Vivimos en un entorno moral contaminado. Nuestra moral enfermó porque nos habíamos acostumbrado a expresar algo diferente de lo que pensábamos. Aprendimos a no creer en nada, a hacer caso omiso de los demás, a preocuparnos sólo por nosotros mismos. Conceptos como amor, amistad, compasión, humildad o perdón perdieron su profundidad y sus dimensiones, y para muchos de nosotros pasaron a representar tan sólo singularidades psicológicas.
Václav Havel, ex presidente República checa, gran pensador y dramaturgo que padeciò el Gulag soviético

Anuncios
Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Los derechos humanos universales no se discuten

 
Porque esos derechos son una categoría antropológica de las personas. No pueden ser una opción porque no hay otra similar en valor, en dignidad y en excelencia. Puede una sociedad determinada no reconocerlos y actuar como si no existieran, o como si dependieran de la sanción del poder legislativo. Esa actitud será legal, puesto que legislada, pero no justa. Como legales fueron los campos de concentración alemanes y soviéticos, el apartheid en Sudáfrica o la esclavitud durante siglos. Ninguna autoridad puede darlos o retirarlos legítimamente.
Estos derechos humanos —políticos y sociales— pertenecen a todos los seres humanos. Todos. Lo más que pueden hacer los poderes políticos es reconocerlos. Pero, aunque no lo hicieran, como sucede cada día en tantos lugares del mundo, no hay que esperar orden de mando alguna: es preciso arrebatarlos y ejercerlos.
Es unánime la doctrina jurídica de que, ante cualquier tiranía, no sólo es lícito rebelarse y matar al tirano, sino que la resistencia se convierte en deber ético.
Vivimos enajenados por la falacia de que las cosas no son hasta que las dictan los poderes dominantes. No hay que esperar ley ni permiso alguno para ejercer los derechos fundamentales, como el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de felicidad. Con todos los derechos sociales que de ahí se derivan: trabajo, salud, cultura, vivienda digna, libertad de pensamiento y expresión, libre asociación, diversidad y la participación en la cosa pública como suma de todos los derechos políticos.
Sostiene el premio Nobel José Saramago que es preciso inventar gente mejor, que se sepa ciudadano, y no permitir que nadie nos engañe. El escritor denuncia la incompatibilidad entre la actual globalización económica y los derechos sociales. No duda en calificar a la primera como una nueva forma de totalitarismo contra la que hay que rebelarse. Como en su día nos alzamos contra los campos de concentración, los Auschwitz y los Gulag, contra la esclavitud y la marginación, contra la exclusión y la explotación de los seres humanos por los poderes dominantes.
El problema central es el problema del poder. Antes era reconocible; ahora, no, por- que el poder efectivo lo tienen las multinacionales y los poderes financieros que lo han arrebatado a los políticos. Y si antes los oprimidos podían alzarse contra los poderes tiránicos, fueran reyes o militares, castas sacerdotales u oligarquías, hoy se nos ha ido de las manos en el difuso pero omnipotente magma de las corporaciones económico financieras.
Silenciar los defectos potencia las causas. Pero no todo está perdido. Es posible rebelarse, porque las derrotas, como las victorias, nunca son definitivas. Y Saramago propone la revolución de la bondad activa que acelere la llegada del hombre y la mujer nuevos. Porque hoy, como nunca anteriormente, es posible la destrucción de la humanidad y del medio que la sustenta.
El siglo XXI será el siglo de los derechos humanos porque se va a decidir el destino de la humanidad. A esta rebelión y conquista todos estamos convocados porque nos van la vida, la supervivencia. Pero sólo es admisible un vivir con dignidad como expresión de una sociedad en la que primen la libertad, la justicia y la ética por encima de los intereses y de la fuerza.
La historia demuestra que cuando los poderes opresores, esas minorías enriquecidas que dominan a inmensas mayorías empobrecidas, se plantan y los miran en los ojos, ellos enmudecen.
José Carlos Gª Fajardo
Profesor Emérito U.C.M.
Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Vale la pena arriesgarlo todo para ser uno mismo, y poder decir Yo sé quién soy

Cuentan que lo bueno de ser anciano es que ya eres demasiado viejo para dar mal ejemplo y puedes empezar a dar buenos consejos. Pero hay ancianos enfadados y amargados porque sienten que sus vidas no son lo que podrían haber sido. Se sienten estafados. Se irritan ante la alegría de los jóvenes y no se aceptan a sí mismos porque viven obsesionados por la muerte. Nadie les enseñó a amar la vida, a amarse a sí mismos, a asumir el único sentido de la existencia: ser felices. Y ser feliz es ser uno mismo, poder hacer las cosas porque nos da la gana, no porque lo manden o para alcanzar méritos para una vida de ultratumba. Esto es un chantaje de ciertas religiones e ideologías: posponer la felicidad para mantenernos sumisos. Se encarnizaron con el sexo y con la alimentación, pero, sobre todo, con la libertad de pensar, de actuar, de decir sí o no sin rendir cuentas.

Son buenos el niño, el alumno, el trabajador, el ciudadano que obedece sin preguntar por las causas de la injusticia. Han hecho de la obediencia una virtud. Un buen pueblo, para el que manda, es un rebaño que pasta sin hacer ruido. No hemos nacido sólo para trabajar ni para obedecer.

Es urgente la rebelión de las personas mayores que padecen su soledad como antesala de la muerte. Nunca es tarde para madurar sin confundir el envejecimiento, que es cosa del cuerpo, con la madurez que es crecer hacia dentro y saborear la vida. Una cosa es el Cielo de la conciencia, con sus posibilidades de crecimiento interior, y otra el paso de las nubes de la mente. Descubrirnos gotas en un océano de silencio es trasformar la existencia en una celebración. Es descubrir el universo en el rocío.

No hay mayor provocación que ser uno mismo. Atreverse a ser, a discrepar, a gozar y a realizarse en armonía con el universo. El sabio acepta la realidad imponiéndole su sello: para hacer lo que queramos tenemos que querer lo que hacemos. Porque nada puede morir, tan sólo cambiar de forma. Ya tenemos lo que buscamos. Hay que despertar.
Madurez significa que hemos llegado a casa. La madurez es conciencia, el envejecimiento sólo desgaste. 

José Carlos Gª Fajardo

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

La postergación de la mujer en la Iglesia no está de acuerdo con la praxis de la misma desde el ejemplo, doctrina y acciones concretas de Jesús.

Un interesante artículo sobre la postergación de la mujer en la Iglesia . Bien expuesto y documentado por un teólogo y profesor universitario amigo.Un interesante reflexión bien documentado:https://mail.google.com/mail/u/0?ui=2&ik=c6d8e0b979&attid=0.1&permmsgid=msg-f:1633580238196260562&th=16aba49251c93ed2&view=att&disp=safe&realattid=f_jvovio3m0

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Es necesario tener un bagaje de cosas positivas

La experiencia constatada por sociólogos, médicos y expertos, dice que la sociedad no está preparada ni para los mayores ni para los niños.

Pero la vejez es individual, personal, cada uno debe pensar en la suya. Hay mucha gente que dice: “En mi tiempo eso no pasaba, en mi tiempo eso no era así”. El tiempo no nos pertenece, nosotros somos quienes nos exiliamos del tiempo, nos ponemos al margen. Yo creo que cuando uno madura es necesario tener un bagaje interno de cosas positivas, de sabiduría, para no portarse siempre como un niño pequeño. Hay que ver qué se espera de la vida y aprender a convivir un poco con la soledad. Hay que procurar tener gente a quien se quiere y que te quiere, es tejido que se va creando a lo largo de la vida. Porque, si no, nos sentimos víctimas; y la victimización produce hostilidad contra todos y contra todo.
José Carlos Gª Fajardo

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Vivir hasta morir es vivir lo suficiente

 

Para una vejez satisfactoria

No es posible esperarlo todo del Estado ni de las organizaciones de la sociedad civil, por muy meritoria que sea su labor. Es preciso implicarse comenzando por cambiar de mentalidad ante un hecho que, tarde o temprano, tendremos que afrontar.


Disfrutar de más años de vida supone contar con más posibilidades de seguir madurando y aprendiendo.
Poder compartir su tiempo y experiencias con las generaciones más jóvenes y aportar a la sociedad todo ese saber vivir acumulado a lo largo de los años.
Los hábitos adquiridos a lo largo de la vida, la manera en que cada uno de nosotros hayamos cuidado nuestro propio ser (sin perjuicio de la aparición de determinadas patologías inevitables que afectarán sensiblemente la calidad de vida) o unas relaciones socio-afectivas satisfactorias son algunos de los factores claves del envejecimiento positivo.
En algunos países de la UE muchos mayores eligen vivir solos, aunque todavía disponemos de estructuras de apoyo familiar e informal que ofrecen a estas personas poder recurrir a ellas en caso de necesidad. Sin olvidar el fantasma de nuevas familias en las que no se cuenta con las personas mayores y las relegan a la acción del Estado, o de instituciones altruistas. Las aparcan después de haber dejado de ser consideradas como productivas.
Es preciso potenciar un modelo de bienestar que construya independencia entre nuestros mayores, abandonando la idea de vejez como déficit y fortaleciendo la idea de la vejez como oportunidad. Se trata, de potenciar políticas de integración, que abran espacios participativos y favorezcan actuaciones inclusivas, incorporando el auténtico concepto de envejecimiento activo que la OMS estableció en 2002.

La participación en actividades sociales, culturales, de-
portivas y de voluntariado social contribuye a mantener el bienestar subjetivo entre los mayores; siendo imprescindible ofrecerles la posibilidad de tomar parte activa allí donde se identifican sus necesidades y se adoptan decisiones que les conciernen.

Las personas mayores son ciudadanos, con derechos, obligaciones, capacidad de decisión y derecho a ser los protagonistas de su propia vejez. De ahí que, a la hora de planificar y programar, tanto la Administración como las entidades de la sociedad civil que se encuentran implicadas en su acompañamiento y atención, deben escuchar y atender aquello que los propios mayores expresan entre sus deseos, necesidades y preferencias. Los programas de educación con personas mayores deben partir de aquello que los mayores ya conocen y les interesa. Aprender ayuda a las personas mayores a completar su proyecto vital, reforzando el compromiso con la vida que previamente se tuviera.
Para que nadie pueda llegar a sentirse un niño, encerrado en un cuerpo envejecido, y que se pregunta con terror y desconcierto, “¿Qué ha sucedido?”.

Jose Carlos Gª Fajardo

Profesor Emérito U.C.M.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Los ancianos y los niños nos interpelan

La madurez es comprender que somos un poco señores de nuestra vida, de nuestro destino y que podemos tomar decisiones para hacernos más libres, más felices, más sinceros, más humanos. A veces se piensa que hay cierta obsesión por estar activo. Pero la tranquilidad no es inactividad. Para estar activo no hace falta correr como un joven; para sentirse vivo basta con amar la vida, a las personas, contemplar la naturaleza, escuchar buena música. Los jóvenes también tienen pérdidas y muchas angustias. Y tienen las mismas necesidades que los mayores, alguien que los escuche, los apoye, los quiera. La experiencia constatada por sociólogos, médicos y expertos, dice que la sociedad no está preparada ni para los mayores ni para los niños.
 
Pero la vejez es individual, personal, cada uno debe pensar en la suya. Hay mucha gente que dice: “En mi tiempo eso no pasaba, en mi tiempo eso no era así”. El tiempo no nos pertenece, nosotros somos quienes nos exiliamos del tiempo, nos ponemos al margen. Yo creo que cuando uno madura es necesario tener un bagaje interno de cosas positivas, de sabiduría, para no portarse siempre como un niño pequeño. Hay que ver qué se espera de la vida y aprender a convivir un poco con la soledad. Hay que procurar tener gente a quien se quiere y que te quiere, es tejido que se va creando a lo largo de la vida. Porque, si no, nos sentimos víctimas; y la victimización produce hostilidad contra todos y contra todo.
José Carlos Gª Fajardo
Prof. Emérito U.C.M.
Publicado en Uncategorized | Deja un comentario