Padecer un orgasmo… tanto tiempo perdido

Por José Carlos García Fajardo -09/08/2020

Este texto pertenece a la serie Remembranzas

2020 08 09

Sea lo que sea lo que puedas o sueñes que puedes, comiénzalo. El atrevimiento posee genio, poder y magia. Comiénzalo ahora. Son palabras de Goethe y de muchas personas que han asumido el reto de atreverse a emprender esa oportunidad que, a veces, se presenta como problema, desgracia o adversidad. Tú puedes, si crees que puedes. Así decían los latinos: Possunt quia posse videntur.  Y otros que han salido adelante porque han transformado las dificultades en desafíos, en oportunidades, en challenges. Se cierra una puerta, pero puede ser para que se abra otra. También sólo se pueden abrir o cerrar, o son de vaivén, o en ciertas tradiciones no existen. Muchas veces lo que no hay o no existe es lo que da sentido a la cosa: imaginad una casa “sin puertas ni ventanas”, un cuenco “sin vacío” o una rueda “sin radios”. O lo que es peor y fue el castigo de esos “dioses” tan peculiares que le hicieron a Sísifo lo de la roca que éste tenía que subir penosamente hasta la cima de un monte para que ella sola se fuese monte abajo, y Sísifo vuelta a cargar con ella: ¡con lo fácil que le hubiera sido subirse y mearle encima!, porque la roca nunca había existido más que en una mente enferma.  También hay mucho de esto en concepciones hindúes, taoístas quizá, pero sobre todo en la budista que sostienen las reencarnaciones, algo, en mi opinión, absurdo pero que millones de personas han creído y sostienen.
Tenemos otras perspectivas en la Biblia en la que las gentes se reían de Jeremías quien, ante la inminencia de la deportación a Babilonia…, ¡se compró un huerto! Como años antes se había paseado por las calles con un yugo sobre sus hombros y la gente lo tuvo por loco, pero… el cautiverio de Israel ya estaba próximo y la “gente” no lo veía. No digamos ya en palabras y en parábolas del Rabí Jesús. Aunque eso de la eternidad y del cielo… La Historia de la humanidad está llena de “momentos estelares”, ocasiones perdidas como escribió Stefan Zweig y otros muchos, que elucubran sobre lo que, según ellos, pudo haber sido y no fue.  Cuando surjan el problema, la pérdida, el desaire, el dolor, (no el sufrimiento que es cosa de la mente), el despido, el suspenso en unas oposiciones o la no elección en algún proyecto, o aquella relación que mantuvimos como si fuera el culmen de nuestras vidas.
Párate un poco, camina mirando todo lo que te rodea, respira hondo o siéntate en silencio y, ahora sí, comienza a repasar mentalmente cuánto de positivo, dichoso, feliz, ha sucedido y sucede a diario en tu vida… desde el amanecer hasta el alba próxima. Sí, porque hasta mientras dormimos, respiramos y se abren ocultos canales que ni los podríamos haber soñado. Algunos aún dicen “consultar con la almohada”, que es una de las cosas con las que no debemos consultar ni tratar nada. Por eso, muchos amigos, después de cepillarse los dientes y ponerse el pijama, no se lanzan de un salto a la cama… salvo que alguien les esté esperando, porque entonces sí que no se acaba el día vital. Me refiero al día a día y lo mismo al despertarte, si no tienes que aliviar alguna hormona. El despertarte, a no ser que la necesidad impere, conviene tomarlo como una despedida… y un renacer con toda la experiencia que has acumulado, aún y quizás sobre todo, mientras tu cuerpo dormía, pero no tu corazón ni tus pulmones ni millones de células, órganos y sistemas.
Conviene respirar hondo, “despertarse” mentalmente, y saludar al pasado y comprender, de (cum prehendere) aunque no lo entiendas (intendere o intus leggere), y abrirse al nuevo día… no te preocupes, el alba comienza cuando tú te despiertas al igual que puedes recordar momentos en tu vida pasada en que pareció hacerse de noche el mediodía.

Quizás te extrañe la serenidad de los sabios y maestros al abrirse a la muerte como nos “abrimos” a la vida, sea en el útero o con el primer vagido. Dime, con la confianza y serenidad que dan el saberse querido, aceptado tal como eres, ¿recuerdas dónde estabas y lo que sufrías, que no padecías, antes de haber nacido? ¿Lo has echado alguna vez de menos, lo añoras o te sientes desalojado en el destierro del exilio?
Porque, en ocasiones, hemos padecido el exilio, y, hasta no pocos de nosotros, el “destierro”, que no son lo mismo. No nos preocupamos porque no podemos echar de menos aquello de lo que no hemos tenido conciencia y que no ha existido con nosotros de protagonistas responsables, ¿Qué razones podemos aducir para temer lo que no conocemos?
Tengo presente la distinción que hacía el Damasceno entre temor y miedotemor es preocupación ante un posible dolor que podemos tener en espera de una cirugía, prueba, desafío o separación de una persona querida; miedo es siempre ante lo desconocido, que muchas veces, está en nuestra mente, fantasía, supersticiones, ignorancia, tabúes de la tribu o del entorno. ¡Cuántas veces hemos vencido el miedo con encender la luz y ver que el “miedo” era ante una prenda de ropa colgada y movida por el viento…! apagamos y no hubo nada, se esfumó… como toda fantasía que no intentamos cosificar pues, entonces, nos movemos en otros campos, como son los de dolencias psicológicas o mentales. No son idénticas. Son como los mitos, alucinaciones, y otros corsés que también contribuimos a imponernos sutilmente o como “mal menor” para tener algo manejable con lo que padecer, (de patior). Aunque se puede padecer deliciosa y deleitosamente un orgasmo, con el cuerpo dormido o bien despierto y en activo. ¡Cuánto daño nos han hecho con esa falacia de que el goce sexual “sólo” es ¡permisible! ¿por quién, cuándo, dónde? En el sacramento del matrimonio. ¡Qué aberración y cuánto daño innecesario han h echo y continúan haciendo! y sin fundamento real y válido alguno. Siempre que sea libre, asumido, sabrosamente a solas o compartido y sin forzar a nadie; como la circulación de la sangre, las lágrimas, el sudor o un firme y profundo abrazo. (No se me escandalicen: a miles de millones de seres humanos, como nosotros, “los han condenado a las más terribles tinieblas o infiernos por beber alcohol, comer carne de cerdo para miles de millones de musulmanes, o comido carne de vaca para millones de hindúes, o pescado sin escamas o marisco para millones de judíos, y un larguísimo y lamentable etcétera… ¿Y lo de las ¡castas!? Siga usted, lector amigo, porque yo me canso y entristezco a la vez. (Estoy releyéndome los tres libros de Harari y sigo subrayando o discrepando en ocasiones. Pero ¡qué maravilla toparse con trabajos así, abierto siempre a discrepar, a veces, tanto como a disfrutar de manera indescriptible porque, vivir es ver volver y sabernos responsables solidarios… in solidum!

José Carlos Gª Fajardo, Emérito U.C.M.

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Sabernos corresponsables solidarios



Somos responsables unos de otros porque nos sabemos obligados por lazos de reconocimiento mutuo. Estos lazos nacen de un vínculo entre las personas y son superiores a los del frío deber. Esa es la auténtica solidaridad, hacer propios las necesidades y los goces ajenos. Es la clave de nuestra concepción de la vida y de la actitud que debe informar nuestra conducta.
Pero el concepto de desarrollo ha sido manipulado al servicio de intereses que en bastantes casos han hecho de la cooperación para el desarrollo un nuevo colonialismo, asimilable a la esclavitud o a la guerra. Peor que el de los estados del Norte sobre el Sur porque aquellos aún se ocupaban de algunas actividades sociales pero los intereses de los grandes capitales son ciegos, ocultos e insaciables, llegando a actuar como auténticos terroristas, inhumanos por despiadados.
El premio Nobel de Economía, Amartya Sen, afirma que el desarrollo humano consiste en un proceso de expansión de las libertades reales de los individuos, de tal manera que cada ser humano esté en disposición de poder desarrollar todo su potencial como persona, de poder poner en práctica sus capacidades.
Frente a las concepciones utilitaristas y economicistas, que asimilan el desarrollo con el crecimiento económico, el desarrollo humano sostenible (DHS) pone el acento en otras dimensiones que suelen olvidarse. Es tremendo el disparate de tratarnos como recursos humanos y naturales para ser explotados con el fin de obtener los mayores beneficios. Esta es la lógica del mercado: cuanto más, mejor; en lugar de cuanto mejor, más. El concepto de desarrollo humano sostenible debería incluir un componente económico que trate la creación de una riqueza auténtica y mejores condiciones de vida material, equitativamente distribuidas; un ingrediente social medido en términos de salud, educación, vivienda y empleo; una dimensión política que abarque valores como los derechos humanos, la libertad política, la emancipación legal de la persona y la democracia representativa; un elemento cultural que reconozca el hecho de que las culturas confieren identidad y autoestima a las personas; un medio ambiente sano y el paradigma de la vida plena, referido a los sistemas y creencias simbólicas en cuanto al significado último de la vida, la historia, la realidad cósmica y las posibilidades de trascendencia.
Con esta dimensión social del desarrollo estamos de acuerdo siempre que se atenga a las cuatro normas también básicas para nosotros: que sea endógeno, sostenible, equilibrado y global. De ahí que la actividad de una organización social humanitaria sea inconcebible sin una ética como saber que nos orienta para tomar decisiones justas y equitativas.
La ética del desarrollo se pregunta, ¿qué entendemos por desarrollo? Si es crecimiento económico eso es un modelo de desarrollo economicista y corre el peligro de confundir medios con los fines del desarrollo.
Este tiene unos bienes internos que se manifiestan en reconocer que no se pueden imponer a otras formas de vida que consideremos buenas para nosotros. No es legítimo porque el desarrollo es una actividad que tiene que satisfacer exigencias básicas de justicia para desarrollar planes de vida dignos.
Hay que humanizar el trabajo, reconocer el valor de cada persona para aumentar su autoestima, su esperanza y los medios de vida necesarios. No podemos considerar mejores nuestros valores, en lugar de dialogar y de aprender de las tradiciones de otras culturas que nos pueden enriquecer y mejorar nuestra relación interpersonal. No podemos olvidar que cada uno nos hacemos personas porque otros nos reconocieron como tales. ¿Qué sería el uno sino fuera por el dos? ¿Qué sería de mí sino fuera por tú?
Algunas personas parecen temer a las obligaciones que confunden con los deberes, que son impuestos. Obligación proviene de ob-ligatio, cuando uno descubre que tiene un vínculo con otra persona. Cuando reconocemos el vínculo con otras personas nos sentimos obligados porque ese sentimiento brota del corazón, no hay que forzarlo. La auténtica felicidad y no el bienestar efímero de la epidermis, no se logra sino por el descubrimiento de la obligación que tenemos con otras personas.
Nuestra responsabilidad no surge de firmar contratos sino de responder por otro porque uno ha descubierto el vínculo que nos une y que origina una obligación solidaria. La clave de la vida social y de los derechos humanos es el reconocimiento de que los otros también tiene esos derechos morales que anteceden a cualquier legitimación jurídica. Si tenemos un vínculo entre los humanos, tenemos que recuperar el mutuo reconocimiento y no temer a las obligaciones que, en su ámbito, también tenemos con los animales y con el medio ambiente pues, al fin y al cabo, formamos parte del universo.
José Carlos García Fajardo
Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid.
Fundador de Solidarios para el desarrollo.

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El pasado no es nuestro hogar

Remembranzas 001

2020 08 01

El pasado no es nuestro hogar

Todos hemos padecido sufrimientos que a menudo recordamos.
Por ejemplo, una bofetada que quedó registrada en tu subconsciente como una impresión a fuego.
Pero eso es algo que sucedió en el pasado y tú ya no estás en el pasado, sino en el presente. Es cierto que sucedió, pero pasó en un momento que desapareció hace mucho.

Si te asientas en el presente, podrás contemplar el pasado desde una perspectiva diferente. y transformar tu sufrimiento. El niño, con sus miedos y sus deseos, sigue vivo en nuestro interior…. Cada noche en nuestro subconsciente volvemos atrás, y al volver esas “películas/recuerdos”, sufres.

Y el futuro que tanto puede preocuparnos no es más que una proyección de miedos y deseos procedentes del pasado. Esto se debe a nuestra tendencia a vivir en el pasado. Dile al niño que hay en tu interior que el pasado no es tu hogar, que tu hogar está aquí, donde realmente vives.

Cuando reconocemos que tenemos el hábito de reproducir viejos eventos y reaccionar ante los nuevos como si fueran viejos, podemos empezar a advertir su desaparición, y de que tenemos otras posibilidades. Tenemos que enseñar al niño que hay en nosotros. Tenemos que invitarle a vivir con nosotros en el presente. Si nos asentamos en el presente, podremos mirar hacia el pasado y, sin verte desbordado ni lastrado, aprender de él.

Cuando realmente estás anclado en el presente, planearás mejor el futuro… por muy oscuro que te parezca el trance de dolor que estás padeciendo, y desde el que tratamos de sobrevivir.
El pasado es un fantasma. Es irreal. Y cuando reconocemos que no hay, en él, realidad alguna sino tan sólo imágenes y “películas”, te liberas.

Esa, dicen los Maestros, es la esencia de la práctica de la plena consciencia, aquí y ahora o meditación caminando o sentado, unos minutos… tómate tu tiempo ya que, no por mucho madrugar, amanece más temprano. Ni el tiempo es lineal ni fatalmente recidivo. Siempre hay lugar para la esperanza y para nuevos amaneceres.

Tomemos lo que nos parecen pruebas y desgracias, hasta la más desgarradora de perder, de repente, al ser más amado de tu vida… como si fueran challenges y oportunidades que se abren ante tu corazón herido. Sólo así podremos entregarnos y compartir con los demás cuanto hemos recibido o conseguido.
Sí. Tenemos que levantarnos desde el suelo, aunque sea a rastras y con lágrimas, para poder celebrar la vida, con tus seres queridos y hasta con los todavía no conocidos.

Eso significa ser Robadores de momentos. Porque el ladrón se apodera de lo que no es suyo, pero el robador toma lo que le pertenece, desde largo tiempo, aunque no lo supiera. Así veo yo, en estos momentos, el consejo que Rilke daba a un joven poeta

“Es menester que nada extraño nos acontezca fuera de lo que nos pertenece desde largo tiempo”.

Celebremos la presencia y la vida y la amistad y el presente.

José Carlos Gª Fajardo

Profesor Emérito U.C.M.

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Remembranzas 002

Remembranzas

Por José Carlos García Fajardo -02/08/2020

Cómo trepar al árbol de la vida, tirar piedras contra uno mismo y bajar sin romperse los huesos ni el espíritu. RB

Si no escribiese todos los días, uno acumularía veneno y empezaría a vomitar, a morir o a desquiciarse, o las dos cosas. Uno tiene que mantenerse ebrio de escritura para que la realidad no lo destruya. En estas páginas resonarán las mismas verdades de auto revelación explosiva y asombro continuo ante lo que el hondo pozo contiene cuando uno se arma de valor y da un grito. Saberse fresco y despierto es conservar y desarrollar la capacidad de asombro, uno tiene presente que está vivo y que este privilegio es más que un derecho, es una dulce y tremenda responsabilidad. Máxime cuando no olvidas la edad que has alcanzado pero que desconoces lo que te resta de vida y en qué circunstancias, de un vivir con sentido; adecuado a las realidades de cada día en salud, ánimo, posibilidades de seguir creciendo y compartiendo saberes.
La creatividad, el arte puede revitalizarnos y dar forma acomodada a la realidad presente. Espacio, tiempo atmosférico, salud, control médico, medicamentos específicos, comida adecuada y sin nostalgia alguna de otros tiempos y circunstancias que no existen o que nunca han podido existir desde la realidad presente porque era inédita, quizás era, pero no existía.

Caer en la cuenta, to realise, despertar, inventar, descubrir, destapar, encontrar etc, no son creaciones desde la nada, pues nada existe ex nihilo, sino como resultado del proceso de transformaciones continuas. “Caer en la cuenta” de esto, aceptarlo, adaptarse, no condenar ni lamentarse ni sufrir por ello, ni culpabilizarse ni quejarse; sino aceptarlo como un don, como la más personal realidad instante. De ahí, que no quepa vanagloriarse ni mucho menos alardear o ser soberbios, pues todo, ta panta, “está siendo” en este preciso instante y a cada uno toca la responsabilidad de asumirlo, trabajarlo, transformarlo o… dejarlo pasar, que no es sino una forma de hacer sin hacer: el wu wei de la sabiduría china.
Todos los grandes escritores conocían el gozo de crear en formas amplias o reducidas, en telas ilimitadas o estrechas. Son los hijos de los dioses. Sabían divertirse, gozar y ser felices al expresarse ellos mismos desde el hondón del alma, del cuerpo, de la realidad circunstante y global, inmensa de este Cosmos en el que vivimos, nos movemos y somos. Todos somos, en gran parte, responsables de nosotros mismos si no desaprovechamos la imprevisibilidad de las circunstancias. Ante ellas, en lugar de enfadarse, lamentarse o fantasear, es preferible imitar a los sauces que se inclinan mientras pasa la riada, para luego, alzarse y aprovechar la experiencia, que siempre enriquece, lo tomes como lo tomes. Sin olvidar que es el suelo lo que nos ayudará a levantarnos, como afirmaba Chuang Tzú.  Adecuarnos, adaptarnos, asumir y actuar con cabos, velamen y timón los cambios de la mar y de los vientos. Todo sirve. Recuerdo esta frase de Saulo: “todo sucede para el bien de los buscadores y hacedores de la paz como fruto de la justicia”. Hasta el dolor por el destierro junto a los canales de Babilonia, que les obligaba a colgar de los sauces sus cítaras mientras les pedían que “cantasen y bailasen” … pero ¿cómo cantar en el exilio y en el destierro…” Si me olvidare de ti, Jerusalén, que se me pegue la lengua al paladar y se me paralice la mano derecha”, pero hasta ese dolor se transformó en la inmensa poesía del salmo 136 y se armoniza con el 125… “Cuando cambió nuestra suerte, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas y la lengua de cantares. Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares”.

Así es con nosotros, las personas mayores en años, pero no insensibles, ni incapaces de aportar y de compartir sus experiencias, sus sueños e ilusiones, sus conquistas y derrotas; su vivir con plenitud cada instante como aquí y ahora. Todo es como un inacabado tapiz de estambre urdido para tejerlo y, en esa inmensa urdimbre, se van entrelazando los hilos de seda de la trama para forma una tela o alfombra… pero que nosotros vemos como a través del cedazo.

José Carlos Gª Fajardo

Prof. Emérito, U.C.M.

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Un texto admirable, y que se escribió hace siglos

«Gran cosa es el amor. Es un bien verdaderamente inestimable que por si sólo vuelve suave lo que es penoso y soporta sereno toda adversidad. Porque lleva la carga sin sentir el peso, torna lo amargo dulce y sabroso… El amor desea ser libre, y sin amarras que le impidan amar con totalidad. Nada más dulce que el amor, nada más fuerte, nada más sublime, nada más profundo, nada más delicioso, nada más perfecto o mejor en el cielo y en la tierra… Quien ama, vuela, corre, vive alegre, se siente liberado de todas las amarras. Da todo a todos y posee todo en todas las cosas, porque más allá de todas las cosas, descansa en el Sumo Bien del cual se derivan y proceden todos los bienes. No mira las dádivas, se eleva por encima de todos los bienes hasta aquel que los concede. El amor muchas veces no conoce límites pues su fuego interior supera toda medida. Es capaz de todo y realiza cosas que quien no ama no comprende; quien no ama se debilita y acaba cayendo. El amor vigila siempre y hasta duerme sin dormir… Sólo quien ama comprende el amor»

“Imitación de Cristo”

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El tiempo apremia

El principio de autodestrucción y el combate contra la Covid-19

Desde que se lanzaron dos bombas atómicas primarias en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, la humanidad ha creado para sí una pesadilla de la que no ha podido liberarse. Por el contrario, se ha transformado en una realidad que amenaza la vida sobre este planeta y la destrucción de gran parte del sistema-vida. Se han creado armas nucleares mucho más destructivas, químicas y biológicas que pueden acabar con nuestra civilización y afectan profundamente a la Tierra viva.

Aún peor, hemos diseñado la inteligencia artificial autónoma. Con su algoritmo, que combina miles de millones de informaciones recogidas en todos los países, puede tomar decisiones sin que nosotros lo sepamos. Eventualmente, puede, en una combinación enloquecida, penetrar en los arsenales de armas nucleares o en otros de igual o mayor poder letal y lanzar una guerra total de destrucción de todo lo que existe, incluso de sí misma. Es el principio de autodestrucción. Es decir, está en manos del ser humano poner fin a la vida visible que conocemos (ella es sólo el 5%, el 95% son vidas microscópicas invisibles).

Debemos enseñorearnos de la muerte. Ella puede ocurrir en cualquier momento. Se ha creado ya una expresión para nombrar esta fase nueva de la historia humana, una verdadera era geológica: el «antropoceno», es decir, el ser humano como la gran amenaza al sistema-vida y al sistema-Tierra. El ser humano es el gran satán de la Tierra, que puede diezmar, como un anticristo, a sí mismo y a los otros, a sus semejantes, y liquidar los fundamentos que sostienen la vida.

La intensidad del proceso letal es tan grande que ya se habla de la era del «necroceno», es decir, la era de la producción en masa de la muerte. Ya estamos dentro de la sexta extinción masiva. Ahora se ha acelerado irrevocablemente, dada la voluntad de dominación de la naturaleza y de sus mecanismos de agresión directa a la vida y a Gaia, la Tierra viva, en función de un crecimiento ilimitado, de una acumulación absurda de bienes materiales hasta el punto de crear la sobrecarga de la Tierra.

En otras palabras, hemos llegado a un punto en el que la Tierra no consigue reponer los bienes y servicios naturales que le fueron extraídos y comienza a mostrar un proceso avanzado de degeneración a través de tsunamis, tifones, descongelación delos casquetes polares y del permafrost, sequías prolongadas, tormentas de nieve aterradoras y la aparición de bacterias y virus difíciles de controlar. Algunos de ellos como el coronavirus actual pueden llevar a la muerte a millones de personas.

Tales eventos son reacciones y puede que sean represalias de la Tierra ante la guerra que realizamos contra ella en todos los frentes. Esa muerte en masa ocurre en la naturaleza, millares de especies vivas desaparecen definitivamente cada año, y en las sociedades humanas, donde millones pasan hambre sed y toda suerte de enfermedades mortales.

Crece cada vez más la percepción general de que la situación de la humanidad no es sostenible. De continuar con esta lógica perversa se va a construir un camino que lleva a nuestra propia sepultura. Demos un ejemplo: en Brasil vivimos bajo la dictadura de la economía ultra neoliberal, con una política de extrema derecha, violenta y cruel para las grandes mayorías pobres.

Perplejos, hemos visto las maldades que se han hecho, anulando los derechos de los trabajadores e internacionalizando riquezas nacionales que sostienen nuestra soberanía como pueblo.

Los que en 2016 dieron en Brasil un golpe contra la presidenta Dilma Rousseff aceptaron la recolonización del país, convertido ahora en vasallo del poder dominante, Estados Unidos, condenado a ser sólo un exportador de commodities y un aliado menor y subordinado del proyecto imperial.

Lo que se está haciendo en Europa contra los refugiados, rechazando su presencia en Italia e Inglaterra y peor aún en Hungría y en la muy católica Polonia, alcanza niveles de inhumanidad de gran crueldad. Las medidas del presidente de Estados Unidos, Trump, arrancando a los hijos de sus padres inmigrantes y colocándolos en jaulas, denotan barbarie y ausencia de todo sentido humanitario.

Ya se ha dicho: “ningún ser humano es una isla… no preguntes por quién doblan las campanas. Doblan por ti, por mí, por toda la humanidad“. Si grandes son las tinieblas que abaten nuestros espíritus, aún mayores son nuestras ansias de luz. No dejemos que la demencia antes mencionada tenga la última palabra.

La palabra mayor y última que grita en nosotros y nos une a toda la humanidad es de solidaridad y compasión por las víctimas, es por paz y sensatez en las relaciones entre los pueblos. Las tragedias nos dan la dimensión de la inhumanidad de la que somos capaces, pero también dejan surgir lo verdaderamente humano que habita en nosotros, más allá de las diferencias de etnia, ideología y religión. Lo humano en nosotros hace que nos cuidemos juntos, nos solidaricemos juntos, lloremos juntos, nos enjuguemos las lágrimas juntos, recemos juntos, busquemos juntos la justicia social mundial, construyamos juntos la paz y renunciemos juntos a la venganza y a todo tipo de violencia y guerra.

La sabiduría de los pueblos y la voz de nuestros corazones lo confirman: no es un estado convertido en terrorista, como Estados Unidos bajo el presidente estadounidense Bush, el que vencerá el terrorismo. Ni el odio a los inmigrantes latinos, difundido por Trump, el que traerá la paz. El diálogo incansable, la negociación abierta y el trato justo eliminan las bases de cualquier terrorismo y fundan la paz. Las tragedias que nos golpearon en lo más hondo de nuestros corazones, particularmente la pandemia viral que ha afectado a todo el planeta, nos invita a repensar los fundamentos de la convivencia humana en la nueva fase planetaria, y cómo cuidar la Casa Común, la Tierra, como pide el Papa Francisco en su encíclica sobre ecología integral “sobre el cuidado de la Casa Común” (2015).

El tiempo apremia. Y esta vez no hay un plan B que pueda salvarnos. Tenemos que salvarnos todos, pues formamos una comunidad de destino Tierra-Humanidad. Para eso necesitamos abolir la palabra «enemigo». El miedo crea al enemigo. Exorcizamos miedo cuando hacemos del distante un próximo y del próximo, un hermano y una hermana. Alejamos el miedo y al enemigo cuando comenzamos a dialogar, a conocernos, a aceptarnos, a respetarnos, a amarnos, en una palabra, a cuidarnos.

Cuidar nuestras formas de convivir en paz, solidaridad y justicia; cuidar nuestro medio ambiente para que sea un ambiente completo, sin destruir los hábitats de los virus que provienen de animales o de los arborovirus que se sitúan en los bosques, un ambiente en el que sea posible el reconocimiento del valor intrínseco de cada ser; cuidar de nuestra querida y generosa Madre Tierra.

Si nos cuidamos como hermanos y hermanas, las causas del miedo desaparecen. Nadie necesita amenazar a nadie. Podemos caminar de noche por nuestras calles sin miedo a ser asaltados y robados. Este cuidado solo será efectivo si viene acompañado de la justicia necesaria para satisfacer las necesidades de los más vulnerables, si el Estado está presente con medidas sanitarias (lo importante que fue el SUS frente a la Covid-19), con escuelas, con seguridad y con espacios de convivencia, cultura y ocio.

Sólo así disfrutaremos de una paz posible de ser alcanzada cuando hay un mínimo de buena voluntad general y un sentido de solidaridad y benevolencia en las relaciones humanas. Ese es el deseo inquebrantable de la mayoría de los humanos. Esta es la lección que la intrusión de la Covid-19 en nosotros nos está dando y que tenemos que incorporar en nuestros hábitos en los tiempos pos-coronavirus.        

Leo Boff  

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No eran héroes ni heroínas. No contaban con superpoderes que les permitieran realizar su labor sin esfuerzo. Eran servidores públicos con los que la sociedad tiene una deuda que es muy grande, aunque no es imposible de pagar

La España de Aroa López tiene un mensaje para la España oficial y también para todos nosotros

Iñigo Sáenz de Ugarte@guerraeterna

Aroa López, en su intervención en el homenaje a las víctimas del coronavirus.
Aroa López, en su intervención en el homenaje a las víctimas del coronavirus.

No es habitual encontrar altas dosis de emoción en los actos oficiales de homenaje, y eso que la música clásica pone mucho de su parte. Un ejército de altos cargos y representantes políticos. Una organización marcada por el protocolo y las jerarquías. Discursos encorsetados que transmiten obviedades con una pizca de sentimiento. Un desfile de trajes oscuros. Medios de comunicación que destacan como muy importantes detalles bastante nimios. Políticos que aprovechan a la salida para colar su mensaje de la semana y olvidarse de la razón del acto. Las recurrentes críticas a algunas mujeres por cómo van vestidas (por lo visto, sin demasiado color negro en la ropa o enseñando pierna, lo que es dramático).

El homenaje a las víctimas del coronavirus celebrado el jueves en el Palacio Real fue un reconocimiento necesario a la sociedad, en especial a aquellos que más han sufrido. Pero fue con las intervenciones de dos representantes de eso que se llama de forma pedante la sociedad civil –¿la hay de otro tipo?– cuando el acto recordó a todos con la emoción necesaria qué hemos perdido y qué debemos tener en mente para evitar que se repita una tragedia como esta. Hernando Fernández Calleja y Aroa López Martín hablaron del recuerdo por los fallecidos y de nuestra responsabilidad ante los que estuvieron en primera línea.

El momento clave de la intervención de Aroa López –enfermera y supervisora de urgencias en el Hospital Vall d’Hebron– fue cuando hizo referencia a un elogio que se ha oído mucho y que ella quiso poner en el contexto adecuado. “Hemos vivido situaciones que te dañan el alma. Porque quien había detrás de los EPIS no eran héroes. Éramos personas que se alejaban de sus familias para protegerlas de un posible contagio. Personas que salíamos del hospital cargadas con todas esas emociones, y que regresábamos a nuestro trabajo desde la soledad y el agotamiento, un día más”.

Habló en nombre del personal sanitario y de los demás trabajadores que forman el imprescindible personal de apoyo y también de todos aquellos que realizaron labores esenciales fuera de los hospitales: “Fueron miles de hombres y mujeres los que cuidaban con su trabajo a los millones de españoles confinados”.

Solos y agotados al final de cada jornada. Porque no hacían únicamente el trabajo profesional para el que están cualificados y por el que les pagan. Vivían situaciones que les obligaban a mucho más: “Hemos sido mensajeros del último adiós para personas mayores que morían solas, escuchando la voz de sus hijos a través de un teléfono. Hemos hecho videollamadas, hemos dado la mano y nos hemos tenido que tragar las lágrimas cuando alguien nos decía: ‘No me dejes morir solo'”. La frialdad de un homenaje de Estado –porque el Estado puede llegar a ser una maquinaria muy fría– temblaba cuando Aroa López nos devolvía a todos a los momentos que nos contaron no hace muchos meses y que no podemos olvidar. Ante una enfermedad sin tratamiento ni vacuna, al personal sanitario sólo le quedaba al final coger la mano de un enfermo que ya no podía resistir más y estar a su lado para que no muriera solo.https://www.youtube.com/embed/9XR4LQQOxq4?enablejsapi=1&origin=https%3A%2F%2Fwww.eldiario.es

No eran héroes ni heroínas. No contaban con superpoderes que les permitieran realizar su labor sin esfuerzo. Eran servidores públicos con los que la sociedad tiene una deuda que es muy grande, aunque no es imposible de pagar. También los políticos que asistían al acto, entre los que estaban los presidentes de todas las Comunidades Autónomas. Estos días, somos testigos de la aparición diaria de brotes que en conjunto no son alarmantes, pero que sí indican que no se puede bajar la guardia. Por la parte que toca a las Administraciones, resulta básica su detección y rastreo cuanto antes, y en ese punto los resultados están aún lejos de ser óptimos.

La Generalitat ha cambiado su sistema de rastreo para incorporar a 500 personas más que harán su labor en la Atención Primaria, como habían reclamado los profesionales sanitarios. Se trata de evitar los errores cometidos en Lleida. Madrid informa del mayor número de casos de coronavirus, pero la cifra de brotes es mínima. De momento, la duda está entre el misterio y el ocultamiento. O sencillamente que no hay un sistema de rastreo que cumpla con su función. Los profesionales alegan que no hay personal suficiente para llevarlo a cabo. El Gobierno de Díaz Ayuso se comprometió a contratar a 400 personas para reforzar la plantilla de Salud Pública (no es pedir mucho, hay 80.000 personas en las plantillas gestionadas por la Consejería de Sanidad). Luego, dijo que serían 172 y ahora en julio la cifra se ha quedado en treinta, según El País.

“Nuestra sociedad ha dado estos meses una lección de inmenso valor”, dijo Felipe VI en su discurso, al demostrar “civismo, madurez, resistencia y compromiso con los demás”. Es una buena idea destacarlo, si bien no se puede hacer ya balance y pensar que la pandemia ha acabado o que el riesgo de volver a los meses de marzo y abril ha desaparecido. Todo eso depende ahora de la conducta de los ciudadanos de todas las edades y de las medidas que tomen los gobiernos para rastrear los brotes y limitar los contagios. Sabiendo además que la situación puede ser mucho peor a partir del otoño.

La deuda con el personal sanitario y los fallecidos y sus familias existe y no se ha pagado con el homenaje de Estado del jueves. Aroa López recordó en qué consiste: “Quiero pedir también a los poderes públicos que defiendan la sanidad de todos. Que recuerden que no hay mejor homenaje a quienes nos dejaron que velar por nuestra salud y garantizar la dignidad de nuestras profesiones”.

La sanidad de todos no nos salvará otra vez si no recibe la atención que requiere.

No valen ya aplausos como los de hace unos meses ni homenajes oficiales. Toca aprender la lección, dijo López. La pregunta con la que cerró su intervención vale para todos, para los gobiernos y para los ciudadanos: “¿Quién cuidará de nosotros si la persona que nos cuida no puede hacerlo?”.

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Ante el demoledor desastre del medio ambiente

Somos como sonámbulos sin saber hacia dónde nos dirigimos. Si podemos despertarnos o no depende de si podemos caminar con responsabilidad en nuestra Madre Tierra. El futuro de toda la vida, incluida la nuestra, depende de nuestros pasos conscientes. Aprendamos a vivir de una manera tal que sea posible un futuro para nuestros hijos y nuestros nietos.

Si pretendemos vivir como hemos estado viviendo sin pensar en el futuro, destruyendo nuestros bosques y emitiendo gases de efecto invernadero, el devastador cambio climático es inevitable. Gran parte de nuestro ecosistema será destruido. Los niveles del mar subirán y las ciudades costeras se inundarán, obligando a cientos de millones de refugiados a abandonar sus hogares, creando guerras y brotes de enfermedades infecciosas.

Necesitamos una especie de despertar colectivo. Entre nosotros hay hombres y mujeres que están despiertos, pero no es suficiente. La mayoría de los seres humanos parecen dormir. No pueden escuchar el sonido de las campanas. El cambio climático es la fiebre de un modelo de desarrollo enfermo, el síntoma de que consumimos y emitimos a la Tierra más de su capacidad natural de regeneración. 

Constatamos los efectos con fenómenos climáticos extremos cada vez más frecuentes e intensos (olas de calor, sequías prolongadas, lluvias torrenciales, subidas del nivel del mar, deshielo de glaciares…). Desde hace más de 50 años científicos y ecologistas nos advierten de que la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a la atmósfera, como consecuencia de la quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas natural para producir energía, unido a cambios de usos del suelo por deforestación y agricultura insostenible, alteraban la dinámica del clima. Sin embargo, y a pesar de acuerdos internacionales como el Protocolo de Kioto (1997) y el Acuerdo de París (2015), todavía siguen creciendo las emisiones de GEI, y los impactos ya casi nos desbordan, de forma más intensa en los países en desarrollo, al estar situados en regiones más vulnerables y disponer de menor capacidad de adaptación. Esto exacerba aún más la injusticia, ya que son los que menos emiten.

La buena noticia es que hay signos de esperanza, las personas hemos salido masivamente a las calles con los jóvenes a la cabeza para exigir a los gobiernos, empresas y sector financiero (y a los políticos al servicio de banksters) que actúen y lleven a cabo la imprescindible transición ecológica con la ambición y el ritmo suficiente para evitar los peores impactos del cambio climático. Tenemos un gran desafío por delante, pero también la oportunidad de actuar juntos para contribuir a reconectarnos con el planeta.

¿Cómo podemos contribuir a mejorar la situación?

No tenemos que desesperarnos por el calentamiento global; podemos actuar. Si solo firmamos una petición y nos olvidamos de ella, nada va a cambiar. Hay que tomar medidas urgentes a nivel individual y colectivo. Todos necesitamos poder vivir en paz y sostenibilidad ambiental.  Lo que la mayoría de nosotros aún no tenemos son formas concretas de hacer realidad nuestro compromiso con la vida sostenible en nuestra vida cotidiana.

Me han llegado unas preguntas para la reflexión:

–       ¿Eres consciente de que tu forma de vida repercute en el cambio climático?

–       ¿Cómo sería desarrollar tu compasión hacia todos los seres sensibles?

–       ¿Te imaginas perder tu hogar y convertirte en refugiado climático? 

–       ¿Puedes sentir el sufrimiento que generan los incendios, las inundaciones y las sequías?

–       ¿Podrías comprometerte con un consumo responsable para proteger la Naturaleza?

 Cada vez somos más conscientes de la necesidad de contribuir a un buen clima y no es necesario hacer grandes inversiones, tenemos al alcance de nuestra mano la llamada Economía Circular, que nos permite considerar el impacto ambiental de nuestro consumo, para ello podemos realizar pequeños-grandes gestos.

Cuando nos sentimos parte de la naturaleza podemos disfrutar de pequeñas acciones que nos reconectan con ella. “Hace 30 años, escribió un admirado amigo, decidí instalar un panel solar para calentar el agua en el tejado de casa. Me desalentaron diciéndome que era más caro, que iba a tardar mucho en recuperar el coste. Yo los oí, pero decidí escuchar a mi corazón y seguí adelante con el proyecto. Nueve meses al año no gasto energía fósil en calentar el agua, y además siento gran satisfacción sabiendo que el agua que resbala por mi piel es un regalo del sol”.

Caminar, ir en bici, usar el transporte público, compartir coche, son alternativas al uso del coche privado. Usar pequeñas bolsas de tela, para comprar fruta y verdura, recuperar la costumbre del carrito de la compra y comprar cerca de nuestro domicilio para evitar el kilometraje y envoltorios innecesarios.
El punto limpio es el punto amigo. En algunos barrios, el Punto Limpio que pone el Ayuntamiento nos permite tirar todo lo que no debe tirarse en otros contenedores. Asociarse o realizar algún donativo, con alguna ONG comprometida con la causa del medio ambiente.

Con un par de grados que se reduzca el aire acondicionado y/o calefacción, ya se está en el camino del cambio y el compromiso. Productos de lino, cáñamo, fibra de madera, acero, vidrio; son alternativas a las bolsas y botellas de plástico.

Sólo es abrir los ojos, reflexionar y consultar para comprometernos en esta responsabilidad insoslayable.

José Carlos Gª Fajardo. Prof. Emérito U.C.M.

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Mal ejemplo de la gestión de la pandemia en Gran Bretaña

  • Una magnífica crónica de la gran periodista, María Ramírez, en El Diario.es sobre la pandemia en Gran Bretaña.
  • En circunstancias tan difíciles hay que fijarse en los países que lo hacen mejor para encontrar guías, pero también en los que lo hacen peor para no caer en los mismos errores.

En esta pandemia cuesta encontrar ejemplos modélicos sin grietas ni riesgos.  En muchos sentidos, es una lucha hiperlocal donde los recursos y la población de cada barrio pueden determinar el resultado. Es una carrera en penumbra, con mucha incertidumbre y donde, de momento, no hay ganadores. Pero un poco de perspectiva ayuda a entender que las políticas públicas, la información y la actitud de los ciudadanos en España van ahora por delante de otros vecinos asimilables. 

Llegar a Reino Unido desde España es sorprendente. El país que tiene ahora la mayor incidencia de la epidemia en Europa aparte de Suecia sigue adormilado sin apenas hacer caso del virus, que sigue circulando y matando. En los últimos 14 días, la incidencia de muertos en Reino Unido es de 2,2 por 100.000 habitantes. El único país que supera esta cifra entre los miembros de la UE y el espacio económico europeo es Suecia: 2,7. Ese índice en España es el 0,1. 

En Reino Unido se han registrado más de 44.000 muertes por coronavirus y el “exceso de muertes” respecto a la media habitual es de más de 65.000, un dato que refleja parte de las personas que han fallecido por culpa de la epidemia y que no han sido contadas porque no ha dado tiempo de hacerles el test o porque murieron por no ser atendidas por la saturación del sistema sanitario. En España, las muertes registradas por coronavirus son más de 28.000 y las “no esperadas”, más de 44.000

Al aterrizar en Londres, el pasajero se encuentra con una realidad ahora chocante en el mundo: los agentes de fronteras que le esperan para interrogarlo sobre su estatus legal y su relación con Reino Unido (ni una sola pregunta sobre salud, precauciones o el virus) no llevan mascarilla. Es un lugar cerrado, oscuro y de techo bajo. La agente ante la que el pasajero tiene que quitarse la mascarilla a poca distancia no para de hablar: está al otro lado de una mampara que sin embargo deja al descubierto un agujero generoso justo delante del visitante. Mientras esto sucede, otros agentes se pasean sin mascarilla junto a los pasajeros. El aeropuerto no parece haber hecho cambios significativos más allá de cerrar algunas puertas y poner algún bote de gel. 

La mascarilla sólo es obligatoria en Inglaterra en el transporte público. Es muy raro ver a alguien con ella puesta por la calle. En un recorrido de 15 minutos a pie en Oxford cuento cuatro: dos las llevan mujeres, otra, un hombre y la cuarta está tirada en el suelo. Ni el repartidor de paquetes ni el que trae la compra ni el tipo que entra en casa para arreglar la caldera llevan mascarilla. No son anécdotas: esta encuesta de YouGov muestra que Reino Unido es uno de los países donde menos habitual es el uso de mascarilla, incluso menos que en Estados Unidos, donde ha habido una campaña activa contra este instrumento de protección.

En España, la mascarilla sólo es obligatoria desde mayo, pero desde marzo los viandantes, repartidores, vendedores y casi cualquiera llevábamos mascarilla, incluso cuando era difícil comprarlas en la farmacia y había que hacer chapuzas a mano. Desde marzo, ha habido políticas públicas activas y sentido común de los ciudadanos.

Ahora hay mucha más información científica que en marzo sobre la importancia del uso de las mascarillas por lo que sabemos del virus, que puede permanecer y contagiar a través del aire. Pero el mensaje parece no haber llegado ni a las autoridades ni a los ciudadanos de Reino Unido. Simplemente, no existe la disciplina y el sentido de responsabilidad y solidaridad colectiva que, salvo excepciones, estamos viendo en España. 

No parece una guerra partidista ni una supuesta defensa de la libertad de contagiar como en Estados Unidos; simplemente dejadez o desconocimiento. Después de todo, ni los políticos ni los medios están tan concentrados en una epidemia que parece aceptada como parte de la vida normal, como se quejaba este jueves el director de The Lancet. Los medios no tienen mapas y datos tan visibles, actualizados y destacados como los de los medios en España y no hay un seguimiento pormenorizado, continuo, de qué está pasando.

Reino Unido también es una muestra de que en esta pandemia es fácil aplicar nuevas reglas cuando nadie está mirando. La entrada en la nueva “frontera” del Reino Unido con la Unión Europea es un ejemplo. Al menos hasta el 31 de diciembre, mientras se negocia el nuevo acuerdo de la relación futura, la norma en vigor en el periodo de transición sigue siendo la misma, con la entrada libre para el resto de ciudadanos de la UE, sin necesidad de pasaporte y sin límites a la estancia. Sin embargo, Reino Unido ha aprovechado el momento para empezar a tratar a quienes llegan de otros lugares, aunque vivan en Reino Unido, como extranjeros. 

El interrogatorio en la frontera consiste en preguntar por la duración de la estancia, los motivos de la visita o la extrañeza de un teléfono no local (ni una pregunta sobre síntomas, contacto con enfermos o posibles riesgos). De repente, llegar al Reino Unido se parece más a entrar en Estados Unidos que en un país que sigue estando dentro de las reglas europeas comunes. 

Con la emergencia sanitaria, esto puede parecer lo de menos, pero también es un recordatorio de que los gobiernos tienen ahora un amplio margen para acaparar nuevos poderes y aplicar reglas a su antojo ahora que nadie mira, ahora que tenemos la losa del riesgo permanente para la vida. 

En circunstancias tan difíciles, hay que fijarse en los países que lo hacen mejor para encontrar guías, pero también en los que lo hacen peor para no caer en los mismos errores.

Amanuense: Prof. Fajardo, Emérito U.C.M.

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Falta de lógica en la administración sanitaria

“Me jode cuando veo a gente amontonada o de fiesta y sin mascarilla, pero me jode aún más que se olviden de lo que hicimos o que hay políticos que nos usan como a precarios de usar y tirar”, me cuenta María. “Todos mis amigos en la Sanidad son temporales y todos saben que se cierran plantas y camas hospitalarias en verano, que sigue habiendo mucha lista de espera, que hay poco tiempo para atender a los pacientes en los centros de salud o que faltan sanitarios en las residencias, pero no aprendemos. Funcionamos a impulsos”.
https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/heroes-paro_129_6079254.html

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