Hartazgo

Nuestros telediarios están poblados de imágenes que nos dan la sensación de “ya visto” y según el principio de que lo que ya se conoce no causa tanto miedo, -aunque sí el necesario temor para permanecer impasibles y abotargados-, no vacilan en repetir las mismas imágenes de apoyo. Se trata de evitar la disonancia cognoscitiva. No ir en contra de las predisposiciones de una audiencia amansada ante la que se presenta el mundo como un escenario en el que se amenazan la seguridad, el orden, lo establecido, la tranquilidad, aunque sea a costa de los derechos humanos fundamentales para todos. El malo, como el infierno de Sartre, siempre es “el otro”.
Llevo meses midiendo los espacios informativos de TVE, por ser la pagada con los impuestos de todos, y no sólo de un partido, ideología o negocio. La mayor parte de los días hay que esperar hasta el minuto 45 para escuchar, como de paso, alguna noticia positiva, algún acto de solidaridad, un nuevo medicamento, algo “bueno”, una rica cosecha o algún método que no agreda al medio ambiente. Esto en alguno de los casi 25 países de América, los 58 de África, los innumerables de Asia y de Oceanía.

¿Es posible que no seamos capaces de recordar alguna noticia positiva referida a uno de esos más de 200 países cuyos representantes pacen en la ONU? Muchas veces lo he preguntado en mis clases de periodismo y comenzaba a enumerar países, áreas geográficas pobladas por miles de millones de seres humanos. Los silencios eran atroces.

Otro tanto sucede con los mensajes publicitarios, palabras empleadas, el tono, los giros, las imágenes, la banalidad e imbecilidad más casposa. En nuestro coche, en nuestro cuarto de estar o en el descanso de vacaciones. Nos agreden, interrumpen, se cuelan, nos salpican pero cuentan con nuestra inercia para no cambiar y poder seguir algo que nos interesa. Pero el mensaje queda y en algún tiroides o glándula de nuestro almario se van acumulando, como residuos tóxicos, nucleares o químicos.

Hemos alcanzado un hartazgo de muchedumbres conectadas.

Aquellas muchedumbres solitarias de David Riesman a las que no era preciso convencer mediante argumentos, pruebas y demostraciones, sino que bastaba con regarlas con lluvias finas pero persistentes, hasta empaparlas e incapacitarlas para pensar por su cuenta. Nos hablan de miles de millones de euros, de cientos de miles de millones en deudas, en gastos militares, en rescate de bancos de los que no somos accionistas. Sólo perdedores, asustados porque mañana, todo puede ser peor, todavía.

José Carlos García Fajardo

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Acerca de nesemu o garciafajardojc@gmail.com

cfr en www. garciafajardo.org o en garciafajardojc@gmail.com o Facebook Profesor Eméritus Universidad Complutense Madrid, Estudió en universidades Complutense de Madrid Doctor en Derecho, Gregoriana de Roma, Pontificia de Salamanca, Escuela Oficial de Periodismo, Profesor Eméritus Facultad Ciencias de la Información, U.C.M. , Henley College
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