Responsabilidad social

El boom de las ONG toca techo y presenta una cierta fatiga en relación al impulso de su primer fervor, por lo que tienen que dar paso a los organismos que puedan prestar una ayuda eficaz. O ayudar a crearlos. Los voluntarios seguirán luchando por la justicia y por los derechos sociales para todos.
Siempre ha habido personas generosas que se han preocupado por los demás con motivos religiosos, políticos o altruistas. Pero el fenómeno sociológico del voluntariado social, movido por la pasión por la justicia y por la compasión transformada en compromiso, comenzó en la década de los setenta. Al cabo de este tiempo hay signos de los peligros que corre la generosidad de los voluntarios: partidos políticos, gobiernos, sectas e intereses empresariales.
El voluntario es una persona que trabaja y cede parte de su tiempo para ayudar en esa labor social. O un jubilado con tiempo liberado. No es admisible que haya personas que han hecho del voluntariado una forma de vida, cuando no una necesidad cuestionable.
El voluntariado siempre será necesario porque aporta un plus de humanidad, sin olvidar que lo que se debe en justicia no hay que darlo en caridad. Nos movemos acuciados por la pasión por la justicia y, en nuestra tarea, siempre subsidiaria, aportamos la delicadeza en el modo y la firmeza en los fines.
Cuando el candidato llega a una ONG necesita una formación adecuada.
La responsabilidad final de cualquier error y de la buena marcha es la organización.
El protagonista de la acción social del voluntariado no es ni la organización ni el voluntario. Es el marginado, el que padece la injusticia. O la solidaridad es una respuesta ante toda desigualdad injusta o puede derivar en mera compasión o beneficencia. O un sucedáneo que emponzoña la herida y se convierte en cómplice de los responsables de esa situación injusta.
El candidato a voluntario debe escoger la asociación que vaya con sus preferencias y capacidades, y aquella tiene la obligación de seleccionar a los candidatos más idóneos para las tareas propias de esa organización. Es falso que cualquier persona tenga derecho a entrar en cualquier organización. Y peligroso. No hay más que leer la legislación que regula el voluntariado social. El voluntario tiene que sentirse a gusto cooperando física y económicamente, dentro de la asociación que lo ha admitido, formado y ayudado en sus tareas con una conducta acorde con los principios de la ONG. No cabe planteamiento asambleario alguno. El que no se sienta a gusto debe buscar otra organización en donde pueda estarlo.

José Carlos Gª Fajardo

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Acerca de nesemu o garciafajardojc@gmail.com

cfr en www. garciafajardo.org o en garciafajardojc@gmail.com o Facebook Profesor Eméritus Universidad Complutense Madrid, Estudió en universidades Complutense de Madrid Doctor en Derecho, Gregoriana de Roma, Pontificia de Salamanca, Escuela Oficial de Periodismo, Profesor Eméritus Facultad Ciencias de la Información, U.C.M. , Henley College
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