Biografía Albert Einstein

Nació en la ciudad bávara de Ulm y al año siguiente, la familia se trasladó a Munich.

Albert Einstein tuvo una infancia y adolescencia conflictiva debido a su carácter.

En 1896 inició sus estudios superiores en la “Eidgenossische Technische Hochschule” de Zurich y seis años más tarde, en 1902, comenzó a trabajar en la Oficina Confederal de la Propiedad Intelectual de Berna, donde trabajó hasta 1909.

En 1905, siendo un joven físico desconocido, Albert Einstein publica su Teoría de la Relatividad Especial, donde incorporó, en un marco teórico simple y con base en postulados físicos sencillos, conceptos y fenómenos estudiados anteriormente por Henri Poincaré y Hendrik Lorentz.

En 1909 inició su carrera como docente en la Universidad de Zurich y años más tarde, Albert Einstein se trasladó a Berlín como miembro de la Academia de Ciencias prusiana.

El estallido de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) le forzó a separarse de su familia, la cual no volvió a ver.

A partir de 1933, con el acceso de Hitler al poder, debió renunciar a la ciudadanía alemana y trasladarse a Estados Unidos, en donde pasó los últimos años de su vida, trabajando en el Instituto de Estudios Superiores de Princeton.

En plena Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Albert Einstein apoyó una iniciativa de Robert Oppenheimer para iniciar el programa de desarrollo de armas nucleares, aunque nunca quiso que fueran utilizadas.

Albert Einstein tuvo siempre una inclinación hacia la política y el compromiso social como científico, interesándose profundamente por las relaciones entre ciencia y sociedad y manifestándose abiertamente antibelicista.

En 1921 obtuvo el Premio Nobel de Física por su explicación del efecto fotoeléctrico y sus numerosas contribuciones a la física teórica

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La voz de la experiencia

Cuando examino mis métodos de pensamiento, llego a la conclusión de que el don de la fantasía me ha significado más que mi talento para absorber el conocimiento positivo.
Al principio todos los pensamientos pertenecen al amor, después todo el amor pertenece a los pensamientos.
No se como será la tercera guerra mundial, sólo se que la cuarta será con piedras y lanzas.
No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela.
El científico encuentra su recompensa en lo que Henri Poincare llama el placer de la comprensión, y no en las posibilidades de aplicación que cualquier descubrimiento pueda conllevar.
No podemos resolver problemas usando el mismo tipo de pensamiento que usamos cuando los creamos.

Einstein

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Estar vivo es maravilloso

“Estar vivo es algo maravilloso, un milagro, quizás el más grande de los milagros. En dos o tres segundos de respiración, puedes reparar que estás vivo… Vamos a practicar este ejercicio. Al inspirar celebro la vida en mí mismo y alrededor mío. Es agradable saber que tenemos un cuerpo, que además éste es una maravilla. Cuando pasas dos horas al ordenador puedes olvidarte de que tienes cuerpo. Cuando tu cuerpo no está con tu mente, no te encentras realmente vivo. Al respirar tomas consciencia de que tienes un cuerpo. El cuerpo contiene la Madre Tierra, el Padre Sol y las estrellas. El cuerpo lleva igualmente consigo a todos los antepasados. Podemos establecer ese contacto. Inspirando tomo conciencia de que tengo un cuerpo. Al expirar sonrío a mi cuerpo que es una maravilla”.
Thich Nhat Hanh

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robadores de momentos

En China meridional se alzaba un monasterio que había logrado sortear los avatares de las revoluciones y de los cambios políticos. Un Abad lo dirigía ayudado por un Prior, un Ecónomo y un Maestro que se ocupaba de los novicios, junto con los monjes profesos que cooperaban en su formación y en mantener los ritos en el templo. Su prestigio era grande y hasta él llegaban viajeros y peregrinos desde los confines del imperio del Centro, aunque ya no recordaban los tiempos en que el Hijo del Cielo habitaba en la Ciudad Prohibida. Tenían huertas y jardines, aparte de un bosque cercano.

Atravesando el muro que lo circundaba, había una discreta puerta que conducía a unos terrenos que antes fueran huertas y que ahora también tenía un jardín. Estaba organizado de acuerdo con las estaciones y con los principios tradicionales (del feng shui). Este espacio estaba limitado por la ribera de un río que había servido como embarcadero para las gabarras que transportaron los materiales para reconstruir el antiguo monasterio. En ese espacio entre el río y la edificación había unas chozas sencillas pero airosas que cercaba una especie de terraza de madera protegida por un barandal en donde se solía sentar el anciano para trabajar en sus esteras y pinturas, y también para descansar al atardecer de los días que se vertían al mar. Una de las chozas le servía como vivienda y espacio para el estudio. En otra había un sencillo ámbito para la meditación con una estera, algún cojín y un cuenco en el que ardía una luz ante una piedra sin pulir. También había otro cuenco con arena en la que el anciano clavaba algún palo de sándalo o de incienso durante sus veladas. Estaba la choza en que habitaba Sergei, el ayudante siberiano del Maestro que se ocupaba de las comidas y le ayudaba en el mantenimiento del jardín y de las carpas doradas. Es cierto que este pícaro hacía escapadas al monasterio con el pretexto de hacerle recados al Ecónomo y poder así bajar montado en un burro al pueblo cercano. Al anciano le divertía porque era vivo y noble a la vez, muy despierto y deseoso de saber pero un pillo y zascandil que hacía honor al apodo de “liebre de las estepas” con que le llamaba el Maestro. No servía para monje, eso estaba claro, pero andaba en busca de su camino y, mientras tanto, era feliz compartiendo esta vida en las chozas que le daba un cierto empaque a la hora de deambular por las cocinas del monasterio dejándoles creer que era el depositario de las confidencias del admirado y venerado anciano. Era conocida su expresión cuando se interesaban por algo de la vida en las chozas “Ah, de eso… soy un mudo”. (Algunos en la cocina se referían a Sergei como al “mudo charlatán”).

Por último, había otra choza tan humilde como las demás para acoger a algún huésped de paso, sobre todo de los antiguos discípulos del Maestro que a veces se acercaban a presentarle sus respetos o hacer alguna consulta al anciano. También recibía en la terraza sobre la orilla a alguna visita de paso o a algún monje que se lo había pedido cuando iba al monasterio. Como el tiempo, que nace mientras muere.

Una vez por semana comentaba a los monjes las Escrituras, sobre todo el sutra del Diamante, pero también los grandes textos de Laotzú y de Chuangtzú, pero aquí, en este espacio de serenidad, utilizaba cuentos, proverbios y relatos de las más importantes tradiciones, o que se le ocurrían sobre la marcha. Le encantaba saborear la sabiduría de los maestros chinos, indios, persas, Zen, judíos, sufíes o tibetanos. Su saber era amplio y no abrumaba.

Por lo demás, apenas salía de este recinto si no era para bajar al pueblo a atender a algún enfermo o necesitado a primeras horas de la tarde.

Nadie del Monasterio, ni siquiera el Abad o sus ayudantes pasaban sin previo aviso. Todos respetaban su retiro desde que había abandonado la dirección y responsabilidades en el monasterio que había ido restaurando con un puñado de amigos, pero, al crecer en importancia, hacía años que anhelaba verse liberado de esa carga y regresar a una vida sencilla trabajando la huerta, cuidando el jardín y vacando al silencio y a la contemplación de tanta armonía.

Profesor Fajardo, rdm

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El genio hace lo que debe y el talento lo que puede

Un genio es el que es capaz de ver la idea en el fenómeno. Schopenhauer
El genio se compone del dos por ciento de talento y del noventa y ocho por ciento de perseverante aplicación.  Beethoven
El genio es un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de sudor. Edison
El destino del genio es ser un incomprendido, pero no todo incomprendido es un genio. Emerson
En la adversa fortuna suele descubrirse al genio, en la prosperidad se oculta. Horacio
El secreto de la genialidad es el de conservar el espíritu del niño hasta la vejez, lo cual quiere decir nunca perder el entusiasmo. Aldous Huxley
Genio es aquel que, en todo instante, sabe plasmar en hechos sus pensamientos.  Théophile Gautier

A Picasso, hasta los que le detestan, le soportan, porque nunca usa el talento. Sólo usa el genio. Sus obras nunca son pensamientos. Son actos.

Jean Cocteau

No os preocupéis, amigos, por lo que digan… lo que a otros les parece absurdo o demencial…a veces, es el rumor de algo distinto y a veces, genial. Cada uno de nosotros puede repetir “Yo sé quién soy” y seguir con su tarea sin esperar que todos lo comprendan. Está bien así, por eso somos robadoresdemomentos.
J. C.

 

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A veces tenemos destellos geniales, tranquis y mucha calma

El genio se compone del dos por ciento de talento y del noventa y ocho por ciento de perseverante aplicación.  Beethoven
El genio es un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de sudor. Edison
El destino del genio es ser un incomprendido, pero no todo incomprendido es un genio. Emerson
En la adversa fortuna suele descubrirse al genio, en la prosperidad se oculta. Horacio
El secreto de la genialidad es el de conservar el espíritu del niño hasta la vejez, lo cual quiere decir nunca perder el entusiasmo. Aldous Huxley
Genio es aquel que, en todo instante, sabe plasmar en hechos sus pensamientos.  Théophile Gautier
A Picasso, hasta los que le detestan, le soportan, porque nunca usa el talento. Sólo usa el genio. Sus obras nunca son pensamientos. Son actos.
Jean Cocteau

No os preocupéis, amigos, por lo que digan… lo que a otros les parece absurdo o demencial…a veces, es el rumor de algo distinto y a veces, genial. Cada uno de nosotros puede repetir “Yo sé quién soy” y seguir con su tarea sin esperar que todos lo comprendan. Está bien así, por eso somos robadoresdemomentos.
J. C.

 

 

 

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No hay que renunciar a la vida cotidiana; se puede meditar y seguir cumpliendo las obligaciones mundanas, así fluirá la Energía incluso cuando estés absorto en el trabajo. De este modo, tu actitud hacia las personas, los objetos y los acontecimientos cambiará gradualmente. Tus acciones se acompasarán a tus meditaciones. A lo que hay que renunciar totalmente es al egoísmo que nos liga al mundo; renunciar al falso ego es la auténtica renuncia.
Ramana Maharshi.

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