Celebrar el auténtico voluntariado social

Nada se aleja más de un auténtico voluntariado social que:

– Invadir el terreno de los profesionales. Es preciso colaborar con los profesionales en tareas que sería más difícil realizar puesto que se trata de un modo de actuar que no se encuentra en el mercado laboral.

– Imponer ideologías, políticas, culturales o religiosas, aunque es natural que cada uno tenga sus opciones personales no tiene derecho a imponerlas en su actividad como voluntario social.

– Utilizar al excluido como herramienta para satisfacer su curiosidad o sus necesidades profesionales como si los demás fueran objetos de su curiosidad o, lo que es peor, de su experimentación. Las personas son sujetos, un fin en sí mismas, nunca objetos.

– Crear dependencia con el asistencialismo, pues el voluntario quiere desarrollar en las personas y en los grupos capacidades que los lleven a la autonomía. Reconocemos que muchas veces puede existir un componente asistencial que cubre necesidades urgentes y prepara una actuación para la autonomía a largo plazo del sujeto.

– Dar limosna desde la compasión, pues supera la relación de alteridad para insertarse en la más profunda reciprocidad. En el voluntariado social tenemos claro que lo que se debe en justicia no se ofrece en caridad.

– Confundir los deseos con la realidad. El voluntariado sabe asumir sus límites. En la organización del trabajo voluntario, hay que diseñar programas realistas y factibles pues de otra forma se fomentan la desilusión y la desesperanza, cuando no la pérdida de la confianza en las capacidades de desarrollo humano, económico y social de las personas.

Admiramos a las personas capaces de comprometerse con ideales generosos y de superar ideologías que hacen del ser humano un objeto de mercado, de fascinación o de intercambio. Es posible la esperanza porque es posible decir no y ponernos en camino junto a millares de personas que no quieren resignarse. Nadie nos había prometido que fuera fácil y, si nadie tiene que mandarnos, ¿a qué esperamos?
El voluntariado siempre será necesario porque aporta un plus de humanidad. Nos movemos acuciados por la pasión por la justicia y, en nuestra tarea aportamos la delicadeza en el modo y la firmeza en los fines.

José Carlos Gª Fajardo. Prof. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios para el Desarrollo

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Ser y sabernos nosotros mismos

Nada extraño ni ajeno nos puede acontecer fuera de lo que nos pertenece desde largo tiempo… aunque no lo supiéramos.

Tenemos que despertar al hecho de que todo está conectado a todo lo demás.
Nuestra seguridad y bienestar ya no pueden ser asuntos individuales.
Si “ellos” no están seguros, no hay forma de que “nosotros” podamos estar seguros.
Cuidar la seguridad de otras personas es cuidar nuestra propia seguridad.
Cuidar de su bienestar es cuidar nuestro propio bienestar.
La mente de la discriminación y la separación 
es la base de toda violencia y odio.

Estas palabras del Maestro Thich Nhat Hanh, pueden ayudarnos a comprender nuestro aquí y nuestro yo, nuestra tarea diaria, vital y compartida. Nada extraño ni ajeno nos puede acontecer fuera de lo que nos pertenece desde largo tiempo… aunque no lo supiéramos. El fallecimiento por accidente de mi querida e inolvidable esposa, Valle, después de 53 años juntos… ni estaba previsto ni se le esperaba. Pasado el llanto y desarrollando el duelo como experiencia inefable, de la que no se puede ni fablar… es algo real aunque nadie lo esperaba. Pero esa es la realidad aquí y ahora. Mañana no existe, es una hipótesis. Ayer… ya pasó, aunque deje sus cicatrices que procuro “duchar” cada día, en el silencio y en la ducha, con el fisio que me atiende, con familiares y amigos, escribiendo, caminando, ayudando en todo cuanto puedo, respirando y dejándome querer por los hijos  y amigos de largo recorrido que me atienden, visitan y procuran lo mejor en mi situación actual: viviendo solo en una casa nueva pero en la que tengo libros, recuerdos, música, invito a amigos, compartimos muchas cosas ….y tengo mi tertulia semanal con amigos y conocidos de mi edad o parecida y procuro compartir saberes, escuchar, acoger. comprender mientras nos tomamos un café, en una terraza cercana.
La vida sigue pero “necesita”, en cierto modo, la participación cada vez más consciente de nosotros… Por eso, abramos caminos y espacios a la esperanza, a lo que nos suceda aquí, ahora y… si llegamos a mañana pues que nos pille ligeros de equipaje, como querían Machado y tantos otros amigos y maestros.
Nadie sabe de lo que es capaz hasta que se pone a hacerlo… porque “toca”….
¿Quién nos pidió permiso para nacer y en tales o cuales circunstancias? Pues aceptémoslo, demos gracias a la vida, abrámonos al encuentro o al “reencuentro”, celebremos cada momento de nuestro vivir… siempre, siempre “compartido”, aunque parezca que vivo sólo día y noche. Nooo. Eso es una apariencia… la realidad es más honda: despertar para ver salir el sol desde esta terraza, o la luna cuando se tercia, regar las plantas, “HACER SILENCIO”, sonreír, y si resbalas y puedes te levantas, si no pides ayuda yo, personalmente, llevo siempre la pulsera de Teleasistencia. Nunca pasa “nada” y, si pasa, ¿qué importa y si importa… ¿qué pasa?
Un fuerte abrazo y ya sabéis en donde poder reencontrarme, pues somos “robadores de momentos”, no ladrones.
Profesor Fajardo, rdm
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Dimensión antropológica de la solidaridad

Somos seres sociables que podemos mejorar el bienestar de la comunidad y el propio. La mutua solidaridad incrementa lo mejor de cada uno para el servicio de los demás. Al profundizar en la dimensión antropológica de la solidaridad, esta se expresa como una necesidad de restaurar la unidad de derechos originaria. No es de extrañar que el voluntariado se plantee como plataforma de la reivindicación de justicia para que la solidaridad sea algo real. La compasión no basta, aunque sea esencial para el compromiso. Es bueno reflexionar sobre sus características que nos revelan sus señas de identidad:

– La gratuidad, pues es la donación de sí mismo y la conciencia de ser para los demás lo que sostiene su concepción de la vida

– La continuidad, ya que no se pueden crear necesidades en aquellas personas que no estemos dispuestos a seguir ayudando.

– La preferencia vocacional del voluntario, ya que uno hace mejor aquello que le gusta y para lo que está más preparado.

– La responsabilidad personal sostenida por su equipo que desarrolla el proyecto de la Organización con la que trabaja.

– El conocimiento, respeto y valoración de las diferentes personas o pueblos que pueda encontrarse en la realización de su tarea.

 José Carlos Gª Fajardo. Prof. Emérito U.C.M.

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Mientras eres voluntario social

Cuando uno se entrega a los demás recibe mucho más de lo que ofrece. Porque es cierto que “hay más alegría en dar que en recibir”.
 
El voluntario viene a disfrutar ayudando a los demás. Pero el cuidado por el detalle, la excelencia en la calidad son exigencias inexcusables del voluntariado, regido por el principio de la obra bien hecha. Por eso ha de asegurarse de que cuentan con él o con ella a la hora de colaborar en la elaboración, diseño, ejecución y evaluación de los proyectos.
La formación sin servicio puede ser tan estéril como la acción sin la formación adecuada. La improvisación, la rutina, la falta de seriedad y de cumplimiento de los compromisos pueden hacer un daño irreparable.
Si el voluntario no está contento con el proyecto al que estás asignado, conviene que hable con los responsables para encontrar la manera de que se sienta más útil en otra actividad. Debe desconfiar de la tentación de cambiar de servicio “para conocer otros campos o para formarse mejor”: los marginados y los beneficiarios de nuestro servicio jamás podrán ser objeto ni instrumento para ningún fin, por excelso que sea, porque ellos son un fin en sí mismos y sujetos de la relación que se establezca.
Ser voluntario tiene que producir beneficios mutuos para todos los que estén involucrados en ello. Si no se puede continuar el compromiso, conviene decírselo al responsable del proyecto, no abandonarlo sin más. El voluntario no tiene derecho a crear falsas expectativas si no las va a poder cumplir.
El voluntario social no tiene que hacer gastos extraordinarios. Si el proyecto al que está asignado exige gastos de desplazamiento, por ejemplo, debe ir a la sede de la Organización para ser reembolsado. Pero conviene recordar que los proyectos necesitan medios económicos, incluidos los que el voluntario o la voluntaria pueda dar, en función de sus posibilidades. Es un sofisma pensar que con la ayuda personal ya “hace bastante”. También hay que preguntarse si no sería posible animar a otras personas a cooperar con la organización.
Aunque suene a tópico, cuando uno se entrega a los demás recibe mucho más de lo que ofrece. Porque es cierto que “hay más alegría en dar que en recibir”. Ser voluntario constituye una valiosa y divertida experiencia.
José Carlos Gª Fajardo
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Los voluntarios sociales son SOLIDARIOS

SOLIDARIOS, no “transformers”, palabro polivalente e inadecuado para el voluntariado social.
La solidaridad que queremos construir supone cambios sociales, no sólo superficiales sino estructurales que, partiendo de lo más profundo de nuestro ser, influyan y cambien nuestra sociedad y nos abran a un futuro sostenible. La solidaridad se forja cuando comprometemos nuestra vida, nuestro tiempo, nuestros conocimientos y nuestra voluntad de cambiar una sociedad que no nos gusta por otra más humana, más digna y más justa. Por eso no todo está perdido y si es cierto que “la noche nace al mediodía” como sostienen los sabios chinos, no lo es menos la proposición contraria que se encuentra en la afirmación anterior: dado el abismo en que ha desembocado nuestra sociedad de consumo, de crecimiento ilimitado y de progreso incontrolado, es posible que nos encontremos en la aurora de un nuevo amanecer que desarrolle la nueva cultura de la solidaridad.
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No intentar cambiar a las personas en lo que no son

– Maestro, si tú no crees en el cielo ni en el infierno ni veneras a los dioses, ¿por qué te ocupas en servir a los pobres y ayudar a que los demás lo hagan? – le preguntó un día Sergei, mientras regresaban de bañar a una anciana impedida.
– ¿Y por qué sale el sol cada mañana?- respondió el Maestro sin dejar de caminar.
– Porque eso está en la naturaleza de las cosas – respondió rotundo el discípulo.
– Pues eso, Sergei, pues eso. El Maestro Fun Chang nos enseña que no hay que transformar a las personas en lo que no son, sino en aceptar lo que son, en comprender su experiencia de la vida. ¿Acaso arrancamos del jardín las plantas que no son robles? Las rosas no quieren ser robles, Sergei, quieren ser rosas.

José Carlos Gª Fajardo. Profesor Emérito U.C.M.
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Aspirante a novicio

El aspirante

Un día en que Sergei preparaba unos alcorques cercanos a la puerta que los separaba del monasterio vio a un joven monje que le hacía señas. Sergei se acercó y cuando iba a preguntarle qué deseaba ambos oyeron la voz templada del anciano que también estaba inclinado sobre un alcorque con la azada en la mano. “Dile que pase y que se siente en la terraza, y que vaya calentando agua para el té” A Sergei no le gustaba nada que alguien entrase en “su” cocina, pero no dijo nada porque sabía que allí no se daba puntada sin hilo.
El aspirante a novicio, ni siquiera lo habían admitido entre ellos, había sido destinado a la cocina. Pero no hacía más que preguntarse si estaría en el camino correcto, cual sería el grado de su progreso, si no se abría equivocado de sendero.
Por eso, acudió y se postró a los pies del anciano y, después de besar sus sandalias, le preguntó conmovido:
– Dime, Venerable Maestro, ¿cómo podré estar seguro de haber escogido el auténtico camino hacia la libertad suprema?
El Maestro se inclinó lleno de dignidad hacia el aspirante y le musitó al oído:
– Mira, chaval, cuando realmente estés en la senda ya no te harás ese tipo de preguntas. Ahora, siéntate para compartir un poco de té y luego vete a ocuparte de tus tareas, y deja ya de atormentarte… y de atormentarnos.
Con el paso del tiempo, la comunidad no dejaba de preguntarse por el arcano secreto que el Maestro le había comunicado a aquel aspirante. La verdad es que todo iba mucho mejor en la cocina.

José Carlos Gª Fajardo. Profesor Emérito U.C.M.
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