Tenemos que “desconectar” a veces, hasta de nosotros mismos, rutinas…

Dice Pascal que nuestro deber es pensar como debemos, y Juan nos recomendó “buscad leyendo y hallaréis meditando” (rumiando, en hebreo); meditando en el sentido moderno no de darle vueltas a las cosas sino de saberse, aceptarse, dejarse invadir, hacer sencillamente lo que tenemos que hacer, estar a lo que estamos, respirar y saberte respirando y no “pensando” en ese momento. Contemplando todo cuanto somos, nos rodea, nos conforma.
Escribe un amigo, que lo que importa conocer de las personas no es sólo lo que dicen, sino lo que piensan y callan. Quien piensa, pregunta, y no siempre está receptivo al ruido ambiente. En buena medida, la forma en que piensa una persona, también de sí mismo, influye en su vida, pues llega a convertir en ventajosas situaciones negativas, o al contrario, transforma en perjuicio lo que objetivamente era positivo.
No creo en el destino, pues no seríamos libres. Pero sí creo en la capacidad de hacer silencio, de escuchar y de acoger y de compartir. En la vida espiritual/interior/mental/afectiva no suele haber atajos o, al menos, no suelen ser recomendables en algunas situaciones… tenemos que dejar madurar, des-envolver, des-arrollar lo que nos conforma junto con los saberes y las experiencias de la vida. Hasta aceptarnos, querernos como somos y saber reírnos hasta de nosotros mismos. Como en la cárcel nos enseñaron ¿recordáis? “Profe, nunca pasa nada, y si pasa, qué importa y si importa, qué pasa o se le saluda? No pretender saltar sobre nuestra propia sombra, ni lamentarnos por nuestras acciones pasadas… ya han pasado… pero si somos coherentes, tenemos que asumir las consecuencias de nuestros actos o de nuestra falta de acción cuando hubiéramos podido… pero sin reproches a uno mismo, sin aceptar lo de “castigos”, lo de remordimiento que inhabilita… somos seres del camino… somos personas con unas condiciones, unas cualidades, en un ambiente y en un tiempo que de cronológico podemos y deberíamos hacer kairológico. No es lo mismo “kronos”: un día 24 horas, una hora 60’ un minuto… y así siempre. Kairós es otra cosa, es ese momento de la espera cierta, del encuentro, de la satisfacción, de la contemplación, del sonido del agua en la arena, del ver amanecer como hacíamos en las dunas de Mersouga: Éramos unas 50 personas sin contar camelleros y guías que… solían terminar sentándose en la cima de las dunas sobre la arena, en lugar de echarse a dormir sobre sus djellabas… Respirábamos en la noche a punto de deshilacharse, “oíamos” el crujir de la arena conforme amanecía, nos sabíamos tierra/cielo/atmósfera/humanidad/naturaleza habitados, serenos y en paz con nosotros mismos, que es la auténtica.
Pero la paz, como sabemos, es fruto de la justicia y no silencio de cementerios. Saber que la reparación debida satisface a ambos, que uno llega a saberse, de sapere. Y que no se deja hundir por el pasado ni tampoco vanagloriar. No a los remordimientos, no a la culpa, no a la resignación, no a la tristeza ni a la tristura… formamos parte de una realidad inconmensurable, inefable, cósmica y caminamos durante “un tiempo” en una realidad que ni habíamos escogido ni nadie nos pidió permiso para nacer, dónde y cómo y con quienes y cuándo… Por eso, una persona de paz no teme a la muerte igual que no echa de menos la “inimaginable” situación de antes de nacer ni de ser concebidos… Se trata de vivir aquí y ahora disfrutando y de acuerdo con los principios fundamentales: no hacer daño a otro, reconocer el derecho de cada uno a lo suyo (no lo que tiene ni lo que ambiciona sino lo que necesita en una sociedad bien organizada) y vivir con dignidad, honeste o digne vivere, y poder realizarse, caer en la cuenta de que es evidente (Jefferson) ( o self evident, como le recalcaba Franklin “porque el problema es que la gente no admitirá.. ni se creerá…) el derecho a la búsqueda de la felicidad. Esto es, a ser uno mismo en libertad, con justicia ecuánime y en la consciencia de que somos únicos, irrepetibles, admirables, merecedores de recibir y de dar afecto.
Nos han cargado con culpas como el pecado original, ¡qué barbaridad tan inadmisible por injusta y execrable! De ahí ese temor a los dioses, al pecado (mal traducido porque el texto griego dice amarteia, y Jerónimo tradujo por peccatum, ¡ofensa a dios! “culpables” de los padecimientos del rabí Jesús,” en lugar de aprender de su cordialidad, amor, sabiduría e inmensa naturalidad.
Pues, cuando ya la luz se abría paso en el horizonte, y nosotros sentíamos un cierto frescor en las mejillas, en el más absoluto silencio en el que haya participado nunca… nos sentíamos mudos de belleza, de armonía, de plenitud y de gozo mientras descendíamos en silencio clavando los talones en las arenas que tanto nos había costado remontar.
Mirad, los cientos de mujeres y de hombres que hemos compartido experiencia inefables en los últimos, no 30, sino para mí, 50 o 60 últimos años de caminar (porque yo no nací cuando nos conocimos, nos reencontramos)… nos estamos “recuperando” por ese medio de unas experiencias compartidas en clases, talleres, seminarios, cárceles, hospitales, PSH, inmigrantes, retiros en la Sierra, viajes a tantos países de América y muchos de África y Medio Oriente, con enfermos de SIDA y de otras terminales en ancianos sin compañía, con el proyecto Convive, con traer y llevar a estudiantes con discapacidades motoras o de visión a sus clases ¿eh David? ¿eh, Jose, MJA, Kisco, Xtos, Mono, Esme, Alfonso, Gaviota, Juanma, Pablo, Valle… y así hasta unas buenas decenas y centenas de amigos cuyos caminos se cruzaron durante un tiempo pero que a algunos nos descubrieron una inconmensurable dicha al sabernos admitidos, queridos, necesitados… Sí, han sido muchos años de andaduras. Y no hemos necesitado escribirnos ni llamarnos pero que siempre nos hemos sabido… “a la escucha” y sin necesidad de palabras ni de promesas, hemos sido y somos águilas, gaviotas, compañeros de viaje… de un viaje que no se pierde con el tiempo, sino que nos sigue atrayendo hacia la estrella refulgente y sonora. Hasta ser capaces, tantas veces y en tantas ocasiones, de ser como aquellos que “no decían palabra el anfitrión, el huésped y el crisantemo”. Pero siempre capaces de compartir un vino, unas risas y unas alegrías porque nos sabemos caminantes solidarios… sin sectas ni organizaciones ni ataduras ni credos ni obediencias… eso, gentes del camino, como en La Strada hacía Gelsomina/Giulietta que plantaba las semillas de los tomates en las cunetas algo que no entendía Zampanón/XXX (ahora no recuerdo el nombre, pero era el que interpretó a XXX en el sirtaki en la playa, mudo de dolor por la muerte de su hijo… ¿Veis? Esto no me sucedía antes, cuando las palabras salían a borbotones… pero no me apena, lo acepto y lo celebro y me estimula porque toda prueba es un desafío, un challenge, que nos anima a celebrar todo lo que tenemos y podemos disfrutar desde que sale el sol hasta… que vuelve a salir. Y asistimos al proceso de la vejez con acción gracias y con gran emoción cuando rememoramos tantos momentos vividos… y por vivir. ¿Después? Pues igual que antes. Siempre habrá algo que compartir por eso nos dicen: Que la tierra te sea leve porque Vita mutatur non solvitur/tolitur. (Se transforma, no se pierde)

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Acerca de nesemu o garciafajardojc@gmail.com

cfr en www. garciafajardo.org o en fajardoccs@solidarios.org.es
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