Al que y el que se alimenta

alumno

Se puede decir que un alumno es ‘alguien que se está alimentando de conocimientos’, y ese es, precisamente, el significado etimológico de la palabra. En efecto, en latín, alumnus era un antiguo participio pasivo del verbo alere, que significaba ‘alimentar’.

Tácito llamó alumnus legionem a los jóvenes que se habían criado en las legiones y alumnus fluminis a los que habitaban en la margen de un río, o sea, se alimentaban del río. Cicerón, un siglo antes de Tácito, llamaba alumnus disciplinae meae a los ‘alumnos de su doctrina’, a sus discípulos. Y el poeta Prudencio usaba alumnus grex ‘rebaño de alumnos’ para designar a un grupo de estudiantesEn castellano, la palabra se empleó siempre con su significado actual de ‘discípulo’.

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Saber pasar por alto

El arte de ser sabio es el arte de saber qué pasar por alto.

William James, psicólogo estadounidense

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Qué falta nos hace Betinho

El día 9 de agosto hubo varias celebraciones por los 20 años de la muerte del sociólogo y activista social Herbert de Souza, conocido como Betinho. Una fue la de la UFRJ/Coppe en la Isla del Fundão conjuntamente con la Coep (Comité de Entidades por el Combate al hambre y por la Vida). Estaba presente su compañera de vida, María Nakano, además de muchos profesores y alumnos. En el Jardín de la Ciudadanía fue descubierta una placa de homenaje y se plantaron dos arbolitos de Manacá, el árbol preferido de Betinho. Hablaron varias personas, una de ellas yo mismo, y voy a resumir aquí lo que dije.

Hay muertos que recordamos con cariño y hay también muertos a los que celebramos con júbilo. Estos no están ausentes, son solamente invisibles. Es el caso de Betinho. En sus propias palabras, su vida fue una sucesión infinita de suertes: hemofílico, sobrevivió a la tuberculosis y finalmente se enfrentó valientemente al sida. Militó en la izquierda católica contra la dictadura militar, vivió exiliado en Chile, Canadá y México. Regresó en 1997 a Brasil y fue recibido por una multitud, reconocido como el hermano de Henfil, genial cartonista. Almir Blanc y João Bosco inmortalizaron a Betinho con la canción siempre cantada “Esperanza Equilibrista” sobre “la vuelta del hermano de Henfil”.

Betinho fue un hombre de grandes sueños y de no menores realizaciones: la Acción de la Ciudadanía contra el Hambre, la Miseria y por la Vida, la Coep en colaboración con el ingeniero de Furnas André Spitz, con el Coppe (Luiz Pinguelli Rosa) y el Coep ayudó a formar el Comité de Entidades Públicas en Combate al Hambre, Comités de Ciudadanía por todo Brasil, Navidad sin hambre, ABIA para el estudio del sida, entre otras. Entre 1993 y 2005 Acción de la Ciudadanía distribuyó 30.351 toneladas de alimentos, beneficiando a cerca de 3 millones de familias.

Su prioridad absoluta, verdadera obsesión humanitaria, era combatir el hambre. A los que le criticaban cierto asistencialismo solía responder que “el hambre tiene prisa”, no permite esperar la gran revolución. Con razón decía Gandhi que el hambre es “la forma de violencia más asesina que existe”. Es lo que Betinho quería evitar a toda costa. Dar de comer nunca puede ser un gesto solamente asistencialista, sino de humanismo en grado cero. Juntos repetíamos con frecuencia: “este pan que tengo en mis manos es material; pero el pan que entrego al hambriento es también espiritual, pues va cargado de amor, de compasión, de humanidad y salva la vida”.

Al regresar al país, optó por la sociedad civil y no por los partidos y la participación en el Estado. En la sociedad civil veía la presencia de un potencial de solidaridad y de creatividad que podía ser movilizado en favor de las grandes causas nacionales: reclamar ética en la política, reconstruir la democracia por la base, participativa y popular, la urgencia de la reforma agraria en tierras del campo y de la ciudad, combatir el hambre, incentivar la educación en la línea de Paulo Freire, introducir por primera vez internet en Brasil.

Betinho era un indignado contra la antirrealidad brasilera de los millones de marginalizados, castigados con el hambre y las enfermedades del hambre. Pero no era un resignado. Enseguida ideaba proyectos para ponerlos en práctica, siempre con un sentido de trabajo colectivo y solidario.

Si viviese hoy con el desorden social provocado por el infame golpe parlamentario, jurídico y mediático, detrás del cual se esconden las clases oligárquicas, que Darcy Ribeiro consideraba las más insensibles y reaccionarias del mundo, algo que viene siendo repetido por Jessé de Souza, Betinho estaría seguramente en la calle movilizando al pueblo, los movimientos, a los que todavía creen en Brasil, para defender nuestra frágil democracia y salvar los derechos sustraídos a los trabajadores y a los futuros jubilados, defender las tierras indígenas e impedir la venta de tierras nacionales a extranjeros.

Los escándalos de la corrupción millonaria, que alcanzan a la mayoría de los partidos y a las grandes empresas, lo llevarían seguramente a retomar con vigor el tema sobre el cual tanto se debatía: la ética en la política y la transparencia en todas las cosas. Qué falta nos hace Betinho, huérfanos de líderes confiables. El odio que atraviesa nuestro tejido social le sería incomprensible, él que predicaba el amor a los más invisibles, a los cuales entregó la poca vida que tenía.

Si alguien quiere saber lo que es espíritu debe mirar aquel cuerpo consumido y debilitado que, sin embargo, irradiaba vida, valor, esperanza y sentido de humanidad con todos. Era espíritu puro en su mejor expresión de inteligencia, creatividad, sueño, compasión.

Nos dejó el desafío de “recrear Brasil y de refundar la nación” a partir del pueblo cuya solidaridad y alegría de vivir admiraba y de la cual se dejaba embargar. Repetía: sin sueño y sin esperanza no hay vida ni futuro. Betinho es una figura de la que Brasil y la humanidad pueden enorgullecerse. Era y es un Justo entre las naciones, especialmente, entre los pobres. Su inspiración nos hará salir enriquecidos de la crisis actual.

Leo Boff

 

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Los inmigrantes tienen que integrarse en la comunidad mundial

Jueves 10 de agosto de 2017

Solía decir en mis clases que los inmigrantes son personas muy educadas que nos devuelven las visitas que los europeos les hicimos durante quinientos años. El camino ya lo conocen: les basta con rehacer el de los conquistadores, evangelizadores y colonizadores que ocuparon y explotaron sus tierras, los desarraigaron de sus tradiciones y creencias y los sometieron bajo el mito de las tres Ces que invocara el rey Leopoldo II de Bélgica y que hizo suya la Conferencia de Berlín de 1885: “Civilización, Cristianización y Comercio”. Pero la inmigración es un fenómeno sociológico que ejercita un derecho fundamental, pues “las cosas no son de su dueño sino del que las necesita”, como me enseñó una campesina del Chocó, en Colombia. Que necesite ser regulada por los países de acogida y por los de partida, no concede a nadie patente de corso ni prepotencia ni conmiseración o abuso.

Cuenta Eduardo Galeano en Patas arriba, La escuela del mundo al revés, que “Alicia, después de visitar el país de las maravillas, se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana”, o a la pantalla del televisor. En el Norte sociológico, lo políticamente correcto es el pensamiento único que afirma que el mercado es el que gobierna y el Gobierno quien administra lo que dicta el mercado. Es la apoteosis de la revolución conservadora de los años ochenta en amalgama con un liberalismo rampante que postula el máximo beneficio económico, a cualquier precio material o humano. Son las tesis del capitalismo salvaje elevado a la categoría de modelo de desarrollo cuyos frutos son: menos de treinta países enriquecidos a costa de más de ciento cincuenta pueblos empobrecidos, muchos de los cuales son los financiadores natos del desarrollo económico del Norte. Las cifras cantan: desde la década de los ochenta, los flujos de capital del Sur al Norte son tres veces superiores a las cada vez más inexistentes inversiones que, en un 80%, se hacen de los países del Norte entre ellos mismos. Es preciso terminar con el espejismo contrario.

La globalización nos ofrece estas tendencias: expansión de una sociedad de la información, mundialización de los cambios económicos, crecimiento de las redes financieras internacionales, aparición de nuevos países industrializados y la hegemonía económica y militar de Estados Unidos. Para Carlos Taibo, la globalización es que no alcanza a la movilidad de la fuerza de trabajo, circunstancias que no deja de tener efectos paradójicos y cita a Susan George: “la globalización económica desnacionaliza la economía nacional. En cambio, la inmigración renacionaliza la política. Existe un consenso creciente para levantar los controles fronterizos que pesan sobre el flujo de capitales, la información, los servicios y todo aquellos que implique una mayor globalización. Pero cuando se trata de inmigrantes y refugiados, tanto en EEUU como en la E U o Japón, el Estado reclama todo su antiguo esplendor afirmando su derecho soberano a controlar sus fronteras”.

Se viaja al extranjero por gusto, por ampliar estudios o por conocer tierras y personas nuevas. Pero se emigra por necesidad económica, problemas sociales o persecución política. También por causa de reagrupación familiar e incluso por deseo de aventura vital. Hace cincuenta años, ni los africanos ni los latinoamericanos emigraban en la proporción actual. Emigrábamos los europeos meridionales: españoles, portugueses, italianos y griegos; también los irlandeses. Esto tiene que ver con la globalización de la economía y las nuevas relaciones de fuerzas sociales.

El que emigra tiene una sensación de ruptura y la integración puede suponer un desarraigo. La sociedad de destino se considera una sociedad de llegada más que una sociedad de acogida, mientras que se descubre que el Norte es una sociedad de consumo más que del bienestar soñado que nos habían presentado a través de los medios. Finalmente, el retorno se convierte en un mito pues tiene que ver más con el momento que con el lugar: no se puede regresar con las manos vacías pues somos la esperanza soñada de la gran familia que nos envió, nos sostiene y nos aguarda.

Dentro de la UE, donde sí existe la libre circulación de la mano de obra, únicamente un 2% de la población laboral ha trabajado en un país de la UE distinto del suyo, a pesar de que en el último tercio del siglo XX se ha multiplicado por dos el número de emigrantes en el planeta. Si era de 74 millones de personas en 1965, en la actualidad se estima en torno a los 150 millones con las fronteras meridionales de EEUU y la UE. La más temible de las amenazas para la especie humana es la explosión demográfica. La Cumbre sobre Población y Desarrollo, celebrada en El Cairo en 1994, subrayó que el aumento de la educación de las niñas y las mujeres produce un descenso de los índices de fertilidad y una reducción de las tasas de mortalidad y morbilidad. Está demostrado que en los países industrializados en donde la mujer tiene acceso a la educación y a los puestos de responsabilidad que les corresponde, la curva demográfica ha descendido hasta extremos tan peligrosos que hacen imprescindible el auxilio de los inmigrantes para garantizar el pago de las pensiones mediante sus cotizaciones a la Seguridad social.

Al tiempo que cubren un enorme número de empleos para los que no hay mano de obra entre los naturales de esos países y garantizan el desarrollo social y económico.
La psicosis de invasión de emigrantes que esgrimen ciertos políticos retrógrados es insensata y suicida pues pone en peligro el crecimiento económico y el mismo desarrollo social de un país que durante siglos se apoyó en la emigración a Latinoamérica y durante décadas España envió millones de ciudadanos a diversos países de Europa en casi idénticas condiciones a las de los inmigrantes que hoy tanto les asustan. No tiene fundamento el impacto negativo que se atribuye a los trabajadores extranjeros sobre el paro y la productividad.

Cualquier política de inmigración fracasará si se limita a trabajar sobre las condiciones de destino y no aborda lo que ocurre en el origen. Los países europeos, tierra de emigrantes, tienen que reconocer el derecho natural a la emigración y favorecer la legislación más generosa para convertirnos en tierra de asilo, como simple reciprocidad en la acogida de quienes un día recibieron a decenas de millones de europeos. Es posible favorecer esa integración sin absorción alguna, sino respetando y pactando el futuro para hacer viable justo el presente. No vaya a alcanzarnos la maldición que Albert Camus cita en La Peste “Los despreciaba, porque pudiendo tanto se atrevieron a tan poco”.

Porque los signos de los tiempos nos muestran un planeta cada vez más globalizado, es preciso desarrollar políticas de justicia social y de solidaridad que reconozcan que todos los pueblos están entrañablemente relacionados y que la paz o es fruto de la justicia o es silencio de cementerios de las víctimas de un crecimiento injusto y desproporcionado.

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Por la justicia y por la Tierra

Vivir, no ser torturado, no ser juzgado salvo en juicio justo, poder expresarse libremente, participar de algún modo en el gobierno del propio país, llevar una vida digna, ser atendida la salud, tener derecho a aprender y saber…, sencillamente porque somos personas, no es algo que se pueda elegir o dejar de lado, como ir o no a ver una obra de teatro. Y tampoco es una elección baladí, como elegir color para pintar una casa o el lugar de vacaciones, optar por la justicia, por la búsqueda de la verdad y por situarse frente a quienes están y actúan contra los seres humanos, contra la vida.

Gritar contra la indignidad de la tortura, llamar a las cosas por su nombre, señalar a quien quebranta la ley y rompe los más elementales principios de la vida en humanidad se ha convertido en nuestros días en exigencia ética imprescindible. Quienes disponen de la palabra la han de usar con fuerza, la han de arrojar necesariamente contra los enemigos de la justicia y de la libertad, porque no es tiempo de frivolidades y sí de crisis profunda e intensa, de vergonzosos retrocesos de tantos pasos logrados hacia delante y de esperanza para ir de nuevo hacia delante.

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Imposible, posible… depende

El verdadero valor consiste en prever todos los peligros  posibles, y cuando llegan los “imposibles”, saber hacerles frente con toda la confianza en ti mismo. para que siempre pueda decirse: lo hizo porque no sabia que no sabían que eran “imposibles”.

Gª Fajardo

 

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Recuerdo de Javi Garrido. Adiós a un amigo

Un hombre que cultiva un jardín es grande; pero inconmensurable si enseña a reforestar y a cultivar a los demás

Red de Huertos Urbanos de Madrid

estiercolbuena

Esta mañana nos hemos enterado del fallecimiento de Javier Garrido, impulsor de la red de Huertos comunitarios de Madrid desde sus inicios. Y queríamos en estos duros momentos compartir unas palabras de recuerdo… Pues cuando las personas estamos tristes nos juntamos, física o virtualmente, para contarnos historias y actualizar anécdotas de aquellos a quienes hemos perdido.

Javi era profesor de sociología en la universidad Complutense, donde siempre destacó por entender la academia como un espacio abierto a la sociedad. Un lugar donde se producía y se reproducía el conocimiento y que por tanto debe estar al servicio de la gente. Y por tanto se esforzaba por conectarla con los movimientos sociales.

La existencia del huerto de sabía bruta en el campus de Somosaguas es fruto de su tozudez, de su empeño por cultivar un espacio donde se relacionaran alumnado, profesorado y personal laboral en pie de igualdad. El huerto era…

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