si alguna vez lo haces, espero no perdérmelo… Última pregunta, Àngels. Te voy a pedir un titular no sobre la actualidad o sobre el pasado. Dame un titular sobre el futuro de nuestro país. ¿Cómo lo titularías?
Mi titular sería «Vamos a entendernos». En todo. En este país hacemos materia de confrontación de todo: si uno quiere cambiar la moqueta del Congreso, motivo de confrontación; si uno dice que el café de Malasaña es mejor que el de la Latina, motivo de confrontación… No te puedes pronunciar en nada. Así que sí, el titular sería «Vamos a entendernos».
Eduardo Madina ETHIC

Acerca de nesemu o garciafajardojc@gmail.com

cfr en www. garciafajardo.org o en garciafajardojc@gmail.com o Facebook Profesor Eméritus Universidad Complutense Madrid, Estudió en universidades Complutense de Madrid Doctor en Derecho, Gregoriana de Roma, Pontificia de Salamanca, Escuela Oficial de Periodismo, Profesor Eméritus Facultad Ciencias de la Información, U.C.M. , Henley College
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