Un corazón a la escucha

La víspera de su coronación, el joven Salomón  escuchó, en sueños: “Por la memoria de tu padre, el rey David, pídeme lo que quieras”. Y el joven, “Dame, señor, un corazón a la escucha”. (Leb shemá Yahvé, Adonai El Saddai), que S. Jerónimo habría de traducir “Dame un corazón prudente”, que no es lo mismo.
Acoger a los demás, a quien sea y donde sea. Sin esperar nada a cambio, por el placer de compartir.
Cuando se produce un encuentro es porque alguien buscaba y  otro aguardaba, sin saberlo. No se habían puesto de acuerdo para salir a la misma hora, porque todo encuentro tiene lugar a mitad del camino. Nadie nace la víspera d’une rencontre.
Durante cuarenta años, cuando llegaban estas fechas de finales de curso, junto a una especie de nostalgia, porque ya se estaban yendo aquellos con los que había vivido nueve meses “para compartir saberes”, se abría camino una sensación de ausencia. Como de alerta que iba a atemperar la separación. Tenía que cambiar de actitud porque otras personas ya estaban en camino. Estarían con las pruebas de acceso a la universidad, ultimando exámenes, preocupados, ilusionados, con cierta aprensión ante lo desconocido.
Aterrizar en la universidad con 18 años, quizás lejos de casa y de la familia, de los amigos de siempre, del propio ambiente era un verdadero “rito de paso”. Y esos jóvenes no sabían que algunos profesores, de muy diversas edades y talantes, los estábamos aguardando. Todo lo que estos profesores leyéramos, visitáramos, padeciésemos o disfrutásemos, en cierta manera, iba a añadirse al disco duro que se activaría desde el primer día de clase e irían saliendo en las clases. Porque un auténtico profesor no puede explicar del mismo modo la materia de cada año. La vida pasa, las cosas cambian y eso influye en la forma de explicar la Revolución Francesa o las conmociones sociales del XIX, la toma del Palacio de invierno o el auge de los fascismos, las dos Guerras, o las de Corea, Vietnam o de descolonización, Irak o Afganistán, la UE o la globalización. Los datos permanecerían en los libros pero su interpretación en la universidad dependería de la realidad vivida. La historia no comprende todo el pasado sino lo que de una época interesa a otra. Si leemos y estudiamos a autores y los acontecimientos del pasado no es tanto para interpretarlos como para comprendernos a nosotros mismos. Lo demás es erudición. La sabiduría es otra cosa, provioene de sapere, degustar, metabolizar, incorporar hasta el punto de no recordar en donde se ha leido. En cada clase se produce un happening, porque existe un feed back, asociaciones libres provocadas por los acontecimientos. Muchas veces, al acabar la clase e irme al despacho me decía «no sabía que supiéras eso». Una clase tiene que ser creativa, un poema (de poieo, creación), algo nuevo y deslumbrante. De lo contrario, qué aburrimiento. Con decirles que leyeran tales libros, darles unos apuntes (horror) y un programa y examinarlos a final de curso. Eso no sería la inefable experiencia de la universidad.
Por eso, cuando llegaban parecían inquietos, el silencio se hacía más intenso, se miraban de reojo como preguntándose si aquella sería la clase que les correspondía. Pasaban los momentos kairós, mientras el profesor seguía, en tono más bien moderado, con la acogida que les había hecho: “Ya han llegado. Los esperaba. No creerán que ni ustedes ni yo nacimos ayer. Ustedes llevan 18 años de camino y yo ya llevo unas cuantas decenas más. Ustedes buscaban sin saberlo y yo les esperaba, sabiéndolo.
Con Rilke, en “Cartas a un joven poeta”, es bueno caer en la cuenta de que “nada extraño nos puede acontecer fuera de lo que nos pertenece desde largo tiempo.”
Luego, seguía con el programa de la asignatura, bibliografía, trabajos, las reglas de juego, datos, fichas, tutorías y que nunca olvidasen lo que, probablemente, no leyeron en el dintel de la puerta “El que no tenga nada que hacer, que no lo venga a hacer aquí”. No pierdo tiempo en pasar lista, pero sí necesito silencio para desarrollar el tema, que cada viernes les habré adelantado. No quiero que se lleven sorpresas con lo que vaya a explicar: Se trata de “Historia universal contemporánea”, tienen programa y textos, aprovechen el fin de semana para traerlo .preparado o, al menos, para haberlo leído antes. Ustedes sabrán de qué voy a hablar, el cómo… es cosa mía. Desde luego, no contaré lo que ya está en los libros.
Y al final, mientras recogía mis papeles, les decía con algo de retranca gallega: “He oído decir que, en institutos y colegios, algunos profesores padecen estrés…Olvídenlo, ni lo sueñen». “La universidad es un ayuntamiento de maestros ed escholares, fecho en algún lugar con ánimo e volontá de compartir saberes.
No recuerdo haber lamentado nunca seguir la advertencia de Virgilio “Si vir invenent, silent. Cuando encuentran a una persona convencida de algo, la respetan.

J.C. Gª Fajardo

Acerca de nesemu o garciafajardojc@gmail.com

cfr en www. garciafajardo.org o en garciafajardojc@gmail.com o Facebook Profesor Eméritus Universidad Complutense Madrid, Estudió en universidades Complutense de Madrid Doctor en Derecho, Gregoriana de Roma, Pontificia de Salamanca, Escuela Oficial de Periodismo, Profesor Eméritus Facultad Ciencias de la Información, U.C.M. , Henley College
Esta entrada fue publicada en Bajo el árbol de la Palabra. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s