Sin prepotencia

Muchos critican los recortes en la cooperación. Bastaría aplicar el precio justo a las importaciones de esos países, no imponerles nuestro transporte y respetar sus modos de producción, no repúblicas bananeras.

El orden económico propio del socialismo real o el del capitalismo salvaje, que anima el neoliberalismo de pensamiento único, son violaciones flagrantes de la dignidad humana. Por eso son recusables y se impone la insumisión y la rebeldía de la comprensión, de la solidaridad y de la entrega en una búsqueda consciente de una sociedad nueva donde la paz sea tan natural como el aire para el vuelo.

Algunas asociaciones están creando un nuevo tipo de cooperante sin práctica personal de la acción solidaria. ¿Por qué se arrogan el derecho de saber que es lo bueno para el bien público? ¿Quién elige a sus miembros? ¿Son verdaderamente no gubernamentales con tantas subvenciones de los estados? Algunos gobiernos se irritan. Tras su campaña contra los ensayos nucleares en el Pacífico, Francia llegó a calificar a Greenpeace de asociación “sin fe ni ley”. Ahora bien, las ONG internacionales son ya más de 30.000 e incontables las locales. Nacen de la combinación entre la necesidad y la solidaridad. No tienen el poder de los gobiernos o el dinero de las multinacionales, pero sí una patente fuerza moral, la fuerza de la razón: hay que contar con ellas, se han vuelto imprescindibles.

Se multiplican ofertas de masters, graduaciones y hasta titulaciones para hacer carrera en la cooperación. Si ese es el destino del voluntariado social, mejor es devolver al Estado la responsabilidad de las relaciones económicas, culturales y sanitarias internacionales. Mientras tanto, trabajaremos para conseguir una acción política más justa y solidaria que haga innecesaria la actuación de estos nuevos yuppies de la cooperación. La sociedad civil no puede abdicar de su responsabilidad más auténtica sin arriesgarse a perder su razón de ser.

De ahí que muchos voluntarios solidarios de la primera hora sostengan que son torpes los criterios de magnitud en las organizaciones, por la cantidad en las cifras de la cooperación y por pretender valorar una actividad por el número de sus proyectos, o de un “balance” de resultados. La actitud de las organizaciones humanitarias define su naturaleza. En estos momentos, en el seno de muchas ONG, se corre un serio peligro de implicación en proyectos de desarrollo con criterios propios de un modelo inhumano que ya ha superado los parámetros de la injusticia. Cooperar en un sistema injusto es aumentar la injusticia. Por muy buena intención que se tenga.

José Carlos Gª Fajardo

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Acerca de nesemu o garciafajardojc@gmail.com

cfr en www. garciafajardo.org o en garciafajardojc@gmail.com o Facebook Profesor Eméritus Universidad Complutense Madrid, Estudió en universidades Complutense de Madrid Doctor en Derecho, Gregoriana de Roma, Pontificia de Salamanca, Escuela Oficial de Periodismo, Profesor Eméritus Facultad Ciencias de la Información, U.C.M. , Henley College
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