Familias que favorecen la depresión

Cuando la agresividad no va hacia afuera por un clima familiar hostil, se dirige hacia dentro, transformándose en depresión. En este sentido, la depresión es una autoagresión.
La depresión es un fenómeno complejo que no es atribuible a una sola causa. Se puede decir que hay tres tipos de familia que pueden favorecer la aparición de la depresión:

La familia pluscuamperfecta: Este tipo de familia es una de las más frecuentes en nuestra cultura occidental. Jóvenes que desde pequeños han sido educados para ser los más estudiosos, los mejores deportistas. El mensaje que han recibido con insistencia: “Debes ser perfecto para ser alguien en la vida”. En este ambiente familiar, no importa la persona ni los medios que haya que emplear si se consigue ser el primero.

Antonio fue un niño modelo, un adolescente modelo y un adulto modelo. Ahora, con treinta años y tras el abandono de su mujer y la pérdida del trabajo está sumido en una depresión.

Este tipo de estructuras familiares quieren modelar a alguien en el que no tienen cabida ni el error, ni la deficiencia, ni el fallo. El listón está tan alto que precisa de un sobreesfuerzo continuo. Al no alcanzar esas expectativas tan inalcanzables, se produce la depresión. El fallo no está en el individuo, sino en las metas propuestas.

La familia descalificadora: El “no sirves”, “no vales”, “tu primo saca mejores notas que tú”, es el leit motiv de este tipo de familias. Es otro camino para que se vayan generando posibles estructuras depresivas. La desvalorización y la descalificación forman como una segunda naturaleza en el niño.

El niño siente que no merece ser amado, porque “no vale nada”, y tampoco se siente apto para amar. Si alguien no siente amor por sí mismo, tampoco puede dar amor a otra persona. Esto conlleva una distorsión de la vivencia de sí mismo y del mundo: lo que le rodea no le calma su ‘sed de felicidad’, y él mismo no se siente capaz de abastecerse. El mensaje interiorizado es el siguiente: “Cuando mis padres me tratan así, es que no valgo para nada”.

La consecuencia de este tipo de convivencia puede ser doble: adultos inseguros y adultos con gran dificultad en sus relaciones interpersonales. El niño que no se ha sentido querido, valorado, apreciado, llega a la conclusión de no sirve para nada. Lo verbaliza en expresiones como “todo lo hago mal” “no sirvo, no valgo”.

Y la vivencia de la desvalorización va de la mano de otro gran sentimiento: la culpa. Ambos sentimientos se autoalimentan en un círculo vicioso que desemboca en la depresión.

En las familias violentas, de forma paradójica, el vínculo se mantiene a través de la violencia psíquica o física. Son familias que sólo saben discutir, insultarse, incluso llegar a las manos como forma de autoafirmación y dominio. Se instaura un clima de ataque y defensa, de manera que, cuando la agresividad no va hacia afuera, se dirige hacia dentro, transformándose en depresión. En este sentido, la depresión es una autoagresión.

Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra, catedrático de Psicopatología y miembro fundacional del Teléfono de la Esperanza

Anuncios

Acerca de nesemu o garciafajardojc@gmail.com

cfr en www. garciafajardo.org o en fajardoccs@solidarios.org.es
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s