Otro modo de ver las cosas y los acontecimientos

Cuenta Kabat-Zinn que cuando su hijo tenía dos años quiso saber si había alguien dentro del perro que tenían en la casa. Recuerdo ahora que, cuando yo presentaba el Telediario de las 9 en TVE, una vez que Jesús Hermida había pasado como corresponsal a Washington, un día de Reyes tuve que cubrir a un compañero e hice el de las 3 de la tarde. Mi hijo pequeño nunca me había visto en el telediario de la noche porque a esa hora ya estaba acostado, pero ese día se levantó de los brazos de mi mujer y se fue muy despacio a mirar detrás del televisor, y daba vueltas sin decir nada, entonces, uno de los mayores le preguntó “pero ¿qué buscas ahí detrás, se te ha perdido algo?” “No, respondió con toda calma, “estaba buscando por donde iba a salir padre de la tele”.
Pues bien, igual que con el perro ¿qué sucede con el pájaro, con un árbol, una flor o un rinoceronte? Ahí tenemos, dice Kabat, esa cosa perfecta que no es sino lo que es y que es completa en sí misma. Proceden del universo. Como nosotros. No hace ningún daño recordar esto a menudo, todos los días en nuestro caminar porque nos ayudaría a estar más atentos. Toda la vida es bella y fascinante cuando el velo de nuestras rutinas se alza, aunque sólo sea durante unos instantes. A veces, he preguntado en clase “¿Cuando fue la última vez que se abrazaron a un árbol o que se sintieron llamados a caminar bajo la lluvia o a descalzarse y caminar sobre el césped? Y ya puestos, ¿sabe alguno en qué fase de luna estamos?” Y les contaba la anécdota que José Saramago introdujo en su discurso al recibir el Premio Nobel y que narró con emoción: Mi abuelo era un agricultor que pasó toda su vida trabajando en el campo y cuidando del huerto cercano a la casa. Era analfabeto pero muy inteligente y comunista. Cuando llegó su hora, víctima de un cáncer terminal, y los hijos acordaron llevarlo al hospital para que recibiera cuidados paliativos, él no se opuso pero pidió que lo vistieran con su traje de pana de los días de fiesta, lo sentaran en un sillón de enea y lo sacasen a despedirse de sus árboles en el huerto. Los hijos lo hicieron y era de maravillar ver cómo los mirando y acariciando a cada uno d sus árboles con sus trémulas manos en una auténtica despedida dando la impresión de una realidad más honda, conocía a cada uno de ellos como a un familiar, o a los mejores vecinos. Aquel anciano veía más allá y más adentro en sintonía y empatía con todo lo que latía a su alrededor.
Como nos cuenta Jon del perro que no cambia cuando nosotros cambiamos nuestro modo de verlo. Sólo es lo que es. Ésta es la razón por la que los perros, las flores, las montañas y la mar son tan buenos maestros. Reflejan nuestra propia mente, y es ésta la que cambia. Cuando, ya jubilado pero emérito en la universidad en la que sigo con Talleres de periodismo social, me preguntan en alguna entrevista por qué a mis años sigo trabajando, suelo responder que “porque quiero”; y siempre hice lo que quería porque me habían enseñado a no preguntarme si me gustaba o no hacer lo que tenía que hacer.Para para mucha gente la felicidad está en poder hacer “lo que quiera”, ser rico, poderoso, comer, beber, gozar, ser campeón de algo. Olvidan que el camino más seguro para hacer lo que uno quiere es querer lo que uno hace; y esto porque “le da la gana”. También solía decírselo a los internos de los Centros penitenciarios en los que comenzó la labor de voluntariado en la universidad complutense, hace casi 30 años. Primero fue la cosa, el servicio, la compasión expresada en compromiso por justicia y por voluntad libre, más tarde se fue montando la ONG Solidarios al crecer en número y en responsabilidades como las de contratar un seguro con póliza flotante para los 200 universitarios que iban cada verano en grupos de 5, pagándose cada uno sus gastos de viaje y acogiéndose a la hospitalidad de quienes los recibían. Iban a aprender y a compartir experiencias y saberes en varios países de América y después de África.
Todo comenzó por la llamada de un antiguo alumno antes de entrar a cumplir una larga condena en el C.P. de Segovia: “No me falle, profesor”, dijo. Yo estaba colegiado desde los 22 años pero nunca había ejercido y menos en turno de oficio. El caso es que, al cabo de unos días, yo estaba, no sólo en la prisión, sino en el chabolo a donde fui llevando cada semana a un profesor para que no se viniese abajo y pudiera terminar con brillantez su carrera. No olvidemos que hace 30 años la situación de los internos no era la que hoy conocemos, estaban muy mezclados por falta de espacio y de criterios. Pues bien, yo les decía: He pasado gran parte de mi vida de estudiante en colegios mayores y residencias de universidades en cuatro países. Muchos de ustedes son extranjeros y tienen estudios; vamos a hacer “como si” estuvieran disfrutando de una beca en España, tienen alojamiento, comida, seguridad, sobre todo, gratis. Vamos a organizarnos “como si” estuvieran en un Colegio Mayor, y entonces desbordaba mi fantasía basada en hechos reales y de ahí, junto a otras iniciativas como las de Jaime Garralda con “Horizontes abiertos” surgieron módulos como el nº 10 de Soto del Real y otros CP, en el que los internos capaces y que lo desean estudian por medio de la UNED, o idiomas con titulaciones o para superar el ingreso en la universidad para mayores de 25 años. Con la condición de que si no aprueban un porcentaje de las asignaturas o pruebas entre junio y septiembre, abandonan ese módulo en el que viven en celdas individuales, la luz no se apaga por la noche, disponen de bibliotecas bien dotadas y de espacios para estudiar y practicar. Y son atendidos por profesores.
Todo esta digresión es a propósito de las sabias palabras del Dr Kabat: Al observar las cosas a través de la lente de la atención plena empezamos inexorablemente a apreciar las cosas y los acontecimientos de forma diferente porque nuestras mismas percepciones cambian. Las experiencias corrientes pueden, de repente, parecernos como extraordinarias, aún sin que hayan dejado de ser corrientes. Cada una es lo que es, como el perro, el árbol, la mar o la montaña, lo que ocurre es que las apreciamos más en su plenitud que sintoniza con nuestra propia naturaleza que forma parte del universo.
José Carlos

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Acerca de nesemu o garciafajardojc@gmail.com

cfr en www. garciafajardo.org o en fajardoccs@solidarios.org.es
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