Hacer ejercicio a cualquier edad

Hay que vencer la pereza. Eres capaz, merece la pena.

Está comprobado que el ejercicio físico es fundamental en el Mantenimiento de la salud.
Todos los expertos y organismos internacionales lo recomiendan muy especialmente a las personas mayores.

Funciona como “Medicina preventiva” y es esencial tanto para prevenir como para tratar diferentes enfermedades, sobre todo las circulatorias y las de corazón.

Son muchas las posibilidades del ejercicio físico. Desde un simpe paseo por parques y calles, hasta cualquier actividad deportiva, siempre que se adapten a nuestra , ¿Qué ejercicio es el más indicado? física y capacidades.

Algunos ejemplos y sugerencias: ¿En qué me beneficia hacer ejercicio? ¿Qué ejercicio es el más beneficioso? ¿Qué otras maneras de hacer ejercicio hay? Consejos para el buen deportista. En compañía… ¡mucho más divertido! Con una buena actitud ¡casi todo es posible!

¿En qué me beneficia hacer ejercicio?

La ciencia ha demostrado que practicar ejercicio es  espacialmente eficaz en seis enfermedades específicas: cardiopatía isquémica, hipertensión, obesidad, diabetes, osteoporosis y las relacionadas con nuestro estado de ánimo con nuestro estado de ánimo: depresión, ansiedad…

Los que lo practican aseguran: “Gano en equilibrio, aumento mi movilidad y prevengo caídas y sus consecuentes fracturas”. “Desde que hago ejercicio, me siento mejor, soy más sociable y he hecho amigos”.

“Mis defensas son mejores ahora, me siento más fuerte, y además, dicen que evito la oxidación, que es causa de envejecimiento”. “Aunque parezca que nada tiene que ver, haciendo ejercicio prevengo problemas de memoria”.

¿Qué ejercicio es el más beneficioso?

Los ejercicios más útiles son los que aumentan mi capacidad respiratoria, los de resistencia, flexibilidad y equilibrio.

Hay que tener paciencia, comenzar despacio e ir aumentando la intensidad poco a poco hasta alcanzar nuestra meta. El paseo es un ejercicio fácil, distraído y completo. Practicado de forma moderada pero constante, mejora el sistema cardiovascular mejora el sistema cardiovascular y la agilidad.

Es recomendable: Caminar diariamente de 30 minutos a una hora. A buen ritmo, sin pausas, eligiendo un trayecto adecuado a nuestro nivel de entrenamiento. Usar ropa cómoda y calzado con buena sujeción, con cordones o velcro, para evitar caídas.

Elegir una actividad amena: visitar amigos, conocer nuestros parajes, coger espárragos, setas… ¡Cualquier excusa es buena!

José Carlos Gª Fajardo. Prof. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios

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Cuentos

084 El baño de los patos

Caminaban el Maestro y Sergei cerca del río contemplando los ánades que se bañaban al atardecer. El Maestro estaba arrebatado ante tanta belleza, elegancia y armonía. Los últimos rayos de sol arrancaban destellos irisados en las plumas azulonas, blancas y verdes de las anátidas que se acicalaban para entregarse al sueño.
– Sergei – le dijo -, así nos debemos preparar para emprender el gran viaje que se inicia con un profundo sueño.
– ¿No temes a la muerte, Maestro?
– ¿Acaso temes tú, Sergei amigo, a la vida que tenías antes de nacer?
– Ni siquiera la recuerdo, ¿cómo voy a temerla o a echarla de menos?
– Así es la muerte que tantos temen. Te voy a contar una historia.
– Mucho te gusta contar cuentos, Maestro, y a tus verdaderos discípulos escucharlos.
– ¿Por qué introduces ese matiz de “verdaderos”, joven pícaro? – preguntó sonriendo el Maestro.
– Tú lo sabes, Venerable Señor, y sé que, a veces, te hacen sufrir.
– No soy yo el que llora en su corazón, ¡es mi cuerpo! Y tiene sus derechos, Sergei. ¡Aviados estaríamos si fuéramos insensibles!
– Dime, y perdona mi atrevimiento, Roca Impasible, ¿cómo puedes disfrutar tanto en tu jardín, entusiasmarte con un alcorque bien cuidado o extasiarte ante el baño de los patos, mientras tu corazón ha sido golpeado?
El Maestro sonrió, frunció los labios en un gesto característico y, agarrando a Sergei por el brazo, le dijo:
– Un poderoso monarca tenía un ministro al que respetaba por su sabiduría. Pero un día, mientras el soberano cortaba una fruta, se rebanó el dedo de una mano y gritó lamentándose. Su primer ministro le dijo con gran serenidad, mientras lo atendía: “Será para bien, Majestad”.
El rey se dejó llevar por la cólera y mandó encarcelar al ministro. Éste se inclinó con respeto y dijo en voz baja: “Será para bien”. Pasaron los meses y un ejército enemigo conquistó el reino. El monarca invasor mandó sacrificar al rey vencido, pero los sacerdotes no pudieron hacerlo porque le faltaba un dedo y el ritual sagrado no permitía ofrecer víctimas imperfectas.
– “¡Pues que sacrifiquen al primer ministro!”, ordenó.
– Pero como el ministro estaba en prisión -intervino Sergei-, no pudieron encontrarlo.
– Eso es – prosiguió el Maestro-. Pero sucedió que fuerzas leales, capitaneadas por el hijo del rey, reconquistaron el reino. Entonces, éste se dio cuenta de la sabiduría del ministro que había enviado a prisión y le pidió que volviera a ocupar su puesto. A lo que éste, con toda humildad y decisión, respondió:
– “Es todo tan contingente, Majestad, tan contradictorio e inestable, que he decidido dedicarme a cuidar mi pequeño jardín mientras practico la meditación y la serenidad para vivir en paz y prepararme para el gran viaje”
– ¿Lo has comprendido, verdad, Sergei?
– Bueno, Maestro, estoy algo confuso porque yo, en este caso que te aflige, hubiera invertido los papeles, pero no soy yo quien inventa los cuentos. 
– No, Sergei querido, yo no los invento, tan sólo cuento los que ya existen, y los dejo brotar como el agua que busca su cauce.

José Carlos Gª Fajardo. Prof. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios

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“Nuestra Gorongosa” – Película

Nuestra Gorongosa en PBS

A partir de este mes, HHMI Tangled Bank Studios y la película inspiradora de Gorongosa Media “Our Gorongosa” se pueden ver en las estaciones de televisión públicas de todo el país a través de la Televisión Pública Estadounidense. Consulte los listados locales de su estación de televisión pública para conocer las fechas y horas de transmisión exactas.

“Esperamos que los espectadores de todo Estados Unidos estén tan inspirados como nosotros por las mujeres y niñas que aparecen en esta película”, dice Sean B. Carroll, director de HHMI Tangled Bank Studios. “Estos científicos, conservacionistas, educadores y trabajadores de la salud nos recuerdan que las comunidades – de personas y vida silvestre – son notablemente resilientes y pueden prosperar, si se les da una oportunidad”.

Lea más aquídata:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAAAAACH5BAEKAAEALAAAAAABAAEAAAICTAEAOw==

El Parque Nacional gorongosa en Mozambique se ha convertido en una de las historias de restauración de vida silvestre más celebradas en África.

Después de un cuarto de siglo de guerra civil y agitación política acabó con más del 95% de la población de grandes mamíferos, una década de protección renovada y conservación cuidadosa ha devuelto el parque del borde del abismo.

Pero para que un parque nacional prospere en el mundo de hoy, proteger a los animales es solo la mitad de la batalla. Gorongosa también ha hecho un poderoso compromiso para levantar a las 200.000 personas, y en particular a las niñas y mujeres, que viven cerca del parque. Esta es una nueva visión para la conservación en el siglo 21, donde las personas y los animales deben coexistir, para el beneficio de todos ellos.

En la película, Dominique Gonçalves, un vibrante ecólogo mozambiqueño que dirige el proyecto de ecología de elefantes gorongosa, comparte las innumerables formas en que Gorongosa está redefiniendo la identidad y el propósito de un parque nacional africano. De su propio trabajo mitigando el conflicto humano/elefante; a clubes comunitarios y programas escolares que empoderan a las niñas para evitar el matrimonio y el embarazo adolescentes; a clínicas de salud y capacitación en nutrición para mujeres embarazadas y familias; Dominique lleva a los espectadores en un viaje revelador que transformará su comprensión de lo que puede ser un parque nacional.

El compromiso de las increíbles mujeres que dirigen estos programas, y la resiliencia de las madres y niñas que se están beneficiando de ellos, hacen que sea una historia inspiradora de fuerza y esperanza. Como explica Dominique, solo este círculo virtuoso de conservación cuidadosa y desarrollo comunitario puede garantizar un futuro positivo para los animales, las personas y el planeta.

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Cuentos. Aprender a nadar

Los comensales celebraron el cuento del anciano y el Maestro Tenno dijo:

– Recuerdo aquel cuento del mulá Nasrudín cuanto era joven. Me ayudó mucho en un cierto período de mi formación. Maestro, cuéntanoslo, de nuevo, aunque parezca que nos repetimos.

– No, Tenno, amigo – respondió con dulzura el anciano -, si alguien encontrara que uno solo de los relatos que cuento me lo había inventado yo, lo pondría en cuarentena. Nadie es dueño de estas historias, ni siquiera de las que cree haberse inventado cuando, en este campo, no somos más que meros amanuenses. Es como si Sergei pretendiera inscribirlos en la oficina de patentes. Tal o cual recopilación podría inscribirse en algún registro de una supuesta sociedad general de autores, pero los cuentos en sí son del que los cuenta.

– O como dijo aquella campesina “Las cosas no son de su dueño sino del que las necesita” – apostilló un Sergei que vacilaba de sueño.

– Pues bien, cuando era joven el mulá Nasrudín Hodja, héroe de tantos cuentos populares en Oriente Medio y hasta en la lejana Samarcanda, tenía una barca desvencijada que utilizaba para llevar a la gente al otro lado del río.
Un día, su pasajero de turno, un profesor muy quisquilloso, decidió, mientras cruzaban, hacerle una prueba al mulá para ver cuánto sabía.
– “Dime, Nasrudín, ¿cuánto es ocho veces seis?
– “No tengo idea – respondió el mulá.
– “¿Cómo escribes “magnificencia”?
– “No lo hago – respondió Nasrudín.
– “¿No estudiaste nada en la escuela?
– “No – respondió el Maestro.
– “En ese caso, la mitad de tu vida está perdida.
– “Justo entonces, se desató una tormenta feroz (vaya usted a saber si Nasrudín tuvo algo que ver o si los Cielos quisieron echarle una mano), y el bote comenzó a hundirse.
– “Profesor – dijo Nasrudín -, ¿alguna vez aprendiste a nadar?
– “No – le respondió.
– “En ese caso, tu vida entera está perdida.

–  En los estudios con los que llenemos nuestra cabeza de conceptos en lugar de ayudarnos a tenerla bien estructurada, ocho veces seis todavía suman 48, con independencia de dónde vivamos. Pero el concepto de magnificencia puede cambiar si sabemos que, en 1520, cuando los españoles llegaron a Tenochtitlán, Ciudad de México, ésta era diez veces más grande que cualquier ciudad europea.
Ignorar a la otra mitad de la humanidad (las mujeres, los pueblos indígenas, los hambrientos, los que no tienen acceso a la cultura, menospreciar a quienes ni siquiera saben que son personas) no presta la ayuda necesaria para aprender a nadar en las aguas turbulentas de nuestro siglo.

Al llegar a ese final, el rostro de Sergei reposaba sobre sus brazos apoyados en la mesa. Todos sonrieron enternecidos mientras el noble Ting Chang lo levantaba en sus poderosos brazos y lo depositaba sobre la piel de gacela que cubría su yacija. Le echó un cobertor por encima y, en ese momento, el reflejo de la luna llena iluminó el rostro del rapaz, mientras el médico comprendía el mensaje. Cuando regresó junto a los maestros se dio cuenta de que ellos también lo habían comprendido y sonreían complacidos mientras ordenaban sus túnicas y permitían al silencio que se adueñase de este “lado del río”.

José Carlos Gª Fajardo. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios

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Cuentos. 083 Aprender a nadar

Los comensales celebraron el cuento del anciano y el Maestro Tenno dijo:

– Recuerdo aquel cuento del mulá Nasrudín cuanto era joven. Me ayudó mucho en un cierto período de mi formación. Maestro, cuéntanoslo, de nuevo, aunque parezca que nos repetimos.

– No, Tenno, amigo – respondió con dulzura el anciano -, si alguien encontrara que uno solo de los relatos que cuento me lo había inventado yo, lo pondría en cuarentena. Nadie es dueño de estas historias, ni siquiera de las que cree haberse inventado cuando, en este campo, no somos más que meros amanuenses. Es como si Sergei pretendiera inscribirlos en la oficina de patentes. Tal o cual recopilación podría inscribirse en algún registro de una supuesta sociedad general de autores, pero los cuentos en sí son del que los cuenta.

– O como dijo aquella campesina “Las cosas no son de su dueño sino del que las necesita” – apostilló un Sergei que vacilaba de sueño.

– Pues bien, cuando era joven el mulá Nasrudín Hodja, héroe de tantos cuentos populares en Oriente Medio y hasta en la lejana Samarcanda, tenía una barca desvencijada que utilizaba para llevar a la gente al otro lado del río.
Un día, su pasajero de turno, un profesor muy quisquilloso, decidió, mientras cruzaban, hacerle una prueba al mulá para ver cuánto sabía.
– “Dime, Nasrudín, ¿cuánto es ocho veces seis?
– “No tengo idea – respondió el mulá.
– “¿Cómo escribes “magnificencia”?
– “No lo hago – respondió Nasrudín.
– “¿No estudiaste nada en la escuela?
– “No – respondió el Maestro.
– “En ese caso, la mitad de tu vida está perdida.
– “Justo entonces, se desató una tormenta feroz (vaya usted a saber si Nasrudín tuvo algo que ver o si los Cielos quisieron echarle una mano), y el bote comenzó a hundirse.
– “Profesor – dijo Nasrudín -, ¿alguna vez aprendiste a nadar?
– “No – le respondió.
– “En ese caso, tu vida entera está perdida.

–  En los estudios con los que llenemos nuestra cabeza de conceptos en lugar de ayudarnos a tenerla bien estructurada, ocho veces seis todavía suman 48, con independencia de dónde vivamos. Pero el concepto de magnificencia puede cambiar si sabemos que, en 1520, cuando los españoles llegaron a Tenochtitlán, Ciudad de México, ésta era diez veces más grande que cualquier ciudad europea.
Ignorar a la otra mitad de la humanidad (las mujeres, los pueblos indígenas, los hambrientos, los que no tienen acceso a la cultura, menospreciar a quienes ni siquiera saben que son personas) no presta la ayuda necesaria para aprender a nadar en las aguas turbulentas de nuestro siglo.

Al llegar a ese final, el rostro de Sergei reposaba sobre sus brazos apoyados en la mesa. Todos sonrieron enternecidos mientras el noble Ting Chang lo levantaba en sus poderosos brazos y lo depositaba sobre la piel de gacela que cubría su yacija. Le echó un cobertor por encima y, en ese momento, el reflejo de la luna llena iluminó el rostro del rapaz, mientras el médico comprendía el mensaje. Cuando regresó junto a los maestros se dio cuenta de que ellos también lo habían comprendido y sonreían complacidos mientras ordenaban sus túnicas y permitían al silencio que se adueñase de este “lado del río”.

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081 Carcajada

La vida transcurría plácida pero intensamente para todos. Durante el día, el Barrendero de Esmeraldas hacía su labor en el monasterio, cuidaba la limpieza del claustro y atendía a las necesidades del jardín que en esa época del año no eran muchas, más allá de recoger las hojas caídas de los árboles y amontonarlas para preparar el mantillo. Vivía envuelto en una sinfonía de colores amarillos y tostados, de apagados verdes y de oros viejos. Por donde él pasaba permanecía un suave rumor de regreso al origen.
El Maestro Tenno dedicaba gran parte de su tiempo a pintar sobre sedas, como si tuviera la responsabilidad de inmortalizar las fases de un tiempo que no existía más que en la mente de los hombres.
El Noble Ting Chang pasaba muchas horas con el Maestro ejercitándose en el arte de conocerse a sí mismo para poder dirigir a los hombres. Todo en las cabañas estaba impregnado por el orden sutil y profundo de la sabiduría de Confucio. Pero durante las noches, la vida más intensa y armoniosa se desplegaba al otro lado del río.
Sergei andaba muy ocupado, pero algo triste porque intuía que no participaba de algo grandioso que se le escapaba, a pesar de las continuas atenciones que todos le prodigaban.
– Maestro – le dijo un día mientras le preparaba el té como a él le gustaba -, ¿qué será de nosotros mañana? 
– El mañana no existe, Sergei. Es sólo una hipótesis. Igual que el ayer sólo es memoria. Lo que cuenta es el instante presente.
– Sí, Maestro, pero vosotros cuatro parece que vivís mil vidas a la vez. Todo está lleno de energía y es como si hasta las plantas participaran de vuestra danza.
– Tú lo has dicho. Esa es la imagen de la que se sirven los sabios hindúes para describir la relación del Creador con su Creación: Él es el bailarín y la Creación es su danza. No se confunden, pero no se puede concebir el uno sin la otra. 
– ¿Qué hacer?
– Se trata de pensar menos, de reflexionar menos y de hablar menos para poder contemplar el pájaro, una piedra, la hoja marchita. Mirar, escuchar, oler, tocar y saborear la experiencia sin darle más vueltas.
– Siento como si me ocultarais algo.
– Un discípulo se quejaba a su Maestro de lo mismo que tú. “Me ocultas el último secreto del Zen”, le decía. Un día, el Maestro se lo llevó con él de paseo por el monte. El discípulo iba feliz. De repente, oyeron cantar a un pájaro. “¿Has oído el canto de ese pájaro?”, le preguntó el Maestro. “Sí”, respondió el discípulo. “Ya ves que no te he estado ocultando nada”.
– Pero yo he oído cantar a miles de pájaros, Maestro, y nunca me ha pasado nada.
– Porque siempre esperas algo. Cuando mires un árbol o el fluir del agua o una hoja seca sobre el suelo, y veas un milagro, entonces habrás visto un árbol, el agua y un milagro de la naturaleza.
– Sí, como tú dices, Maestro, “e pois, mais nada“.
Y el Maestro se rió con una sonora carcajada que se extendió por el valle, ascendió a los montes y se hizo cielo.

José Carlos Gª Fajardo. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios

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Cuentos 082 Enviar té y arroz

Lo curioso era que Sergei se había creído que los Maestros y Ting Chang, en verdad, vadeaban el río cada noche para pasarla “al otro lado”. Ellos sonreían cuando veían al médico echar un poco de lorazepán en su taza de té… mientras iba a llevar los cuencos de la cena. Lo creía porque creía que lo creía. Era como la definición del mito que el anciano Maestro les había dado un día a los monjes pero que muy pocos habían captado. El caso es que, mientras el té “especiado” hacía su efecto el anciano les contó esto:

– Un joven discípulo, llamado Lung Tan, visitó al Maestro Chan, Tao Wu.
”- Maestro – le dijo postrándose -, en el lugar de donde vengo nunca pensé que fueras tú quien dirigía mi formación animando mis aspiraciones, en lugar de ser yo. ¡Es tanta la distancia y tan pocas las ocasiones que tengo de venir a presentarte mis respetos!
”- Donde quiera que estés no hay un solo momento en el que yo no te lleve en mis brazos, cerca de mi corazón.
”- No entiendo, le respondió el discípulo Lung Tan. Yo soy responsable de mis acciones.
”- Cuando me envías tu té, lo recibo; cuando me traes tu arroz, lo acepto y cuando te inclinas saludándome, respondo con una inclinación de cabeza. ¿Crees que yo no formo parte de tus aspiraciones allí donde estés? ¿Qué no te siento en mis pulsos, en el estremecimiento de la piel cuando sopla la brisa?
”Lung Tan guardó silencio reflexionando. Él había seguido siempre las palabras del Maestro: no se retiró a ningún templo y siguió el Camino a través de la vida cotidiana, al vestirse, al comer, al estar de pie o al pasearse. Creyó en las palabras del Maestro cuando le confió que el Camino no puede encontrarse fuera del mundo ordinario. “Cuando exprimir naranjas, exprimir naranjas; cuando llueve, te mojas o te resguardas. No hay más”. Pero en su cabeza seguía debatiendo acerca de la Iluminación. Entonces, Tao Wu, viendo su confusión y la sinceridad de su búsqueda, le dijo:
”- Quienes se realizan, cuando despiertan, no tienen la menor duda de si están despiertos o no. Continúan respirando y van al baño”.
Tras oír esto, el joven Lung Tan alcanzó la Iluminación instantánea, no preocupándose por los celajes de la placenta.
”- Y ahora, ¿qué debo hacer para ser coherente con este estado?
”- No cuesta nada hacerlo – respondió con una gran sonrisa el Maestro-. Sigue la naturaleza de tu verdadero yo. Adáptate a las circunstancias, ellas son las mensajeras del Cielo, y no te preocupes por sus efectos. Actúa con sencillez sin preocuparte de analizar si tus acciones son sabias o ignorantes. ¿Qué más da? Deja obrar al corazón y limpia tu mente. Eso es todo.
”- Y ahora, Maestro, ¿cómo podré regresar al lugar de dónde vengo? – dijo el joven Lung Tan, postrándose ante el Maestro con un brillo en sus ojos.
”- Vuelve a casa, y no dejes de enviar té y arroz para contento de este anciano. ¡Ah! Casi se me olvidaba, en los tiempos de ocio no dejes de viajar por los Cuatro Mares como una nube flotante”.  

José Carlos Gª Fajardo. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios.

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Cuentos 080 Una piedra en el camino

080 Una piedra en el camino

Mientras el Noble doctor se había acercado con el Maestro Tenno a reparar algo en el otro lado del río, en donde practicaban durante la noche, llegó el Maestro Barrendero de Esmeraldas para traerle unas setas al Maestro. Sergei lo atendió con esmero y lo acomodó mientras preparaba el té ya que el Maestro estaba terminando de transcribir algunos textos de las enseñanzas que cada día le explicaba a Ting Chang.
– ¡No te molestes, joven Sergei! No quisiera molestar al Maestro, pero sé que le gustan mucho este tipo de setas.
– Me acaba de decir que te ruegue que lo esperes pues no quisiera dejar sin concluir un capítulo. Pero ya viene a tomar el té contigo, Venerable Señor.
– No me llames así, yo no soy más que el barrendero de los monjes. Si me descubrieran, adiós tranquilidad y sosiego.
– Si no es mucha la descortesía me gustaría preguntarte por qué te llama nuestro Maestro el Barrendero de Esmeraldas.
– Son bromas suyas que no tienen mayor importancia – respondió sonriendo -.
En ese momento, llegó el Maestro que saludó con gran respeto y contentó a su huésped y ambos se sentaron para saborear el rico té especiado.
– Sergei, no se trata de una broma. Yo te voy a contar la historia. Hace ya muchos años, nuestro huésped era instructor de artes marciales en el Ejército Rojo de Mao hasta que un día vio el universo en una gota de agua que se posó en el filo de su espada. Se retiró al templo de Saolín y buscó completar su despertar compartiendo con los monjes el dominio de sus técnicas. Pero un día salió a barrer en la entrada del templo y con la escoba apartó una piedra verde de inmensa belleza. El prior del monasterio le increpó diciendo “Pero ¿no te das cuenta de que se trata de una piedra preciosa de valor inmenso?” El barrendero alzó los hombros, no respondió nada y siguió barriendo. Pero el prior le metió la piedra en el bolsillo para que no olvidase que la contemplación no está reñida con el conocimiento del valor de las cosas.
– Maestro, perdona mi ignorancia, pero en el plano en el que se movía el barrendero ¿qué significaba valor y qué importancia tenía si lo confundía con precio?
– Así es, pero los priores y aún los Abades, a veces, son algo extravagantes. El caso es que, cuando nuestro amigo caminaba hacia un retiro en la montaña, llegó un aldeano corriendo hasta él y le dijo muy excitado “¡La joya! Dame la joya que llevas” “¿Pero qué joya me estás pidiendo, buen hombre?” “Es que durante la noche he tenido un sueño y un espíritu bueno me dijo: ‘Vete al camino y encontrarás a un monje caminando que te entregará una piedra preciosa’ “¡Ah! Le respondió el barrendero del monasterio. ¿Te refieres a esta piedra verde? Pues tómala si te apetece”. Y sin más, continuó su camino.
– ¿Entonces?
– Entonces, el aldeano se la llevó a su casa y se pasó la noche sin poder dormir, contemplando aquella esmeralda y planeando todo lo que podría hacer con el dinero que le darían por ella.
– La codicia.
– No, la ignorancia. El caso es que pasó así una semana sin poder dormir y decidió liberarse de esa losa corriendo a caballo detrás del monje para devolvérsela.
– Mal negocio hizo.
– No te adelantes, Sergei. No te adelantes. Cuando alcanzó a nuestro amigo le devolvió la esmeralda y se postró a sus pies diciendo: “¡Dame la sabiduría que te permite desprenderte con tanta sencillez de semejante riqueza!”
– Guau. ¿Y qué fue del aldeano?
– Eso, otro día, Sergei, otro día te lo contará el Barrendero si tiene ganas. Ahora vamos a saborear el té y déjanos un rato en paz.

José Carlos Gª Fajardo. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios

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Saber envejecer. Prevenid la dependencia. Hombres

Hombres. Saber envejecer. Prevenir la dependencia.

 Aún queda mucho por hacer. Eres capaz, merece la pena. Con el paso de los años, en los hombres, se producen cambios físicos, psicológicos y sociales. Nos interesa comprenderlos para adaptarnos y tener NUESTRO PROPIO PROYECTO DE VIDA.

Deja a un lado lo que los demás esperan de ti a tu edad. Que no te impida reconocer cómo es tu nueva situación y la de los que te rodean. La experiencia de envejecer tiene muchas VENTAJAS que hay que saber reconocer y aprovechar.

 A continuación te proponemos ideas sobre:
1 Recuperar aficiones olvidadas
2 ¡Ponte en marcha!
3 En casa… tareas nuevas
4 Tiempo de descubrir placeres
5  Cuidar de mí, cuidar de ellos
6 El valor de tu experiencia

 Recuperar aficiones olvidadas

 “¡Ah!…. ¡El día que no tenga que sonar el despertador!”. ¿Qué es lo que DESEABAS HACER cuando tu tiempo lo llenaban las obligaciones del trabajo?. Ahora es un buen momento para hacer memoria, cosas que queríamos aprender, actividades que nos atraían y que no podíamos hacer por falta de tiempo.

Es un buen momento para reencontrar lo que en otro tiempo deseábamos hacer y también para descubrir nuevos intereses.
1 ¡Ponte en marcha!
No dejes que lo que se espera de ti a tu edad te aparte de lo que te apetece hacer. Pregunta. Busca información. HABLA CON LA GENTE y pide consejo. Descubrirás que hay más posibilidades de las que creías. No te extrañes si en algún momento te sientes lleno de dudas sobre tus capacidades para hacer una actividad, o sobre las reacciones de los que te rodean.
Márcate tu propio ritmo. El tiempo libre también necesita ORGANIZACIÓN. Procura establecer tu ruta; placentera, pero firme.

 2  En casa… tareas nuevas Si siempre has estado más fuera de casa que dentro de ella, es posible que no te des cuenta de lo importante que es el trabajo de casa en el buen funcionamiento de una familia. Y mucho de lo que has aprendido en tu vida laboral se puede

APLICAR en casa. Organización, habilidad y muchas veces destrezas, no son necesarias en el hogar. Es el momento de hacer de tu casa un lugar COMPARTIDO en todos, los sentidos: Concéntrate en una tarea, para empezar, y procura hacerla cada día mejor. Verás qué gratificante.
Fuera clichés como: “eso es cosa de mujeres” o “eso no es cosa de hombres”.
Habla con tu pareja y haced un nuevo reparto de tareas o mejor, PROBAD a hacer algunas JUNTOS: comprar, cocinar, planear pequeñas reformas…

 3  Tiempo de descubrir placeres. Con el paso de los años la rutina puede instalarse en la vida de la pareja. Ahora tienes ventajas para VENTILAR LA RUTINA: tienes tiempo libre y estás descansado. En las relaciones sexuales podemos ser creativos a cualquier edad. En las parejas, la creatividad es cosa de dos. No sirve que uno sea inventor y el otro espectador.

Hombres y mujeres envejecemos de manera diferente.
HABLAR de lo que nos gusta y de lo que no. Comprender que tu pareja tiene su ritmo y expresar cómo te sientes tú os permitirá disfrutar igual o más que antes.
Recuperar las siestas o alargar las mañanas. Tiempo sólo para nosotros, para ser creativos, para probar y descubrir NUEVOS PLACERES juntos.
Fuera clichés como: “con mi edad, vale más que me olvide”. El poder de SEDUCCIÓN con los años, si se cultiva, va a más…

 4  Cuidar de mí, cuidar de ellos

Cuidar de los demás es una experiencia que puede resultar muy gratificante. Ahora tienes tiempo para cuidar a tus nietos, ayudar a tu familia o a otras personas que aprecias. Haciéndolo TE PUEDES SENTIR ÚTIL y MUY A GUSTO.

Piensa cómo quieres organizar tu vida. No se trata de llenar las horas de cualquier manera o de que los hijos te organicen tu vida. Habla con ellos y establece cuál es tu disponibilidad.

APROVECHA bien el TIEMPO que pasas con tus nietos. Ellos pueden enseñarte muchas cosas y tú, a ellos, también. Habla con tus amigos sobre lo que hacen ellos y sus nietos.
Organizar excursiones, visitar museos, ir al cine… Elabora una lista de todo lo que queréis y podéis HACER JUNTOS.
Ofrecer momentos agradables también es cuidar de los demás.
SORPRENDE a tu pareja con algo que os guste: Una cena, salir a bailar, un pequeño viaje…

 5 El valor de tu experiencia

 No olvides que todo lo que has aprendido a lo largo de tus años de profesión, no sólo es experiencia laboral, es EXPERIENCIA DE VIDA, y lo puedes aplicar en otras actividades diferentes. Anímate. Aunque nadie te lo pida, busca dónde SEGUIR DESARROLLÁNDOTE y aportar. Indaga en tu entorno, ayuntamiento y centros culturales sobre actividades organizadas o asociaciones de tu interés. Valora todo lo que has aprendido con los años, tu experiencia puede ser útil para hacer cosas que mejoren la calidad de vidaen tu vecindario. Háblalo con tus amigos.

Atrévete con actividades nuevas. Seguro que descubres nuevas CAPACIDADES EN TI que ni si quiera imaginabas.

 Convéncete. Eres capaz de hacerlo

José Carlos Gª Fajardo. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios.Responder a todosResponder al autorReenviar

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Cuentos del camino. 079 Celebraciones

079 Celebraciones

Estaban preparando la cena para los cuatro y el Maestro le dijo a Sergei que esa noche los acompañaría el Maestro Barredor de Esmeraldas. El discípulo, lleno de entusiasmo por poder ver al Barredor de cerca, le dijo: 
– ¿Me voy zumbando a pedir unos platos nuevos al Ecónomo del Monasterio!” 
– ¿Por qué? – le respondió con suavidad el Maestro.
– Es que hoy es día de fiesta. Desde que ese santo barrendero llegó al Monasterio es como si todo se hubiera transformado.
– Recuerda, Sergei, que como parecía analfabeto no querían admitirlo porque no podría estudiar las Escrituras. Por su insistencia, le dieron una escoba para barrer los claustros.
– ¡Pero es que se trataba de un auténtico Maestro y ahora ya todos los sabemos!
– ¿Cambia algo esto?
– Bueno, Luz Clara de Otoño, tú mismo me dices que hay que saber celebrar los acontecimientos como si fueran únicos en nuestras vidas.
– Exacto, liebre de las estepas. Pero lo que tú consideras acontecimientos me recuerda que, en octubre de 1917, cuando estaba en su apogeo la Revolución Rusa y el mundo entero iba a sufrir una enorme convulsión, el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rusa estuvo varios días reunido para discutir si la sobrepelliz que se utilizaba en las funciones litúrgicas debería de seguir siendo blanco o convendría que fuera de otro color. Unos decían que negro para los funerales, otros que rojo para conmemorar a un mártir, otros que azul para las festividades de la Virgen y aún algunos sostenían que convendría cambiar el color blanco tradicional por el morado para las festividades de la Semana Santa. 
– ¿No tenían otra cosa mejor que hacer en esos momentos que cambiaron la historia?
– Al parecer, no. Anda y coloca nuestros cuencos de barro para la polenta.

José Carlos Gª Fajardo. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios

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