Prudencia

El voluntario social no está para solucionar problemas, sino para acompañar y apoyar
con su presencia a las personas. Para solucionar problemas concretos y para
buscarles soluciones materiales existen profesionales o funcionarios cualificados y con
recursos a su alcance. El voluntario ofrece su presencia positiva junto al que sufre
para sostener su autoestima y hacerle más llevaderos procesos dolorosos. Y si no
soluciona problemas, lo que sí hace con su presencia es detectarlos para alertar a
aquellos que sí pueden ofrecer una solución.
Un voluntario no puede limpiar la casa de una señora mayor, pero sí puede ponerla en
contacto con el Área de Servicios Sociales para que le envíen una auxiliar de
domicilio. Ni puede prescribir medicamentos a una persona sin hogar, aunque sea
médico, sino que lo acompañará al médico del servicio de salud que le corresponda.
Su misión en ambos casos es crear un clima de confianza y de cariño que palie la
soledad de una y de otro.
Además de esa idea tan importante, el voluntario social debe tener en cuenta uno de
los deberes que recoge la Ley del Voluntariado: “Guardar confidencialidad de la
información recibida y conocida en el desarrollo de su actividad voluntaria”. La ley
establece lo que es una regla de sentido común en ambientes donde nos pueden
contar asuntos relacionados con la salud, con la vida íntima, problemas con la justicia.
Estas confidencias exigen de quien los escucha la discreción más absoluta y una
confidencialidad profesional como la de médicos o sacerdotes.
Por otra parte, el voluntario social no debe buscar más información de la estrictamente
necesaria para realizar el servicio asignado o de la que quiera darle libremente la
persona con la que trata.
Tampoco debe atormentarse y cargar él solo con la responsabilidad de secretos
delicados para su conciencia. Para situaciones de este tipo, debe comunicarse con los
responsables de la organización al nivel que corresponda y delegar responsabilidades
en ellos. Hablamos, por ejemplo, de casos extremos como conocer que una persona
tiene intención de suicidarse, o de fugarse de un Centro Penitenciario, o casos más
corrientes como abandonar un programa de recuperación de toxicómanos, o
abandonar unas clases de apoyo, etc. En muchos casos, ni el voluntario ni la
organización tendrán mucho que hacer frente a la libertad y a la voluntad del sujeto,
pero quizás puedan intervenir positivamente para reducir daños o reconducir de
alguna manera la situación.
José Carlos Gª Fajardo

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Acerca de nesemu o garciafajardojc@gmail.com

cfr en www. garciafajardo.org o en garciafajardojc@gmail.com o Facebook Profesor Eméritus Universidad Complutense Madrid, Estudió en universidades Complutense de Madrid Doctor en Derecho, Gregoriana de Roma, Pontificia de Salamanca, Escuela Oficial de Periodismo, Profesor Eméritus Facultad Ciencias de la Información, U.C.M. , Henley College
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