África, un continente de esperanza

 
Ante la avalancha de inmigrantes que tratan de llegar a Europa, a través de África y del Mediterráneo, los medios de comunicación de la Unión Europea, nos los quieren mostrar como una amenaza para nuestros intereses sin conocer las causas de estas migraciones, la preparación de quienes llegan y las inmensas posibilidades de devolver a ese continente sus modos de vida, de protección del medio y de desplegar sus enormes posibilidades como seres humanos, cuidado de los recursos y reservas naturales para el planeta Tierra.
Avanzo la tesis de que es preciso devolver cuanto los europeos y otros pueblos del Índico expoliaron sus riquezas naturales, esclavizaron a millones de seres y los desestabilizaron emocionalmente con la imposición de religiones y de formas de vida extrañas a su modo de ser.
Puesto que los hemos saqueado y empobrecido es necesario una especie de “Plan Marshall” para que los habitantes de África, recuperen sus señas de identidad, desarrollen sus recursos naturales y aprovechen los avances tecnológicos, patrimonio de la humanidad, para adaptar todo lo mejor y menos dañino para el medio ambiente así como lo más idóneo para asumir una paterno/maternidad basada en la educación, el conocimiento y el adecuado desarrollo: endógeno, sostenible, equilibrado y global.
Pero, antes tenemos la obligación de conocerlos, respetarlos y buscar los medios de reintegrarles todo lo que les hemos expoliado, con el lucro cesante incluido, ya que nunca jamás podremos devolver la vida y la dignidad de los que padecieron y murieron como esclavos.
Los inmigrantes no son invasores, vienen a devolvernos las visitas que les hicimos durante 500 años. No se emigra por placer sino por supervivencia. Llamemos a las cosas por su nombre y preparémonos para organizar bien y junto con sus mejores talentos, la reparación debida.
A punto de concluir su periplo en torno a África, Peter Marshall buscó un sentido para sus experiencias ya que es preciso comprender las causas de sus dificultades actuales antes de considerar vías de solución para las mismas. Y apuntó unas ideas que vinieron a mi mente como puntos de reflexión en mi viaje al corazón de África, durante mi ya lejano Año sabático para la puesta en marcha de Centros de medicina preventiva, en universidades de 20 países de África subsahariana y que recogí en “Encenderé un fuego para ti. Viaje al corazón de los pueblos de África” Edit. Anthropos,1999.
Son distintas de los estereotipos acuñados y de las reiteradas imágenes que los medios de comunicación repiten sin cesar con lo que adormecen nuestras conciencias y hacernos creer en un fatalismo histórico o en una predisposición racial que incapacita a los pueblos africanos para un desarrollo integral, al considerarlos en perenne minoría de edad: “como no saben lo que les conviene ni tienen la madurez necesaria para tomar en sus manos las riendas de su destino, siguen necesitando de la protección y tutela del hombre blanco”.
El gran experto en temas africanos, Basil Davidson, afirma que “la experiencia de África y de los pueblos africanos es única e irreemplazable. Es una tierra maravillosa. ¿Cuál es su hechizo? Se adueña de uno y, una vez que se ha sentido su poderoso influjo, nunca se puede olvidar”.
Davidson se enfrenta con valentía y conocimiento a lo que tantos estudiosos y amigos de los pueblos africanos denominamos “el gigantesco malentendido”. Confundieron mitos y realidades, se multiplicaron leyendas que, han quedado como fundamento de tantas actitudes del racismo que sostiene que “los negros, por su propia naturaleza, son inferiores a los blancos”, como había afirmado el filósofo David Hume. Antes de seguir, hay que reconocer que el racismo es anticientífico porque parte de una premisa falsa: la aplicación a los seres humanos de la división en “razas” cuando no constituimos más que una sola raza.
Davidson recoge afirmaciones que han venido transmitiéndose sin análisis crítico desde el siglo XVIII. Así, David Hume añadía sin el menor conocimiento: “Nunca hubo nación civilizada de tal complexión, ni siquiera individuo alguno que sobresaliera por sus actos o especulaciones. No se dan entre ellos fabricaciones ingeniosas, ni artes, ni ciencias…” Nada menos que Federico Hegel, llegó a escribir, en 1831, en los “Discursos a la nación alemana”: “El negro representa al hombre natural en su estado completamente salvaje e indómito. No hay nada que armonice con la humanidad en este tipo de carácter. Terreno es éste en el que abandonamos África para no volver a mencionarla; pues África no forma parte histórica del mundo.” Hegel jamás había estado en el continente africano ni había conocido a personas africanas que no fueran criados del servicio doméstico. Este era el lugar común para europeos y americanos que se apoyaban en la autosuficiencia de la revolución industrial que parecía ser privilegio de los pueblos de piel blanca. Pasan por alto la inconmensurable aportación de pueblos de otros continentes al progreso de la humanidad en sus diversas civilizaciones: las riquísimas culturas chinas, hindúes, mesopotámicas, y aún de pueblos de la América precolombina. A la incuestionable civilización egipcia, hasta hace unos años nadie la consideraba africana sino que parecía una especie de galaxia extraterrestre.
Los exploradores europeos fortalecieron estas disparatadas ideas que perduran hasta nuestros días, en que profesores, como Ki-Zerbo en su Historia de África, y otros muchos demostraran la falsedad de estas actitudes. Así escribía, en 1860, el aventurero capitán Richard Burton: “El estudio del negro es el estudio de la mente rudimentaria del hombre. Parecería una degeneración del hombre civilizado más que un salvaje que accede al primer escalón si no fuera por su total incapacidad para mejorar. Todo indica que pertenece a una de esas razas aniñadas que, sin elevarse nunca al estado de hombre, se desprenden como eslabones gastados de la gran cadena de la naturaleza animada.”.
Son falacias sin apoyo en el sentido común ni en la ciencia. Por eso, los estudiosos abordaron en los últimos 50 años la historia desvelada del desarrollo humano de África y del diverso talante con el que los blancos han considerado a los negros desde la antigüedad hasta nuestros días. Las obras de este autor, así como las de Ki-Zerbo, son de obligada consulta y un verdadero regalo para el espíritu. Entre nosotros, de lengua española, son formidables trabajos del profesor Ferrán Iniesta así como los de otros jóvenes africanistas. (seguirá)
José Carlos García Fajardo
Profesor Emérito U.C.M.
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Acerca de nesemu o garciafajardojc@gmail.com

cfr en www. garciafajardo.org o en fajardoccs@solidarios.org.es
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